Ataque a Ilhan Omar: congresista somalí rociada con líquido en Minneapolis

El incidente ocurrió cuando exigía la abolición del ICE. El agresor, un hombre blanco, fue reducido inmediatamente. La política, blanco habitual de Trump, resultó ilesa.

La congresista estadounidense de origen somalí Ilhan Omar sufrió un ataque directo este martes durante un evento público en Minneapolis, cuando un individuo la roció con una sustancia líquida utilizando una jeringuilla. El incidente, que podría haber tenido consecuencias mucho más graves, se produjo en el momento exacto en que la legisladora exigía la desaparición del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y responsabilidades políticas por la operación antiinmigratoria desplegada en la ciudad.

El agresor, identificado como un hombre blanco que se encontraba en la primera fila del auditorio, se acercó sigilosamente al podio donde Omar pronunciaba su discurso. Sin mediar provocación alguna, extrajo una jeringuilla y proyectó el líquido hacia la política, impactando en la zona del tórax. La reacción del equipo de seguridad fue inmediata: un agente redujo al atacante en cuestión de segundos, mientras el público asistente presenciaba atónito la escena. Las autoridades confirmaron que el hombre fue arrestado y enfrenta cargos por asalto a un funcionario electo.

Afortunadamente, la representante demócrata por Minnesota, de 43 años, resultó completamente ilesa. Las autoridades locales confirmaron que el líquido no representó un riesgo para su salud, aunque su composición exacta aún no ha sido divulgada oficialmente. El incidente, a pesar de no causar daño físico, ha generado una ola de preocupación sobre la seguridad de los funcionarios públicos en un clima político cada vez más polarizado.

Este ataque no ocurre en un vacío político. Desde que llegó al Congreso en 2018, Ilhan Omar se ha convertido en uno de los blancos preferidos de Donald Trump, quien ha mantenido una campaña sistemática de descrédito y hostigamiento contra ella. El expresidente ha cuestionado repetidamente la legalidad de su presencia en Estados Unidos, olvidando deliberadamente que Omar llegó al país siendo niña como refugiada y obtuvo su ciudadanía por procedimientos legales y transparentes.

En diciembre pasado, Trump llegó a calificarla públicamente como 'basura', utilizando un lenguaje que numerosos analistas y organizaciones civiles han calificado como abiertamente racista y deshumanizante. Además de los insultos directos, Trump ha promovido persistentemente una teoría conspiratoria sin fundamento, afirmando que Omar se casó con su propio hermano para obtener beneficios migratorios. Esta falsedad, desacreditada en múltiples ocasiones por investigaciones periodísticas y autoridades competentes, continúa siendo repetida en círculos partidarios como herramienta de desprestigio.

La animosidad del expresidente no se limita a la congresista, sino que se extiende a toda la comunidad somalí de Minnesota, que comprende aproximadamente 80,000 personas, la mayoría con residencia legal o ciudadanía estadounidense completamente documentada. Trump ha utilizado a este grupo étnico como chivo expiatorio para justificar una de las operaciones migratorias más agresivas y controvertidas de su administración.

El Gobierno federal, bajo el mando de Trump, ha acusado a la comunidad somalí en su conjunto de participar en un presunto fraude masivo a las ayudas públicas durante la pandemia de COVID-19, una investigación que data de hace tres años y cuyos resultados concretos nunca han sido presentados públicamente. Con este pretexto, la administración justificó el despliegue de más de 3,000 agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza en un Estado tradicionalmente gobernado por demócratas y conocido por su tolerancia cultural.

Las declaraciones de Trump sobre los somalís han sido particularmente virulentas y constantes. En diciembre afirmó: 'Cuando vienen del infierno y se quejan y no hacen más que criticar, no los queremos en nuestro país. Que vuelvan al lugar de donde vinieron y lo arreglen'. También ha descrito a Somalia como un país que 'apesta' y un 'Estado fallido', mostrando un desdén que trasciende la política migratoria y toca líneas xenófobas.

