Alba Carrillo defiende la ortografía: críticas sin faltas

La celebrity reivindica la importancia de escribir correctamente en redes sociales y medios digitales

La comunicación en la era digital ha transformado la forma en que nos expresamos, pero también ha generado una relajación en las normas lingüísticas que preocupa a muchos. En este contexto, Alba Carrillo ha alzado la voz para defender un principio básico: la importancia de la ortografía correcta al momento de criticar o expresar opiniones. Su intervención en el programa Aruser@s ha desatado una ola de aplausos y reflexión sobre cómo los errores de escritura pueden invalidar el mensaje que queremos transmitir.

Durante su participación en el espacio televisivo, la modelo y colaboradora no dudó en expresar su postura con contundencia. "Que no se ofenda nadie, pero los que se enfaden que escriban bien, con sus 'h' y sus cosas, porque no puedes escribir a alguien para criticarle y cometer un montón de faltas de ortografía", manifestó Carrillo. Esta declaración resume una frustración compartida por muchos usuarios de redes sociales que reciben mensajes agresivos o críticas llenas de incorrecciones lingüísticas.

La reacción en el plató fue inmediata y unánime. El periodista Óscar Broc acuñó una frase que rápidamente se convirtió en trending: "El insulto con faltas de ortografía deja de ser insulto". Por su parte, Andrés Guerra ratificó la postura de Carrillo con un "Lo que dice Alba va a misa", reconociendo la validez de su argumento. El consenso entre los colaboradores evidencia que esta no es una preocupación aislada, sino una tendencia creciente en la sociedad actual.

El fenómeno de la relajación ortográfica en internet es un tema que ha sido estudiado por lingüistas y comunicólogos. Las redes sociales, los mensajes instantáneos y la necesidad de comunicarse rápidamente han propiciado un entorno donde las faltas de ortografía se han normalizado. Sin embargo, esto genera un problema de credibilidad y percepción de profesionalismo que afecta tanto a personas públicas como a usuarios comunes.

Cuando alguien se dispone a criticar, argumentar o debatir, la primera impresión que causa su mensaje es crucial. Si el texto está plagado de errores básicos como la omisión de la 'h', confusiones entre "hay", "ahí" y "ay", o la incorrecta conjugación de verbos, el receptor tiende a desacreditar automáticamente el contenido. La autoridad moral del emisor se desploma, independientemente de la validez intrínseca de su argumento. Es como si un chef que pretende enseñar cocina no supiera diferenciar entre sal y azúcar.

La importancia de la ortografía va más allá de una simple cuestión estética o pedante. Representa la capacidad de organizar el pensamiento y transmitirlo con claridad. Un texto bien escrito refleja cuidado, dedicación y respeto hacia el lector. Por el contrario, un mensaje lleno de faltas puede interpretarse como descuido, falta de educación o incluso desprecio hacia quien lo recibe.

En el ámbito profesional, los errores ortográficos pueden tener consecuencias devastadoras. Desde perder una oportunidad laboral hasta dañar la reputación de una marca, las faltas de ortografía cuestan dinero y credibilidad. Un estudio realizado por varias consultoras de reclutamiento revela que más del 70% de los responsables de selección descartan automáticamente currículums con errores ortográficos evidentes. La razón es simple: si alguien no presta atención a los detalles en su propia presentación, ¿por qué habría de hacerlo en su trabajo?

Las redes sociales han amplificado este problema. La velocidad con la que se publica contenido, combinada con la falta de revisión, genera una proliferación de errores que se viralizan. Un tuit con una falta grave puede ser capturado y compartido miles de veces, generando un daño irreversible a la imagen de quien lo escribió. Los influencers y celebrities son particularmente vulnerables, ya cada publicación suya es examinada minuciosamente por millones de seguidores.

La postura de Alba Carrillo cobra especial relevancia en el contexto de la cultura del comentario que domina internet. Es común ver cómo usuarios se lanzan a criticar publicaciones, noticias o opiniones de terceros sin revisar previamente su propio texto. La ironía de corregir a alguien cometiendo el mismo error que se critica es una situación que se repite constantemente en foros y redes sociales.

Para mejorar esta situación, existen herramientas y estrategias sencillas. Los correctores automáticos, aunque imperfectos, ayudan a identificar errores básicos. Leer el texto en voz alta antes de publicarlo permite detectar faltas de coherencia y errores que la vista puede pasar por alto. Dedicar unos segundos a la revisión final puede marcar la diferencia entre un mensaje potente y uno que se convierte en objeto de burla.

La educación juega un papel fundamental. Desde la escuela primaria hasta la universidad, la enseñanza de la ortografía debe considerarse una prioridad. No se trata de imponer reglas arbitrarias, sino de dotar a las personas de las herramientas necesarias para comunicarse efectivamente. En un mundo donde la comunicación escrita domina cada vez más, la competencia lingüística es tan importante como la competencia digital.

La reflexión de Alba Carrillo nos invita a una autocrítica constructiva. Antes de señalar con el dedo, debemos asegurarnos de que nuestra propia expresión esté a la altura. No se trata de perfeccionismo obsesivo, sino de responsabilidad comunicativa. Cada vez que escribimos en público, estamos construyendo nuestra imagen y nuestra credibilidad.

El mensaje es claro: si vas a criticar, hazlo con propiedad. Si vas a argumentar, hazlo con precisión. La ortografía no es un adorno, es la estructura que sostiene el significado. Un insulto mal escrito no solo pierde fuerza, se convierte en una autoincriminación. Una crítica con faltas deja de ser crítica para convertirse en evidencia de descuido.

En definitiva, la postura de Alba Carrillo resuena con una necesidad social creciente: recuperar el valor de la palabra bien escrita. En un entorno digital saturado de información, la precisión lingüística se convierte en un diferenciador, en una señal de calidad y profesionalismo. No se trata de ser elitista, sino de ser efectivo. Porque al final del día, el mensaje que transmitimos es tan importante como la forma en que lo hacemos.

Referencias