Portugal en emergencia: la borrasca Kristin causa 6 muertos y 450.000 sin luz

El Gobierno declara estado de calamidad en 60 municipios tras el paso del temporal más destructivo de los últimos años, con rachas de viento de hasta 209 km/h

El temporal Kristin ha dejado una estela de devastación sin precedentes en Portugal, convirtiéndose en uno de los fenómenos meteorológicos más destructivos que ha azotado el país en las últimas décadas. Tras su paso por la península Ibérica, las autoridades confirman un saldo trágico de seis personas fallecidas y cerca de medio millón de ciudadanos sin suministro eléctrico, mientras las labores de recuperación apenas comienzan.

La furia del viento y las lluvias torrenciales se centraron especialmente en el centro y oeste del territorio portugués, donde las rachas alcanzaron velocidades extraordinarias. El Instituto Portugués del Mar y la Atmósfera registró en Coimbra vientos de hasta 209 kilómetros por hora, una cifra que supera con creces los umbrales de seguridad para infraestructuras y edificaciones. Este vendaval extremo derribó árboles centenarios, arrancó tejados y causó el colapso de estructuras que resultaron fatales para las víctimas.

Las circunstancias de las tragedias personales varían, pero comparten un denominador común: la violencia inesperada del fenómeno. Cinco personas perdieron la vida al ser impactadas por árboles desplomados o fragmentos de construcciones desprendidos por el viento. La sexta víctima sufrió un destino particularmente dramático: quedó atrapada dentro de su vehículo y fue arrastrada por la corriente de un río desbordado, una escena que ilustra la peligrosidad de las inundaciones repentinas que acompañaron al temporal.

La emergencia energética representa quizás el desafío más visible para las autoridades. Aunque la situación meteorológica ha mejorado, cerca de 450.000 hogares y negocios permanecen a oscuras tras el colapso de la red eléctrica nacional. La empresa Redes Energéticas Nacionales (REN) ha cuantificado los daños en cifras que hablan por sí solas: 61 torres de alta tensión derribadas y 774 kilómetros de líneas eléctricas fuera de servicio, lo que equivale al 7% de toda la red de transporte de energía del país.

El distrito de Leiria concentra el mayor número de afectados, con aproximadamente 300.000 personas sin electricidad. Esta región se ha convertido en el epicentro de la crisis, tanto por la magnitud de los daños como por la complejidad de las labores de reparación. Los técnicos de REN advierten que la restauración total del servicio requerirá días de trabajo intensivo, ya que muchas infraestructuras no solo sufrieron daños, sino que fueron literalmente arrancadas de sus cimientos.

La magnitud del desastre ha superado incluso a eventos previos que ya habían marcado un hito negativo. En 2009, un temporal similar causó la caída de 25 torres de alta tensión, menos de la mitad de las afectadas esta vez. Esta comparación pone de relieve la excepcionalidad de Kristin y justifica la respuesta institucional sin precedentes que se ha desplegado.

Ante la gravedad de la situación, el Ejecutivo portugués no ha dudado en activar todos los mecanismos de emergencia disponibles. El primer ministro, Luís Montenegro, canceló de inmediato sus compromisos internacionales en Croacia y Andorra para centrarse exclusivamente en la gestión de la crisis. Su visita personal a Leiria este jueves transmitió un mensaje de prioridad absoluta a la recuperación de las zonas devastadas.

La declaración de estado de calamidad en 60 municipios hasta el próximo domingo facilita la movilización de recursos extraordinarios y agiliza los procedimientos administrativos para la reconstrucción. Esta medida, anunciada oficialmente por el Gobierno, permite desplegar tropas y equipos de emergencia con mayor celeridad y otorga poderes especiales a las autoridades locales para hacer frente a las necesidades más urgentes.

El ámbito de la tragedia ha trascendido fronteras, generando una ola de solidaridad internacional. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, mantuvo una conversación telefónica con Montenegro para expresar el apoyo comunitario y ofrecer ayuda financiera para la recuperación. Este gesto subraya la dimensión europea de la catástrofe y abre vías de cooperación para la reconstrucción de infraestructuras críticas.

