La familia real española se desplazó hasta Atenas este lunes para participar en los actos fúnebres de la princesa Irene de Grecia, hermana menor de la reina emérita Sofía. El monarca Felipe VI y la reina Letizia, acompañados de sus hijas Leonor y Sofía, quisieron estar presentes en este momento de profundo duelo para la matriarca de la casa real española, quien perdió a una de sus hermanas más cercanas y confidentes.
El viaje, iniciado el domingo, coincidió con una tragedia nacional que conmocionó a España. El accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba, que causó decenas de víctimas mortales y numerosos heridos, no pasó desapercibido para los Reyes. Desde su llegada a la capital helena, don Felipe y doña Letizia mantuvieron una comunicación constante con las autoridades españolas para seguir la evolución de la emergencia. La pareja real expresó su "más sentido pésame" a los familiares de las víctimas y deseó una pronta recuperación para los heridos, demostrando su compromiso institucional incluso en momentos personales difíciles.
La familia real española aterrizó en Atenas el domingo y, tras instalarse en su hotel del centro de la ciudad, se dirigió a un restaurante italiano donde compartieron una cena privada con miembros de la familia real griega. Fue durante esta reunión cuando recibieron las primeras noticias sobre la magnitud del siniestro ferroviario en Andalucía. Desde ese instante, establecieron un canal directo y permanente con el Gobierno español para coordinar la respuesta institucional desde el extranjero.
La ceremonia fúnebre comenzó temprano el lunes con el traslado del féretro a la capilla de Agios Eleftherios, donde permaneció durante más de dos horas para que amigos, familiares y ciudadanos pudieran despedirse de la princesa. Posteriormente, el cortejo fúnebre se dirigió a la catedral metropolitana de Atenas, donde se celebró el funeral religioso. Los restos de Irene de Grecia fueron escoltados por sus sobrinos Pablo, Nicolás y Philippos, quienes asumieron el honor de acompañar a su tía en su último viaje.
Durante toda la ceremonia, la reina emérita Sofía recibió el apoyo incondicional de sus hijas, las infantas Elena y Cristina, así como de la mayoría de sus nietos. Solo faltaron en esta ocasión Froilán Marichalar y Juan Urdangarin. La presencia de la familia española fue un manto de consuelo para doña Sofía, visiblemente conmovida por la pérdida de su hermana.
La familia real griega acudió prácticamente en su totalidad a la catedral. La reina Ana María, viuda del rey Constantino II, encabezó la representación helena junto a su hijo mayor, el príncipe Pablo, actual jefe de la casa real griega. Los cuatro hermanos de Pablo -Alexia, Nicolás, Philippos y Teodora- asistieron con sus respectivos cónyuges, mostrando la unidad familiar en este momento de luto.
Entre las ausencias más notables destacaron la princesa Marie Chantal, quien no pudo viajar debido a la reciente operación de su madre en Nueva York. Sus hijos Odysseas y Olympia tampoco estuvieron presentes, el primero por motivos académicos y la segunda por compromisos laborales. Por su parte, el rey emérito Juan Carlos permaneció en Abu Dabi siguiendo las recomendaciones médicas, ya que sus problemas de salud le impidieron realizar el viaje.
El duelo por la princesa Irene se convirtió en un acto de hermandad entre las dos casas reales, que comparten lazos familiares y emocionales profundos. La presencia de los Reyes con sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, simbolizó la continuidad de estas relaciones entre generaciones. Las jóvenes, ya adolescentes, mostraron su apoyo a su abuela en este difícil momento.
El evento también puso de manifiesto la capacidad de la familia real española para conciliar sus obligaciones personales con su responsabilidad institucional. A pesar de estar en el extranjero por un asunto familiar, don Felipe y doña Letizia no perdieron de vista la tragedia que sacudía a España, manteniéndose informados y ofreciendo su respaldo a las víctimas.
La ceremonia concluyó con el entierro privado de la princesa Irene, en un día marcado por la emoción, el recuerdo y la solidaridad. La familia real española regresó a su hotel tras los actos fúnebres, donde continuaron pendientes de la evolución del accidente ferroviario en su país. Este lunes quedará en la memoria como un día de profunda tristeza por la pérdida de un miembro querido, pero también de unidad familiar y compromiso con la ciudadanía.