Trump usa IA para simular conquista de Groenlandia y Canadá

El presidente publica montajes falsos en Truth Social horas antes de viajar a Davos, donde se reunirá con aliados europeos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desatado una nueva polémica en las redes sociales tras publicar una serie de montajes generados con inteligencia artificial que simulan la expansión territorial de su país. Las imágenes, compartidas en su plataforma Truth Social en la madrugada de este martes, muestran la bandera estadounidense extendiéndose no solo sobre Groenlandia, sino también sobre Canadá y Venezuela, en una representación digital de lo que parece ser una visión imperial de la política exterior.

Esta acción llega en un momento particularmente delicado, apenas horas antes de que Trump emprenda su viaje al foro de Davos, donde se reunirá con varios de sus aliados atlánticos. La difusión de estas imágenes falsas, sin ninguna advertencia sobre su naturaleza manipulada, ha generado preocupación sobre el uso de tecnología generativa para promover narrativas geopolíticas controvertidas.

La primera de las imágenes cuestionadas toma como base una fotografía real de una reunión que Trump mantuvo en agosto pasado en el Despacho Oval con los principales líderes europeos para abordar la guerra en Ucrania. En la versión original, difundida por la Casa Blanca, aparecía un mapa de Ucrania sobre la mesa. Sin embargo, en la versión modificada que Trump ha compartido ahora, el mapa ha sido sustituido por uno de América donde las franjas y estrellas de la bandera estadounidense cubren territorios que van más allá de las fronteras reconocidas internacionalmente.

En este montaje, junto a Trump aparecen la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el primer ministro británico, Keir Starmer; el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. También son visibles el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, todos ellos desconocedores de que su imagen estaría siendo utilizada años después para promover una visión expansionista digital.

La segunda imagen, igualmente creada con herramientas de inteligencia artificial, muestra una escena aún más provocadora. En ella se ve al presidente Trump plantando una bandera estadounidense en un paisaje nevado, flanqueado por su vicepresidente, J.D. Vance, y su secretario de Estado, Marco Rubio. Un cartel prominente en la escena reza "Groenlandia, territorio de Estados Unidos", fechado en 2026, sugiriendo una fecha límite para esta supuesta anexión.

Esta publicación no ha sido un hecho aislado, sino parte de una oleada de mensajes que Trump ha difundido durante la madrugada en Washington. Entre ellos, ha reiterado sus demandas de anexión de Groenlandia, ha criticado la decisión británica de devolver las islas Chagos a Mauricio —un acuerdo que había aprobado previamente— y, de manera sorprendente, ha publicado capturas de pantalla de mensajes privados que le enviaron el presidente Macron y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

El interés de Trump por Groenlandia no es nuevo. Desde su primer mandato, el republicano ha expresado en múltiples ocasiones su deseo de adquirir la isla autónoma danesa, citando razones estratégicas y económicas. Sin embargo, las autoridades de Groenlandia y Dinamarca han rechazado categóricamente cualquier posibilidad de venta, considerando la propuesta una violación de su soberanía.

El uso de inteligencia artificial para crear estas imágenes representa un escalón más en la comunicación política del presidente. A diferencia de las campañas publicitarias tradicionales o los discursos, estos montajes permiten visualizar de manera impactante —aunque ficticia— objetivos políticos que de otro modo quedarían en el terreno de la retórica. El hecho de no advertir sobre su naturaleza digitalmente alterada confunde la línea entre la aspiración política y la realidad factual.

Expertos en tecnología y política exterior han advertido sobre los riesgos de normalizar este tipo de contenido. Cuando un líder mundial comparte imágenes falsas que representan la conquista de territorios soberanos, se establece un precedente peligroso que podría ser imitado por otros actores estatales o no estatales. La facilidad con que la inteligencia artificial puede generar este tipo de material hace que la distinción entre hecho y ficción sea cada vez más difícil para el público general.

La tecnología detrás de estas imágenes es accesible al público general. Herramientas como Midjourney, DALL-E o Stable Diffusion permiten crear montajes realistas en cuestión de minutos con simples descripciones de texto. Lo que antes requería habilidades avanzadas de edición de imágenes ahora está al alcance de cualquier usuario con acceso a internet, democratizando la creación de contenido falso pero también facilitando su uso indebido por figuras de poder.

Históricamente, Estados Unidos ha expandido su territorio mediante compras, como la adquisición de Alaska desde Rusia en 1867 o la Louisiana Purchase de 1803. Sin embargo, estas transacciones ocurrieron en una época diferente del derecho internacional y con el consentimiento de las partes involucradas. La propuesta moderna de "comprar" Groenlandia choca frontalmente con los principios de autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional que rigen el orden mundial contemporáneo.

El Ártico está emergiendo como una zona de competencia geopolítica debido al deshielo provocado por el cambio climático, que abre nuevas rutas marítimas y acceso a recursos. Groenlandia, con su posición central, se ha convertido en un peón estratégico. Sin embargo, los groenlandeses han manifestado repetidamente su deseo de independencia futura, no de cambiar de soberano.

La inclusión de Venezuela en el mapa modificado añade otra capa de complejidad a la narrativa. Mientras que Groenlandia y Canadá son aliados cercanos de Estados Unidos, Venezuela mantiene relaciones diplomáticas tensas con Washington. Esta inclusión podría interpretarse como una amenaza velada o una manifestación de política exterior agresiva hacia el gobierno de Nicolás Maduro.

La publicación de mensajes privados de líderes aliados como Macron y Rutte ha generado inquietud sobre la confidencialidad de las comunicaciones diplomáticas. Esta práctica puede erosionar la confianza entre aliados y dificultar las negociaciones futuras, ya que los líderes externos pueden temer que sus intercambios privados se hagan públicos sin consentimiento.

El contexto temporal de estas publicaciones resulta particularmente significativo. Al hacerlas justo antes de su participación en el foro de Davos, donde se encontrará con muchos de los líderes cuyas imágenes ha utilizado, Trump parece estar enviando un mensaje deliberado sobre su enfoque de política exterior: unilateral, desafiante y dispuesto a utilizar cualquier medio —incluso la ficción digital— para promover sus objetivos.

En Estados Unidos, la reacción ha sido dividida. Mientras algunos seguidores del presidente celebran estas publicaciones como una muestra de fortaleza y visión, críticos y expertos constitucionalistas advierten sobre el peligro de trivializar la soberanía de naciones aliadas y la integridad de las instituciones democráticas. El uso de herramientas de IA para promover expansionismo territorial, incluso en tono de broma, normaliza discursos que pueden tener consecuencias reales en las relaciones internacionales.

Este incidente plantea preguntas fundamentales sobre el futuro de la diplomacia en la era digital. Si los líderes mundiales recurren cada vez más a la ficción generada por algoritmos para comunicar sus aspiraciones, ¿cómo pueden los ciudadanos, los medios y otros gobiernos distinguir entre la retórica política legítima y las amenazas reales? La necesidad de marcos regulatorios que aborden el uso de IA por parte de funcionarios electos se vuelve cada vez más urgente, aunque implementarlos sin violar principios de libertad de expresión presenta desafíos complejos.

La reacción de la comunidad internacional aún está por verse, pero estas acciones probablemente intensificarán el debate sobre la regulación de la inteligencia artificial en el ámbito político y la responsabilidad de los líderes en la difusión de contenido manipulado. Mientras tanto, la isla de Groenlandia, con sus 56,000 habitantes y su autonomía dentro del Reino de Dinamarca, continúa rechazando cualquier posibilidad de convertirse en territorio estadounidense, ya sea en la realidad o en la fantasía digital de un presidente.

Referencias