El presidente de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, ha protagonizado una intervención memorable durante la celebración del XXV aniversario de esta institución fiscalizadora. Lo que comenzó como un discurso institucional sobre la importancia del control del gasto público derivó rápidamente en una serie de declaraciones políticas de alto voltaje, dirigidas directamente contra la cúpula del Gobierno y, muy especialmente, contra el presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez.
Durante su alocución, Leguina no dudó en mezclar la defensa de la independencia de los órganos de control con duras críticas a la forma en que se están gestionando los nombramientos en la Administración pública. Su intervención ha generado un intenso debate sobre la calidad democrática y el respeto a los principios constitucionales que deberían regir la selección de altos cargos.
## Crítica a los criterios de selección
Uno de los momentos más controvertidos del discurso llegó cuando el veterano dirigente socialista cuestionó abiertamente los mecanismos que determinan quién accede a puestos de responsabilidad en el sector público. «Claro que de vez en cuando aparece un secretario, un señor que trabajaba en un puticlub y le hacen alto funcionario», afirmó Leguina, utilizando un ejemplo provocador para ilustrar lo que considera una deriva preocupante en el sistema de designaciones.
La frase, contundente y deliberadamente escandalosa, no fue un simple desahogo personal, sino una crítica directa a la vulneración de principios básicos del Estado de Derecho. El presidente de la Cámara de Cuentas subrayó inmediatamente después que la Constitución española establece de manera explícita que los nombramientos deben regirse por criterios de mérito y capacidad. «Pero vamos a ver, hay una cosa en la Constitución que se llama mérito y capacidad. Y el mérito se mide y la capacidad también», sentenció.
Estas palabras evidencian la preocupación de Leguina por lo que percibe como una politización excesiva de la función pública, donde las afinidades partidistas o las redes de influencia podrían estar primando por encima de la preparación técnica y la idoneidad profesional. La referencia al establecimiento de alterne, por polémica que resulte, sirvió para graficar en términos coloquiales un fenómeno que, según su visión, mina la credibilidad de las instituciones.
## La batalla judicial con el líder del PSOE
Si la crítica a los nombramientos ya era suficientemente incisiva, el cierre del discurso dejó a todos los asistentes con la boca abierta. Leguina decidió poner en contexto su propia situación dentro del Partido Socialista con una revelación que pone de manifiesto la profunda brecha existente entre la vieja guardia del partido y su dirección actual. «Yo sigo siendo miembro del PSOE gracias a un juicio que le gané a Pedro Sánchez», declaró sin ambages.
Esta afirmación no es una mera anécdota, sino que refleja un enfrentamiento legal real entre el histórico dirigente madrileño y la cúpula que lidera el presidente del Gobierno. Aunque Leguina no entró en detalles sobre las circunstancias específicas de ese litigio, su mención pública en un acto institucional deja claro que la victoria judicial fue determinante para mantener su militancia activa en el partido que le ha visto crecer políticamente.
La frase resume de manera contundente las tensiones internas que vive el PSOE entre diferentes generaciones y sensibilidades. Leguina, que presidió la Comunidad de Madrid entre 1983 y 1995, representa una corriente socialista más moderada y territorial, mientras que Sánchez encarna un proyecto más centralista y marcado por el pragmatismo de la coalición con Unidas Podemos.
## La defensa del control del gasto público
Más allá de las polémicas declaraciones políticas, el núcleo del discurso de Leguina giró en torno a la función esencial que desempeñan los órganos fiscalizadores en un sistema democrático sano. El presidente de la Cámara de Cuentas madrileña reivindicó con vehemencia la labor de su institución, que cumple veinticinco años de existencia, en la supervisión y auditoría de las cuentas públicas.
En este sentido, Leguina insistió en que la misión principal no es simplemente contabilizar el dinero, sino garantizar que se utiliza correctamente. «Gastar bien y no gastar mal», sintetizó, en una fórmula que, por sencilla que parezca, encierra un principio fundamental de la gestión pública responsable. La correcta utilización de los recursos, subrayó, no es solo una cuestión de eficiencia administrativa, sino una exigencia básica del Estado de Derecho y un pilar esencial para mantener la confianza ciudadana.
La independencia de estos órganos, según su argumentación, resulta crucial para que puedan ejercer su labor sin presiones políticas ni intereses partidistas. Solo así, afirmó, pueden emitir informes objetivos que permitan detectar irregularidades, prevenir fraudes y optimizar la asignación de recursos en beneficio del interés general.
## Contexto de una intervención sin filtros
La intervención de Leguina no puede entenderse al margen de su trayectoria política y de su relación compleja con la dirección federal del PSOE. Como uno de los barones históricos del socialismo español, su voz mantiene un peso específico dentro del partido, aunque sus opiniones chocan frontalmente con la línea oficial marcada desde La Moncloa.
El hecho de que haya elegido el aniversario de la Cámara de Cuentas para desplegar este arsenal crítico demuestra su intención de que el mensaje trascienda el ámbito estrictamente partidista y alcance la opinión pública general. Al vincular la defensa de la independencia fiscalizadora con la crítica a los nombramientos arbitrarios y a su propia batalla judicial, Leguina construyó un relato coherente sobre lo que considera los déficits democráticos de la situación actual.
La reacción del Gobierno y del propio PSOE a estas declaraciones no se hizo esperar, aunque en las horas siguientes al acto predominó la cautela institucional. Fuentes del partido prefirieron no entrar en una polémica directa con un histórico como Leguina, aunque dejaron traslucir su malestar por la forma y el fondo de sus palabras.
## Implicaciones para la vida política
El discurso de Leguina pone sobre la mesa varios temas de fondo que preocupan a analistas y ciudadanos. Por un lado, la calidad de la democracia española y la capacidad de las instituciones para resistir la captura partidista. Por otro, la salud interna de los grandes partidos políticos y su capacidad para gestionar la diversidad de opiniones sin recurrir a la expulsión o el aislamiento de las voces disidentes.
La referencia explícita al juicio contra Sánchez también abre interrogantes sobre la judicialización de los conflictos internos en los partidos y sobre hasta qué punto los tribunales deben intervenir en las cuestiones de militancia y disciplina orgánica. Leguina, al menos en este caso, parece haber salido victorioso de ese proceso, lo que le permite seguir manteniendo su carné socialista a pesar de las evidentes diferencias ideológicas y estratégicas con la dirección.
En definitiva, la intervención del presidente de la Cámara de Cuentas de Madrid ha logrado sacudir el panorama político con una crítica sin concesiones desde dentro del propio PSOE. Su defensa de la meritocracia, de la independencia de los órganos de control y de su derecho a la discrepancia, expresada con un lenguaje directo y provocador, ha reavivado el debate sobre la salud de las instituciones democráticas y la necesidad de reformas que garanticen una gestión pública más transparente y alejada de las redes clientelares. La frase que le ganó el juicio a Sánchez probablemente perdurará como uno de los momentos más sonados de la política española reciente.