Fallece Doña Carmen Agüeros Agüeros a los 93 años en Santander

La matriarca de la familia Agüeros será despedida el domingo en Quintanilla de Lamasón con un funeral en Santa María de Lamasón

El pasado 24 de enero de 2026, Santander despidió a una de sus vecinas más longevas. Doña Carmen Agüeros Agüeros falleció en la capital cántabra a los 93 años, rodeada de sus seres más cercanos y habiendo recibido los sacramentos de la Iglesia Católica. Su partida deja un vacío profundo en una extensa familia que ha querido compartir los detalles de su despedida con la comunidad.

Viuda de Ángel Martínez Roiz, Doña Carmen deja atrás una descendencia numerosa: sus hijos José Ángel, Berto, Pablo y Emma, recordando también a su hijo Carlos, fallecido previamente. Entre sus nietos figuran Alejandro, Julio, Diego, Gabriel, Laura, Pablo, Carmen, Marina, Amaia y Javier, quienes crecieron bajo su amor y sus valores. La familia se extiende a hermanas Elvira, Anita y Sara, recordando a Nemesio y Justiniano, ya fallecidos, además de sobrinos, primos y hermanos políticos.

Los detalles del funeral reflejan las profundas raíces de Doña Carmen en Quintanilla de Lamasón, del Valle de Lamasón. Aunque falleció en Santander, su despedida la conectará con su tierra natal. El velatorio se celebrará en el Tanatorio El Alisal, donde la familia recibirá a sus allegados de diez de la mañana a dos de la tarde.

La ceremonia principal tendrá lugar el domingo a las tres y media de la tarde, cuando el féretro será trasladado desde el tanatorio a la iglesia parroquial de Santa María de Lamasón. A las cinco se celebrará el funeral de cuerpo presente, una tradición católica que permite despedirse con la presencia física del difunto, muy arraigada en la región. Posteriormente, será inhumada en el cementerio local, cerrando el círculo de su vida terrena en su pueblo natal.

La esquela destaca la presencia de Teresa y Ángela, las cuidadoras que acompañaron a Doña Carmen en sus últimos momentos. Este reconocimiento público refleja la importancia del cuidado profesional al final de la vida y la gratitud de una familia que valora la dignidad en la etapa terminal.

Las tradiciones funerarias en Cantabria mantienen rituales que fortalecen el tejido social. La publicación de esquelas en El Diario Montañés, la celebración en la parroquia de origen y la inhumación en cementerios locales son prácticas que honran al difunto y reactivan las redes de parentesco. En pueblos como Quintanilla de Lamasón, estos eventos se convierten en momentos de encuentro colectivo.

La longevidad de Doña Carmen, 93 años, es testimonio de las transformaciones demográficas de Cantabria. Su generación vivió la transición de la sociedad rural a la urbana, la posguerra a la democracia, y la incorporación de la mujer a la vida pública. Aunque la esquela no detalla su trayectoria, representa a miles de cántabras que sostuvieron el hogar y la economía familiar en el siglo XX.

El hecho de que falleciera en Santander pero sea inhumada en Quintanilla refleja la migración interna hacia la capital en busca de mejores servicios médicos, manteniendo el vínculo con el lugar de origen. Esta dualidad territorial define la biografía de muchos cántabros de su generación.

La familia ha pedido oraciones por su alma, una invocación al apoyo espiritual de la comunidad que resuena con la devoción católica tradicional. En Cantabria, la religión ha sido central en la vida comunitaria, y esta petición transforma el duelo privado en un acto de comunión pública.

El Tanatorio El Alisal y la iglesia de Santa María de Lamasón representan la fusión de modernidad y tradición. Mientras el tanatorio ofrece instalaciones contemporáneas, la iglesia parroquial es testigo de generaciones de ceremonias. La conducción entre ambos espacios marca el paso simbólico de la muerte física a la memoria espiritual.

La inhumación en el cementerio de Quintanilla de Lamasón representa el retorno a la tierra madre. En la cultura cántabra, esta vinculación es profunda y ancestral. La tumba de Doña Carmen se sumará a la memoria colectiva, convirtiéndose en un punto de referencia para sus descendientes.

En un mundo donde las tradiciones se diluyen, esta esquela es un recordatorio de la persistencia de los valores familiares en Cantabria. La publicación detallada, con nombres completos y horarios precisos, demuestra respeto por el ritual y la importancia de dar a cada persona su lugar en la memoria colectiva.

El duelo por Doña Carmen se extiende más allá de su familia inmediata. Cada nombre mencionado representa un lazo afectivo que se rompe con su partida. En comunidades pequeñas, estas redes son especialmente densas, y la pérdida de una matriarca afecta a toda la estructura social.

La presencia de las cuidadoras en el anuncio simboliza el reconocimiento de una realidad moderna: el cuidado profesional al final de la vida. Que la familia las mencione junto a parientes de sangre es un gesto de humanidad que refleja los valores con los que Doña Carmen crió a su descendencia.

El funeral de cuerpo presente sigue la tradición católica de despedirse con la presencia física del difunto. Esta práctica, aunque en declive en las grandes ciudades, se mantiene en las zonas rurales de Cantabria, permitiendo un último momento de reconocimiento y aceptación de la realidad de la muerte.

La esquela, publicada en medios digitales, utiliza canales modernos para mantener vivas las tradiciones. En la era digital, estos anuncios llegan a familiares dispersos que pueden participar virtualmente en el duelo o enviar condolencias online.

La vida de Doña Carmen Agüeros Agüeros abarca casi un siglo de historia cántabra. Su biografía es el reflejo de la historia colectiva de miles de cántabras de su generación, que vivieron la transformación de la región desde sus raíces rurales hasta la sociedad moderna.

En conclusión, la despedida de Doña Carmen no es solo un acto privado, sino un evento comunitario que refleja los valores, tradiciones y estructura social de Cantabria. Su funeral reunirá generaciones de una familia extensa en Santa María de Lamasón, todos unidos en el recuerdo de una mujer que vivió 93 años dejando un legado de amor familiar y arraigo territorial. Que descanse en paz.

Referencias