Cuatro días después del accidente ferroviario de Adamuz, la familia García Aranda no solo enfrenta el drama de las heridas graves de dos de sus miembros, sino también la angustiante incertidumbre por el paradero de su fiel compañero de cuatro patas. Boro, un mestizo de schnauzer y perro de agua de siete años, desapareció en las inmediaciones del lugar del siniestro tras sobrevivir milagrosamente al impacto entre dos trenes de alta velocidad.
El domingo 21 de enero, las hermanas Ana García Aranda, de 26 años, y Raquel, de 32, embarazada, viajaban desde Málaga hacia Madrid en el tren Iryo junto al novio de Raquel, Iván, y su querido Boro. Lo que comenzó como un tranquilo regreso tras un fin de semana familiar se convirtió en una tragedia que ha conmocionado a toda España. El choque frontal con un tren Alvia que circulaba en sentido contrario dejó un saldo de decenas de heridos y ha mantenido a Raquel en estado crítico en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Ana, que resultó con heridas en el rostro pero fuera de peligro, ha protagonizado un conmovedor llamado a la sociedad para localizar a su mascota. "Trabajamos en Madrid y veníamos de pasar el fin de semana en Málaga en familia, con el perrito, que es familia también", declaró entre lágrimas horas después del accidente. Su petición, difundida masivamente en redes sociales con la ayuda del Partido Animalista Con el Medio Ambiente (Pacma, ha movilizado a cientos de personas en la provincia cordobesa.
La joven explicó que Boro salió ileso del devastador impacto, pero la confusión y el pánico se apoderaron del animal. "Tiene que estar muy asustado", lamentó Ana, quien relató que el can acudió a su llamada inicialmente, pero el miedo le hizo echar a correr hacia la maleza cercana a las vías. Desde entonces, no ha habido confirmación oficial de su ubicación, a pesar de los intensos rastreos organizados.
El miércoles 24 de enero, el dispositivo de búsqueda recibió un impulso significativo. Tres miembros de Pacma, autorizados por el Ministerio del Interior, se incorporaron a las labores junto a la Guardia Civil. Esta coordinación permitió acceder a la zona del siniestro, un perímetro restringido por las investigaciones técnicas y judiciales. Una pariente de las hermanas acompañó a los rescatistas durante todo el día, manteniendo viva la esperanza.
Sin embargo, la ansiedad de la familia se vio agravada por la propagación de informaciones no confirmadas. "Son las nueve de la noche del 21. Boro todavía no ha aparecido, pero estamos más cerca. Por favor, intentad evitar los bulos porque está siendo muy duro. Son falsas ilusiones y no hace falta", suplicó Ana García en un video publicado en la cuenta de Pacma en la red X. La petición refleja el desgaste emocional de una familia que lucha contra el reloj y contra la desinformación.
Las circunstancias del accidente han añadido una capa de dramatismo a la historia. Ana y Raquel viajaban sentadas en la parte derecha del vagón 7, la zona menos afectada por el choque. Sin embargo, Raquel, que ocupaba el lado izquierdo junto a Boro, habría intentado proteger a la mascota con su propio cuerpo durante los segundos previos al impacto. Este gesto de amor incondicional podría haberle costado graves lesiones en la cabeza, lo que la mantiene inconsciente bajo estrecha vigilancia médica.
El caso de Boro ha resonado especialmente porque pone de manifiesto el vínculo afectivo que millones de familias españolas mantienen con sus animales de compañía. En un momento de crisis nacional, donde los medios se han centrado en las causas técnicas y humanas del accidente, la historia de este perro mestizo recuerda que, para muchos, las mascotas son miembros más de la familia. La solidaridad desinteresada de voluntarios, protectoras y ciudadanos anónimos ha sido constante desde el primer momento.
La búsqueda se ha concentrado en un radio de varios kilómetros alrededor del punto del siniestro, en las proximidades de Adamuz. El terreno, accidentado y cubierto de vegetación mediterránea, dificulta las labores de rastreo. Los equipos han utilizado trampas con comida, cámaras de movimiento y llamados con voces familiares, pero el animal, aterrado por el estruendo y el caos, parece haberse alejado considerablemente.
Expertos en comportamiento canino consultados por diversos medios sugieren que Boro podría estar escondido en algún lugar seguro, esperando a que disminuya su nivel de estrés antes de aproximarse a personas. La presencia de múltiples desconocidos en la zona podría estar retrasando su aparición, ya que el miedo condiciona sus instintos. Por ello, se ha pedido a la población que no realice búsquedas individuales sin coordinación, para evitar dispersar más al animal.
