El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su ofensiva contra el régimen cubano mediante una drástica medida que busca asfixiar el suministro energético de la isla. A través de una orden ejecutiva firmada este jueves, el mandatario estadounidense declaró una emergencia nacional en relación con Cuba, argumentando que la nación caribeña representa una amenaza para la seguridad de su país. La decisión incluye la imposición de aranceles punitivos a aquellas naciones que continúen exportando petróleo a La Habana, una medida que podría tener consecuencias devastadoras para la economía cubana ya debilitada.
El documento oficial, difundido por la Casa Blanca, establece de manera explícita que las políticas y acciones del Gobierno cubano están "diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos". Esta retórica justifica la determinación de Trump de considerar a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria contra los intereses nacionales y la política exterior estadounidense. La declaración de emergencia nacional habilita al gobierno norteamericano a implementar medidas económicas sin necesidad de aprobación legislativa, agilizando así su aplicación.
El corazón de la medida se centra en el comercio energético. La orden ejecutiva autoriza la creación de un sistema arancelario que castigará comercialmente a cualquier país que venda, directa o indirectamente, cualquier tipo de hidrocarburo a Cuba. Este movimiento estratégico llega en un momento crítico para la isla, que ya enfrenta una crisis energética aguda tras la interrupción del flujo petrolero venezolano, históricamente su principal proveedor. La decisión estadounidense busca cerrar cualquier vía de escape que Cuba pudiera encontrar para satisfacer sus necesidades energéticas básicas.
México ha emergido como el actor clave en este escenario geopolítico. Tras la intervención militar estadounidense en Venezuela y la consiguiente paralización de los envíos de crudo a Cuba, la petrolera estatal mexicana Pemex se convirtió en el principal abastecedor de la isla. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha defendido públicamente estas transacciones, diferenciando entre dos tipos de entregas: ayuda humanitaria genuina y contratos comerciales establecidos previamente con el régimen cubano. Hasta mediados de enero, los tanqueros mexicanos cruzaban regularmente el Golfo de México con destino a La Habana, manteniendo a flote la economía cubana.
La posición de Sheinbaum se ha mantenido firme ante la presión estadounidense. En diversas declaraciones públicas, la mandataria ha insistido en que los envíos de carácter humanitario continuarán sin interrupción. Tras una conversación telefónica con Trump este mismo jueves, Sheinbaum negó rotundamente que el tema de los aranceles o el suministro petrolero hubiera formado parte de la agenda de discusión. Esta afirmación genera interrogantes sobre el nivel de coordinación o advertencia previa entre ambos gobiernos antes del anuncio de la medida restrictiva.
Los datos cuantitativos revelan la magnitud de la dependencia cubana del crudo mexicano. Según el último reporte disponible de Pemex, correspondiente a diciembre, México exportó un promedio de 17.200 barriles diarios a Cuba durante los primeros nueve meses de 2025. Esta cifra representa apenas el 3,3% del total de exportaciones petroleras del país, pero constituye una línea de vida vital para la isla. Sin embargo, desde mediados de enero, la petrolera estatal suspendió temporalmente el envío de buques tanque, una decisión que podría estar relacionada con las presiones diplomáticas anticipadas.
La situación energética de Cuba es crítica. Cálculos del Financial Times indican que las reservas actuales de petróleo en la isla solo alcanzarían para 15 a 20 días de consumo normal. Esta escasez pone en riesgo no solo el transporte y la generación eléctrica, sino también servicios esenciales como hospitales, escuelas y la industria alimentaria. La vulnerabilidad energética de Cuba se ha convertido así en el punto débil que la administración Trump ha decidido explotar para ejercer máxima presión sobre el gobierno de La Habana.
Históricamente, Cuba ha diversificado sus fuentes de abastecimiento, aunque con resultados limitados. Venezuela, antes de la intervención estadounidense, suministraba unos 46.500 barriles diarios, más del doble de lo que posteriormente proporcionó México. Rusia envió su último cargamento en octubre de 2024, mientras que Argelia, otro proveedor ocasional, no realiza entregas desde febrero del año pasado. Esta progresiva desconexión de sus socios tradicionales deja a Cuba cada vez más aislada en el mercado energético global.
Las implicaciones de la medida de Trump trascienden la relación bilateral con Cuba. Al amenazar con aranceles a terceros países, Estados Unidos está ejerciendo su influencia económica extraterritorial, una práctica que ha generado fricciones con aliados y socios comerciales. México, en particular, se encuentra en una posición incómoda, debiendo balancear su soberanía energética y sus principios de solidaridad latinoamericana con la necesidad de mantener una relación funcional con su principal socio comercial del norte.
Las consecuencias económicas potenciales son significativas. Si México decide desafiar la medida y continuar los envíos, podría enfrentar aranceles que afecten sus exportaciones mucho más amplias que el petróleo. La economía mexicana, profundamente integrada a la estadounidense a través del T-MEC, tendría mucho que perder en una confrontación comercial. Por otro lado, ceder a la presión podría interpretarse como una violación a sus compromisos contractuales con Cuba y a sus principios de política exterior.
El escenario plantea un dilema complejo para la administración de Sheinbaum. La decisión de suspender los envíos en enero podría indicar una disposición a negociar o una estrategia de espera para evaluar la seriedad de la amenaza arancelaria. Sin embargo, la insistencia en mantener la ayuda humanitaria sugiere que México no abandonará completamente a Cuba, lo que podría generar una confrontación directa con Washington si la administración Trump mantiene una postura inflexible.
En última instancia, la declaración de emergencia nacional y la amenaza de aranceles representan una escalada sin precedentes en la política de presión máxima contra Cuba. La medida no solo busca aislar a la isla, sino también poner a prueba la cohesión de las relaciones interamericanas. Con Cuba al borde de una crisis energética aguda y México en el centro de la controversia, la región enfrenta una nueva fuente de tensión que podría redefinir las dinámicas de poder en el Caribe y América Latina en los próximos meses.