El expresidente del Gobierno Felipe González ha lanzado duras críticas contra la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez, cuestionando abiertamente su estrategia comunicativa y su capacidad para afrontar las crisis recientes. En unas declaraciones que han generado amplio debate político, González ha acusado al Gobierno de utilizar constantemente cortinas de humo para desviar la atención de los problemas reales que afectan a los ciudadanos.
Las palabras del histórico líder socialista llegan en un momento de especial tensión, tras la tragedia de Adamuz que causó la muerte de 45 personas y ha puesto de manifiesto lo que muchos consideran una crisis estructural en la seguridad ferroviaria del país. González no ha dudado en señalar que esta gestión es "manifiestamente mejorable", utilizando un eufemismo que refleja su evidente malestar con la situación actual.
La metáfora elegida por el expresidente para describir la estrategia del Gobierno ha sido particularmente contundente: "Cada día hay una liebre nueva que lanzan a correr por el escenario para tapar las liebres anteriores". Esta frase resume su percepción de una administración que, según su opinión, prioriza la gestión de la opinión pública sobre la resolución efectiva de los problemas.
El último ejemplo de esta dinámica, según González, habría sido el acuerdo entre el PSOE y Podemos para regularizar a medio millón de inmigrantes en situación irregular, anunciado este lunes. Para el expresidente, este anuncio responde a la necesidad de cambiar el foco mediático tras la crisis ferroviaria y las sucesivas revelaciones sobre el estado de las infraestructuras.
No obstante, González ha matizado su posición sobre la regularización en sí misma, señalando que si se hace "bien" es "necesario". El expresidente ha enfatizado la importancia de establecer un proceso parlamentario riguroso que defina claramente los criterios y busque un consenso amplio. "Debe haber un proceso, como es natural, parlamentario que fije bien los criterios, que hubiera un acuerdo de todos que me parece fundamental", ha declarado.
La cifra mencionada por González —entre 500.000 y 600.000 personas— refleja la magnitud del desafío, y el expresidente ha advertido sobre la necesidad de actuar con rigor para no crear problemas con los socios europeos. "Hay que hacerlo bien", ha insistido, mostrando una postura pragmática que distingue entre la oportunidad del anuncio y la necesidad de la medida.
Más allá de la polémica sobre inmigración, el núcleo de la crítica de González se centra en el deterioro de los servicios públicos y la falta de mantenimiento de infraestructuras. El expresidente ha sido tajante al afirmar que "los ciudadanos empiezan a estar hartos, hartos de los servicios, de que no se haga mantenimiento". Esta afirmación refleja una percepción extendida entre la población sobre el estado de las infraestructuras críticas.
La crisis ferroviaria ha sido el punto de partida de sus críticas. González ha cuestionado la lógica de las dimisiones ocurridas tras los accidentes de Adamuz y Gélida, señalando que han caído "los que saben de esto" para que "los que no saben, sigan". Esta reflexión apunta a una crítica profunda sobre la gestión de responsabilidades dentro de la administración.
El expresidente ha utilizado el caso del servicio de Rodalies como ejemplo paradigmático de esta dinámica. "¿Qué es lo que ha pasado? Pues que los que han dimitido son la gente que sabe cómo funciona esto. Y siempre está en el segundo nivel", ha explicado. Para González, esta situación tiene una explicación clara: si los expertos no han podido evitar los problemas, se les sustituye para que otros continúen, lo que pone en cuestión la continuidad y el conocimiento institucional.
Estas declaraciones fueron realizadas tras participar en el XVI Congreso EM+FI de la Fundación Caja Rural de Segovia, donde respondió a preguntas de los medios sobre la gestión ferroviaria. El contexto de una conferencia sobre economía y finanzas rurales da aún más peso a sus palabras, al tratarse de un foro serio y alejado de la confrontación política diaria.
La crítica de González al Gobierno "en general" con cada crisis que ha enfrentado en los últimos años sugiere una evaluación global negativa de la gestión de Sánchez. El uso del término "manifiestamente mejorable" revela una diplomacia calculada pero una firmeza inusual en alguien que, aunque crítico, ha mantenido tradicionalmente una postura más mesurada hacia su sucesor en el liderazgo del PSOE.
La reacción a estas declaraciones no se ha hecho esperar en los círculos políticos. Desde el Gobierno se ha defendido la gestión como "responsable" y "transparente", mientras que la oposición ha aprovechado las palabras de un peso pesado del socialismo español para reforzar sus críticas. El hecho de que sea precisamente Felipe González quien haga estas afirmaciones otorga una legitimad difícil de cuestionar desde las filas socialistas.
El debate sobre las cortinas de humo en la política española no es nuevo, pero adquiere una dimensión especial cuando proviene de alguien con la experiencia de González. Durante sus años de mandato, el expresidente enfrentó numerosas crisis y desarrolló una reputación de gestor pragmático, por lo que sus críticas sobre la falta de mantenimiento y la gestión de crisis resuenan con particular intensidad.
La situación de las infraestructuras ferroviarias ha puesto en tela de juicio no solo la seguridad, sino también la planificación a largo plazo y la asignación de recursos. La cascada de fallos conocidos que menciona González refleja una preocupación por la falta de inversión preventiva y la priorización de otros gastos por parte del Ejecutivo.
En definitiva, las palabras de Felipe González representan un serio revés para el Gobierno de Sánchez, que ve cómo una figura histórica de su propio partido cuestiona no solo decisiones puntuales, sino su estrategia de comunicación y gestión global. La acusación de usar "liebres" diarias para tapar problemas es una imagen poderosa que probablemente perdurará en el debate político español en las próximas semanas.
El llamado del expresidente a hacer las cosas "bien", tanto en la regularización de inmigrantes como en la gestión de crisis, refleja una demanda de rigor y seriedad que, según su percepción, estaría faltando en la actualidad. La pregunta que queda en el aire es si estas críticas internas provocarán algún tipo de reflexión o cambio en la estrategia del Gobierno, o si simplemente serán desestimadas como opiniones de una época política superada.