La familia García Aranda, originaria de Málaga pero residente en Madrid, ha agradecido el «enorme cariño y apoyo» recibido. No obstante, han hecho hincapié en la necesidad de manejar con cautela las expectativas. Cada avistamiento no confirmado genera una montaña rusa emocional que dificulta su proceso de duelo y recuperación, especialmente mientras Raquel permanece en la UCI luchando por su vida y la de su bebé por nacer.
El accidente ferroviario de Adamuz ha sido calificado como uno de los más graves de los últimos años en la red de alta velocidad española. Mientras las autoridades investigan las causas del fallo en el sistema de señalización que permitió que dos trenes ocuparan simultáneamente el mismo tramo, las historias personales de las víctimas han conmovido al país. La de Boro es una de ellas, pero simboliza la resiliencia y la espera desesperada de quienes han perdido a un ser querido en circunstancias traumáticas.
La implicación de Pacma ha sido crucial para profesionalizar la búsqueda. La entidad ha proporcionado no solo recursos humanos, sino también asesoramiento técnico y una plataforma de difusión que ha llegado a millones de usuarios. Su experiencia en casos similares les ha llevado a establecer un protocolo claro: zonificación del territorio, turnos de vigilancia y comunicación constante con las fuerzas de seguridad.
Para Ana García, cada minuto sin noticias es una tortura. "Ahora que ella está en observación y estamos esperando aprovecho para buscar a mi perro. Si podéis ayudar a buscar a los animales, que tenemos muchos y son familia también", decía en sus primeras declaraciones. Esta frase resume el sentimiento de innumerables hogares donde las mascotas ocupan un lugar central en la dinámica familiar.
La situación de Raquel en la UCI añade una presión adicional. Los médicos del Hospital Reina Sofía mantienen un seguimiento exhaustivo tanto de su estado como del bienestar del feto. La familia vive entre el hospital y la zona del accidente, dividida entre la esperanza por la recuperación de la hermana mayor y la necesidad de encontrar a Boro, el último eslabón conectado a esa jornada trágica.
Mientras tanto, la Guardia Civil continúa con las labores de búsqueda dentro de sus capacidades, pero reconoce que no pueden destinar todos sus recursos a la localización de una mascota cuando la investigación del siniestro exige una dedicación absoluta. Es aquí donde la colaboración ciudadana se vuelve indispensable. La alerta se mantiene activa en toda la comarca y se ha contactado con veterinarios, protectoras y particulares de localidades cercanas como Montoro, Pedro Abad y Villa del Río.
El tiempo juega en contra. Cada día que pasa reduce las probabilidades de encontrar a Boro sano y salvo, expuesto a los peligros del campo, el hambre y el deshidratación. Sin embargo, historias de animales que regresan semanas después de desastres similares mantienen viva la llama de la esperanza. La familia clama por un final feliz que, al menos, mitigue el sufrimiento acumulado en estos días de calvario.
La sociedad española, conocedora del valor afectivo de las mascotas, ha respondido con una solidaridad que trasciende el simple interés por una noticia. Se han organizado colectas para cubrir gastos de desplazamiento, se han creado grupos de coordinación en redes sociales y se han distribuido miles de carteles con la foto de Boro. La imagen del perro mestizo, con su pelaje rizado y sus ojos dulces, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la vida más allá de las especies.
La lección que deja este caso es múltiple: la importancia de los protocolos de seguridad ferroviaria, la vulnerabilidad en situaciones extremas y, sobre todo, la fortaleza de los lazos afectivos que unen a humanos y animales. Mientras Boro siga sin aparecer, la familia García Aranda no tendrá paz. Y mientras Raquel no abandone la UCI, la incertidumbre será doble.
Para quienes deseen colaborar, las autoridades recomiendan contactar directamente con Pacma o con la Guardia Civil de Adamuz para recibir instrucciones precisas. Cualquier avistamiento debe ser reportado con fotografía si es posible, pero sin intentar capturar al animal por cuenta propia. La paciencia, la prudencia y la coordinación son las únicas herramientas que pueden devolver a Boro a su hogar.
La historia de este perro mestizo es, en definitiva, la historia de un país que, en medio de la tragedia, encuentra en la empatía hacia los más vulnerables su mejor versión. La búsqueda continúa, y con ella, la esperanza de cerrar un capítulo de dolor con un abrazo reconfortante.