El ataque contra Omar ocurrió apenas tres días después de un incidente aún más trágico que ha conmocionado a Minneapolis. El pasado sábado, agentes de la policía migratoria dispararon mortalmente a Alex Pretti, un enfermero de 37 años que participaba en una protesta pacífica contra el ICE en las calles de la ciudad. Según testigos presenciales y videos que circulan en redes sociales, Pretti recibió al menos diez disparos por la espalda mientras yacía en el suelo sin representar peligro, una versión que ha generado indignación generalizada y protestas masivas.

Pretti se convierte así en el segundo ciudadano estadounidense que pierde la vida a manos del contingente migratorio desplegado por Trump en Minneapolis en las últimas semanas. El primero fue Renee Good, fallecida el 7 de enero bajo circunstancias similares de violencia policial durante una intervención migratoria. Estas muertes han alimentado la percepción de que el despliegue no busca combatir el fraude, sino intimidar a la población inmigrante.

Durante su intervención en el evento del martes, momentos antes del ataque, Omar había sido contundente y directa: 'El ICE no puede reformarse, no puede rehabilitarse: debemos abolirlo para siempre. Y la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, debe dimitir o enfrentarse a un juicio político'. Estas palabras fueron recibidas con aplausos entusiastas por los asistentes, pero evidentemente provocaron la ira del agresor, quien gritó: '¡Eres tú la que tiene que dimitir!' antes de ser detenido y esposado.

El incidente ha reavivado el debate nacional sobre la seguridad de los funcionarios electos y el clima de polarización política que atraviesa Estados Unidos. Para muchos analistas y líderes comunitarios, el ataque contra Omar no es un hecho aislado, sino la consecuencia predecible de un discurso de odio normalizado desde las más altas esferas del poder ejecutivo.

La congresista, conocida por ser una de las primeras musulmanas en el Congreso estadounidense y por su defensa de políticas progresistas como Medicare para Todos y el Green New Deal, ha enfrentado amenazas de muerte desde su elección en 2018. El FBI ha investigado múltiples casos de individuos que planearon hacerle daño. Sin embargo, este ataque físico directo marca una escalada preocupante en la violencia contra figuras políticas minoritarias y mujeres de color.

Las autoridades locales y federales han condenado el ataque, aunque las críticas al discurso de Trump han sido notablemente más tibias entre los líderes republicanos. La polarización partidista parece impedir un rechazo unánime a la violencia política, algo que preocupa profundamente a analistas y defensores de la democracia, quienes ven cómo la retórica extremista se traduce en acciones violentas.

Para la comunidad somalí de Minnesota, el ataque contra Omar representa un ataque simbólico contra toda su comunidad. Muchos líderes locales han organizado vigilias y manifestaciones de apoyo, exigiendo no solo justicia para la congresista, sino también el fin de la operación migratoria que consideran racista, desproporcionada y políticamente motivada.

El futuro inmediato de la operación ICE en Minnesota sigue siendo incierto. Mientras la administración Trump insiste en la necesidad de combatir el fraude y proteger los recursos públicos, activistas y políticos demócratas argumentan que la verdadera intención es intimidar a comunidades de inmigrantes, desmovilizar a votantes minoritarios y avivar las tensiones raciales como estrategia política.

Ilhan Omar ha prometido no dejarse amedrentar por estas acciones. En un comunicado posterior al ataque, agradeció el apoyo recibido de todo el país y reafirmó su compromiso inquebrantable con la lucha por los derechos de los inmigrantes, la reforma del sistema de justicia migratoria y la abolición de lo que considera una agencia migratoria desbordada, sin control civil efectivo y con historial de abusos.

El ataque con jeringuilla puede haber sido solo un susto sin consecuencias físicas permanentes, pero simboliza una amenaza mucho mayor para la democracia estadounidense: la normalización de la violencia como herramienta política en una sociedad que se jacta de su tolerancia y pluralismo. La pregunta que muchos se hacen en Minnesota y más allá es si este incidente será el último, o el preludio de una escalada aún más peligrosa en un país donde las divisiones políticas y raciales parecen profundizarse cada día.

Referencias