Venezuela: entre la transición democrática y el espejismo político

Expertos analizan si los cambios en el país suramericano representan un verdadero cambio democrático o solo un reacomodo de poder

La incertidumbre se ha instalado en las calles y en los análisis políticos de Venezuela durante las últimas semanas. En cada conversación, en cada titular, surge la misma interrogante sin respuesta definitiva: ¿estamos ante el inicio de una transición democrática genuina o tan solo presenciamos un reacomodo estratégico del poder? La pregunta, simple en su formulación, esconde una complejidad que desafía a analistas y ciudadanos por igual, divididos entre la esperanza de un cambio real y la desconfianza ante un posible espejismo.

Los eventos recientes han alimentado ambas interpretaciones. El relevo abrupto de Nicolás Maduro, sumado a la liberación de cientos de presos políticos y algunos signos de distensión en el clima político, han encendido expectativas tanto dentro como fuera del territorio nacional. El término "transición" ha retornado con fuerza al vocabulario público, aunque su significado real permanece en disputa. ¿Designa esto un proceso con rumbo claro hacia la democracia, o simplemente etiqueta un momento histórico aún sin definir?

La respuesta, según seis especialistas consultados, depende del lente con el que se observe la realidad. Todos coinciden en que estamos ante un momento histórico, pero discrepan radicalmente sobre su alcance, naturaleza y destino final. La fractura en el análisis refleja la complejidad de una situación donde los gestos de apertura coexisten con prácticas autoritarias, y donde los intereses internacionales parecen pesar tanto como las dinámicas internas.

Desde una óptica estricta sobre los estándares democráticos, el diagnóstico resulta cautelosamente pesimista. Phil Gunson, investigador senior del Crisis Group, sostiene que la Venezuela actual no reúne los indicadores mínimos que suelen marcar el inicio de una transición democrática. Aunque reconoce la importancia simbólica y humana de las excarcelaciones masivas, advierte que centenares de personas siguen privadas de libertad y decenas permanecen en condición de desaparición forzada, sin que sus familias conozcan siquiera su paradero.

Las restricciones a la libertad de prensa y de asamblea, sumadas a la ausencia de un Estado de derecho robusto y la falta de instituciones independientes, dibujan un escenario poco alentador. Gunson enfatiza que el Gobierno interino de Delcy Rodríguez sigue pautas marcadas desde Washington, pero la administración Trump ha dejado claro que su prioridad es la reforma económica, especialmente en el sector petrolero, postergando indefinidamente la transición política. En este contexto, sin una voluntad genuina de apertura en Caracas, el destino del país dependería de una oposición venezolana débil, dividida y dispersa, y de la presión inconsistente de la comunidad internacional.

El politólogo John Magdaleno comparte esta visión crítica, considerando "prematuro" hablar del inicio de una transición a la democracia. En su análisis, los cambios recientes —incluida la liberación de alrededor de 400 presos políticos— no han alterado las reglas del juego político ni restituido las libertades civiles fundamentales. Magdaleno va más allá, cuestionando incluso que exista un cambio político de fondo: "Lo que ocurrió es un reemplazo del vértice del poder, forzado por una intervención militar extranjera", afirma.

Las señales más claras, según su interpretación, apuntan a una apertura económica controlada, diseñada principalmente para beneficiar a empresas estadounidenses, especialmente aquellas vinculadas al petróleo y la energía. Hasta el momento, no habría evidencia concreta de una voluntad decidida de apertura democrática por parte de quienes detentan el poder. La transición, si es que llega, parece una promesa lejana y condicional.

Desde una perspectiva más estructural, la politóloga Marisela Betancourt habla de un quiebre institucional, pero se resiste a calificarlo como transición. El núcleo del problema, explica, radica en que los cambios no responden a una presión ciudadana organizada ni a una negociación política interna, sino a factores externos y cálculos de supervivencia del régimen. "Es una mutación forzada, no una evolución democrática", resume.

La hoja de ruta que Washington comenzó a esbozar tras los eventos de las últimas semanas revela sus prioridades con claridad: primero la estabilización política básica, luego la recuperación económica, y finalmente, en una etapa sin fecha definida, la transición política propiamente dicha. Esta secuencia deja a la democracia en un tercer plano, como una promesa condicional dependiente de resultados económicos favorables.

Los expertos coinciden en que la intervención estadounidense ha sido el catalizador de los cambios, pero discrepan sobre su naturaleza. Para algunos, representa una oportunidad histórica para forzar una apertura. Para otros, es una imposición geopolítica que prioriza los intereses energéticos sobre los derechos humanos y la soberanía popular.

La ciudadanía venezolana, mientras tanto, observa con una mezcla de cautela y esperanza. Las liberaciones han traído alivio a familias devastadas, pero también temor de que sean un gesto cosmético. Las restricciones continúan, la economía permanece en crisis, y la incertidumbre sobre el futuro paraliza cualquier celebración prematura.

El escenario actual presenta un paradoxal: hay gestos de apertura sin garantías institucionales, hay relevo de figuras sin reforma del sistema, y hay promesas de democracia sin un plan tangible para alcanzarla. Los factores decisivos en las próximas semanas serán la voluntad real de quienes controlan el poder, la capacidad de la oposición para unificarse, y la presión sostenida de la comunidad internacional.

Mientras tanto, la pregunta inicial sigue sin respuesta. Venezuela camina por un terreno movedizo, donde cada paso hacia la apertura puede ser tanto el inicio de una nueva era como una maniobra de distracción. Solo el tiempo, y la coherencia entre discurso y acción, revelarán si estamos ante una transición democrática o ante el espejismo más costoso de su historia reciente.

Referencias