Disturbios en Turín: 29 policías heridos en violenta protesta contra desalojo

Una manifestación pacífica contra el cierre del centro social Askatasuna terminó en graves enfrentamientos con saldo de decenas de agentes lesionados y detenciones

La ciudad italiana de Turín fue escenario este fin de semana de una de las jornadas más violentas en su historia reciente, cuando una manifestación inicialmente pacífica se convirtió en un campo de batalla urbano que dejó un saldo de 29 agentes de policía heridos, varios detenidos y extensos daños materiales en infraestructura pública y privada.

Los hechos se desencadenaron durante una masiva protesta convocada para rechazar el desalojo forzoso del centro social Askatasuna, cuyo nombre significa literalmente "libertad" en lengua vasca. Según estimaciones oficiales recabadas por medios locales y fuentes policiales, la movilización congregó aproximadamente a 15.000 personas que marchaban pacíficamente por las principales arterias de la ciudad para expresar su rechazo a la medida judicial.

Sin embargo, lo que comenzó como una demostración cívica ordenada sufrió una radical transformación cuando un grupo de manifestantes, identificados como radicales de extrema izquierda y anarquistas, decidieron confrontar directamente a las fuerzas del orden. El punto de inflexión se produjo cuando estos individuos, encapuchados y pertrechados con objetos contundentes, iniciaron una ofensiva sistemática contra el dispositivo de seguridad desplegado para custodiar el evento.

El episodio más dramático de la jornada tuvo como protagonista al joven agente Alessandro Calista, de apenas 22 años, quien fue aislado de su unidad y sometido a una brutal agresión colectiva. Testimonios presenciales y material videográfico capturado en el lugar muestran cómo varios manifestantes rodearon al policía, lo derribaron al asfalto y lo golpearon sin piedad mientras se encontraba en el suelo. La violencia alcanzó niveles extremos cuando uno de los agresores, según las investigaciones preliminares, utilizó un martillo para atacar al agente, causándole una herida penetrante en el muslo izquierdo además de múltiples contusiones en todo el cuerpo.

Calista fue rescatado por sus compañeros y trasladado de urgencia a un centro hospitalario, donde recibió atención médica inmediata. Su estado, aunque grave, ha sido estabilizado gracias a la intervención oportuna de los servicios de emergencia. Las autoridades judiciales ya han identificado y detenido a dos presuntos autores de esta agresión, aunque no descartan nuevas detenciones conforme avancen las pesquisas.

La violencia no se limitó a este incidente aislado. Los manifestantes radicalizados emplearon una táctica de combate urbana que incluyó el lanzamiento masivo de petardos, cohetes de artificio y otros artefactos pirotécnicos contra las líneas policiales. Asimismo, utilizaron barras metálicas, piedras de considerable tamaño y cualquier objeto que encontraron en la vía pública como proyectiles letales.

La respuesta de las fuerzas de seguridad no se hizo esperar. La Policía italiana ejecutó cargas de contención para dispersar a los manifestantes violentos, empleando gases lacrimógenos y técnicas antidisturbios. Las imágenes difundidas en redes sociales y televisión nacional muestran escenas caóticas con contenedores de basura incendiados, vehículos policiales con impactos de piedra y un furgón de las fuerzas del orden completamente envuelto en llamas tras ser atacado con cócteles molotov.

El balance material de los disturbios resulta considerable. Varios automóviles particulares resultaron destrozados, escaparates de comercios locales fueron pulverizados y la señalética urbana sufrió daños extensos. El costo económico de los destrozos aún está siendo cuantificado por las autoridades municipales, pero se estima que superará el millón de euros.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, reaccionó con firmeza ante los hechos a través de sus canales oficiales. La mandataria calificó los incidentes como "ataques directos contra el Estado democrático" y reafirmó su compromiso con la aplicación estricta de la ley contra quienes utilizan la violencia para imponer sus postulados políticos. Su declaración ha generado debate en el espectro político italiano, con la oposición acusándola de politizar el conflicto.

El centro social Askatasuna, ubicado en el barrio de Aurora, ha sido durante años un punto de referencia para movimientos autónomos y colectivos de izquierda radical. Su desalojo fue ordenado por las autoridades judiciales tras años de litigios por ocupación ilegal de inmuebles y presuntos vínculos con actividades ilícitas. Los activistas defienden el espacio como un lugar de cultura y resistencia comunitaria, mientras las autoridades lo consideran un foco de radicalización.

Este episodio ha reavivado en Italia la polémica sobre los límites del derecho a la protesta y la legitimidad de la violencia como forma de expresión política. Expertos en seguridad pública advierten que este tipo de confrontaciones podrían repetirse en otras ciudades del país donde existen tensiones similares con centros sociales okupados.

Las investigaciones continúan bajo la supervisión de la fiscalía de Turín, que ha abierto diligencias por delitos de lesiones, daños, resistencia a la autoridad y asociación para delinquir. Los agentes de inteligencia policial están analizando cientos de horas de grabaciones para identificar a los responsables de los actos más violentos.

La comunidad internacional ha observado con preocupación estos acontecimientos, recordando incidentes similares en otras capitales europeas donde la tensión entre movimientos sociales radicales y autoridades ha escalado a niveles preocupantes. Organizaciones de derechos humanos han pedido una investigación imparcial que determine responsabilidades tanto en la represión policial como en la violencia ejercida por manifestantes.

Mientras tanto, Turín intenta volver a la normalidad. Las calles afectadas por los disturbios ya han sido limpiadas y restauradas, pero la herida social y política permanece abierta. Los comerciantes afectados exigen compensaciones, los colectivos sociales anuncian nuevas movilizaciones pacíficas, y las autoridades se preparan para un posible nuevo ciclo de protestas que, se espera, no repita la violencia desatada en esta ocasión.

El caso del agente Calista ha conmovido particularmente a la opinión pública italiana, generando debates sobre la protección de las fuerzas de seguridad y la necesidad de protocolos más efectivos para prevenir este tipo de agresiones en futuras manifestaciones. Su recuperación física será larga, pero el impacto psicológico de la experiencia probablemente perdurará mucho más tiempo.

En definitiva, lo ocurrido en Turín representa un punto de inflexión alarmante en la gestión del conflicto social en Italia, donde la polarización política y la radicalización de ciertos colectivos están poniendo a prueba la capacidad del Estado para mantener el orden democrático sin recurrir a la excesiva militarización de la respuesta policial.

Referencias