El municipio madrileño de Alpedrete vive sus horas más tristes. Después de dos días de angustiosa incertidumbre, las autoridades han confirmado lo que muchos temían: María Eugenia Gallego Tavasco, la vecina de 62 años desaparecida tras el devastador choque ferroviario en Córdoba, figura entre las víctimas mortales. Conocida cariñosamente como Geni, su pérdida ha dejado un vacío imposible de llenar en esta localidad de la Sierra de Guadarrama.
La tragedia se desencadenó el pasado domingo 19 de enero de 2026, cuando el tren Iryo 6189 cubría el trayecto entre Málaga y Madrid. Geni regresaba a casa después de visitar a su hija en la capital malagueña. Había abordado el convoy en la estación María Zambrano a las 18:40 horas, ocupando el asiento 13-B del vagón número 8, precisamente el último coche del tren. A las 19:45 horas, el destino truncó su viaje de regreso.
El siniestro ferroviario, ocurrido en las inmediaciones de Adamuz (Córdoba), se ha cobrado la vida de al menos 43 personas según el balance provisional. El tren invadió la vía contigua y colisionó con otro convoy, provocando un descarrilamiento catastrófico que dejó escenas de devastación. El vagón donde viajaba Geni resultó especialmente afectado, convirtiendo su asiento 13-B en una ubicación fatídica.
Durante más de 48 horas, la familia de Geni vivió un calvario de espera y desesperación. Su hija Irene intentó sin éxito contactar con su madre mediante llamadas telefónicas que nunca fueron respondidas. Las gestiones en hospitales y centros de atención a víctimas no arrojaron resultados: Geni no figuraba entre los heridos trasladados a centros médicos, tampoco aparecía en las listas de evacuados que llegaron en autobuses a la estación de Atocha en Madrid.
La incertidumbre crecía con cada hora que pasaba. La familia, desesperada, decidió difundir la fotografía de Geni en redes sociales, clamando por cualquier información. El municipio de Alpedrete se volcó con mensajes de apoyo, esperanza y solidaridad. Vecinos, amigos y conocidos compartieron la imagen, manteniendo la llama de la esperanza viva en un mar de dudas.
Sin embargo, el miércoles 21 de enero, la realidad más dolorosa se hizo oficial. Las autoridades comunicaron a los allegados que la prueba de ADN había confirmado la identidad de Geni entre los fallecidos. El silencio que había ido invadiendo el pueblo durante las últimas horas se convirtió en un luto colectivo, en una pena compartida que atraviesa cada hogar de Alpedrete.
Geni no era una vecina más. Durante décadas, había regentado junto a su hermano el supermercado MaxCoop, convirtiéndose en un rostro familiar para generaciones de alpedreteños. Su marido, Pablo, es el propietario del histórico bar Roma, un establecimiento que ha sido punto de encuentro y referencia social en el municipio durante años. Hoy, las puertas del bar permanecen cerradas, sus verjas candadas, y un sencillo pero desgarrador cartel lo explica todo: "Cerrado por defunción".
Los vecinos recuerdan a Geni con cariño y admiración. "Yo la veía muchos días sacando a su perro y me contaba que tenía muchos planes ahora por hacer", comparte una mujer del pueblo, evidenciando que Geni acababa de jubilarse y miraba al futuro con ilusión. Un empleado del supermercado que ella dirigió, ahora bajo la enseña de Carrefour, no puede contener la emoción: "Todavía no lo podemos creer que haya fallecido. Era una mujer formidable".
La conmoción en Alpedrete es palpable. Desde el lunes por la mañana, cuando se supo que una vecina tan conocida estaba en la lista de desaparecidos, el municipio ha vivido en vilo. La esperanza inicial fue decayendo, sustituida por un silencio cargado de presentimientos. "Ellos se agarraban a que fuera una de las pacientes ingresada en la UCI, pero el miércoles ya les confirmaron por la prueba de ADN que era ella", relata un allegado de la familia, describiendo el proceso de aceptación de una tragedia inevitable.
El Ayuntamiento de Alpedrete ha respondido con la solemnidad que el momento requiere. Ha convocado un minuto de silencio para el próximo viernes, un acto de recuerdo y respeto que congregará a toda la comunidad. Será un momento para despedir a Geni, para compartir el dolor y para demostrar que su memoria perdurará en el corazón del pueblo.
La pérdida de Geni trasciende lo personal y se convierte en un símbolo de la tragedia que ha sacudido España. Cada víctima tiene un nombre, una historia, un vacío que deja en su comunidad. En Alpedrete, ese nombre es María Eugenia Gallego Tavasco, Geni para todos. Y su pérdida no es un número más en el balance de víctimas, es el vacío dejado por una vecina querida, una esposa, una madre, una amiga. Es la ausencia de quien regentaba el supermercado y soñaba con su jubilación. Es el silencio del bar Roma, que hoy llora a su dueña ausente.
El accidente ferroviario de Adamuz ha puesto de manifiesto la fragilidad de la existencia y la rapidez con que la vida puede cambiar. Un viaje de rutina, un asiento asignado, un domingo cualquiera. Geni regresaba a su hogar, a su marido Pablo, a su pueblo, a la vida que había construido con esfuerzo y dedicación. Pero a veces, el destino tiene otros planes.
En Alpedrete, los vecinos se miran a los ojos con esa complicidad que da el haber compartido espacio y tiempo con alguien especial. El bar Roma, con sus puertas cerradas, es un monumento temporal al dolor. El supermercado donde Geni dejó su huella sigue funcionando, pero sus empleados caminan con el peso de la ausencia. El pueblo entero respira un aire de tristeza contenida, de luto silencioso.
La confirmación oficial del fallecimiento ha cerrado un ciclo de esperanza angustiosa, pero ha abierto otro de duelo colectivo. La prueba de ADN, ese procedimiento científico frío e impersonal, ha dado nombre a una de las víctimas. Ha devuelto la identidad a una mujer que no merecía desaparecer en el anonimato de una estadística.
Geni se había jubilado recientemente. Esa frase, repetida por quienes la conocían, resuena con una ironía cruel. Los planes que tenía, los proyectos que ilusionaban, los paseos con su perro que tanto disfrutaba. Todo eso ha quedado suspendido en el tiempo, congelado en el asiento 13-B del vagón 8 del tren Iryo 6189.
El minuto de silencio del viernes será más que un acto institucional. Será el reconocimiento de una comunidad a una de las suyas. Será el momento en que Alpedrete, unido en el dolor, diga adiós a Geni. Será la oportunidad de que el pueblo demuestre que, aunque ella ya no esté físicamente, su recuerdo vivirá en cada rincón, en cada conversación, en cada vez que alguien pase por delante del bar Roma y recuerde a la mujer formidable que fue.
La tragedia del tren de Córdoba ha dejado un rastro de dolor que se extiende por toda España. Pero en Alpedrete, ese dolor tiene nombre propio: María Eugenia Gallego Tavasco, Geni para todos. Y su pérdida no es un número más en el balance de víctimas, es el vacío dejado por una vecina querida, una esposa, una madre, una amiga. Es la ausencia de quien regentaba el supermercado y soñaba con su jubilación. Es el silencio del bar Roma, que hoy llora a su dueña ausente.
Descansa en paz, Geni. Alpedrete no te olvidará.