El contexto político nacional ha añadido una capa de complejidad a la gestión de la crisis. Con las elecciones presidenciales programadas para el 8 de febrero, los principales candidatos han modificado sus agendas para visitar las zonas afectadas. Marcelo Rebelo de Sousa, actual presidente de la República, anunció recorridos por las localidades más perjudicadas, mientras sus contendientes también se desplazaron para mostrar apoyo.

António José Seguro visitó discretamente Leiria la noche del miércoles, priorizando el gesto de solidaridad sobre la cobertura mediática. Por su parte, André Ventura integró su visita a las zonas damnificadas en la campaña de la segunda vuelta electoral, buscando equilibrar la responsabilidad política con la necesidad de visibilidad en un momento de crisis nacional.

Las proyecciones para los próximos días mantienen en alerta a las autoridades. Aunque los vientos han amainado, el primer ministro advirtió sobre riesgos continuos de crecidas e inundaciones en zonas donde el agua aún fluye con violencia por cauces desbordados. Este fenómeno secundario podría agravar los daños en infraestructuras ya debilitadas y retrasar aún más los trabajos de recuperación.

En municipios como Figueiró dos Vinhos, a escasas dos horas de Lisboa, la situación límite ha quedado patente. El alcalde, Carlos Lopes, se vio obligado a comunicarse con los medios a través del teléfono satélite de los bomberos municipales, único medio de comunicación operativo tras el colapso de las redes convencionales. Este detalle ilustra la magnitud del aislamiento que sufren muchas comunidades rurales, donde la reconstrucción de servicios básicos será particularmente laboriosa.

Los equipos de emergencia trabajan contra reloj para restablecer la normalidad, pero la complejidad de los daños requiere una planificación meticulosa. Cada torre eléctrica derribada representa un desafío técnico que implica no solo su reemplazo, sino también la verificación de cimientos, cables y conexiones en un radio amplio. Los ingenieros de REN han desplegado equipos multidisciplinares que evalúan la integridad estructural de la red antes de proceder a cualquier reconexión.

La respuesta ciudadana ha sido notable, con vecinos organizando colectas de alimentos y agua para las zonas más aisladas. Las redes socicas han servido como herramienta de coordinación para la ayuda mutua, complementando los esfuerzos oficiales. Esta solidaridad espontánea demuestra la resiliencia de las comunidades portuguesas ante la adversidad.

El balance económico del desastre aún está por calcular, pero las primeras estimaciones apuntan a pérdidas millonarias en sectores clave. La agricultura, particularmente vulnerable en esta época del año, ha sufrido daños extensos en invernaderos y cultivos al aire libre. El sector turístico, crucial para la economía lusa, también registrará impactos en zonas costeras donde la temporada de invierno ya estaba mostrando signos de recuperación post-pandemia.

A medida que Portugal enfrenta esta prueba sin precedentes, la coordinación entre administraciones, la ayuda internacional y la respuesta ciudadana conforman un triángulo de esperanza. La experiencia adquirida en crisis anteriores, como los devastadores incendios forestales de años recientes, ha perfeccionado los protocolos de actuación, aunque la naturaleza misma del desastre eléctrico presenta desafíos únicos.

Los próximos días serán cruciales para determinar el ritmo de recuperación. La declaración de estado de calamidad proporciona el marco legal necesario, pero el éxito dependerá de la capacidad de ejecución sobre el terreno. Mientras tanto, las familias afectadas esperan el restablecimiento de servicios básicos y la promesa de una reconstrucción que haga frente a los retos del cambio climático, que expertos vinculan con la intensificación de estos fenómenos extremos.

La lección de Kristin es clara: la infraestructura moderna, por robusta que parezca, permanece vulnerable ante la furia desatada de la naturaleza. Portugal afronta ahora la doble tarea de sanar las heridas del presente y fortalecer sus defensas para el futuro, con la mirada puesta en un modelo de resiliencia que proteja mejor a sus ciudadanos.

Referencias