Iñaki Gabilondo: críticas al rey Juan Carlos y la polarización política

El veterano periodista analiza la crisis de la televisión pública, la corrupción y el futuro de España en una entrevista exclusiva

A sus 83 años, Iñaki Gabilondo sigue siendo una voz referente en el periodismo español. Con una trayectoria que abarca décadas, el comunicador donostiarra no ha perdido ni un ápice de su capacidad de análisis ni de su espíritu crítico. En una conversación reciente, ha compartido sus reflexiones sobre el estado de la política, los medios de comunicación y la sociedad española, sin pelos en la lengua.

El periodista, que pronto estrenará una serie documental sobre la lengua española en RTVE, no oculta su malestar con la actualidad política. Su experiencia le permite observar con perspectiva los problemas que aquejan al país, muchos de los cuales, según advierte, son crónicos pero se tratan como si fueran coyunturales.

La figura del rey Juan Carlos, un motivo de descontento

Uno de los temas que más le ha indignado recientemente es la actitud del rey emérito Juan Carlos I. Gabilondo no duda en expresar su frustración: el monarca se ha transformado en un elemento que genera división en lugar de un símbolo de unidad. Esta declaración resulta contundente viniendo de un profesional que ha vivido de cerca la Transición y los años de la consolidación democrática.

Para el periodista, la conducta del monarca emérito representa un problema añadido en un momento ya de por sí complejo para las instituciones españolas. La figura real, que debería actuar como factor de cohesión, se ha convertido en fuente de controversia constante, algo que Gabilondo considera inaceptable.

La polarización: un cáncer para la democracia

El comunicador abandonó sus comentarios diarios en 2021, argumentando que se sentía "empachado" por el enconamiento partidista y la superpolarización. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar. La división entre españoles se ha convertido en un abismo cada vez más difícil de salvar.

Esta polarización extrema no es solo una cuestión de malos modales o falta de diálogo. Gabilondo advierte que funciona como un mecanismo de bloqueo que impide resolver cualquier problema de fondo. Cuando la sociedad se fractura en dos bandos irreconciliables, la capacidad de acuerdo desaparece y todas las soluciones se reducen a la esperanza de que el rival político desaparezca del mapa.

El periodista utiliza un ejemplo concreto: la corrupción. Este fenómeno, que debería ser combatido de manera transversal, se convierte en una herramienta de combate político donde cada bando acusa al otro mientras protege a los suyos. El resultado es que el problema persiste, inalterable, independientemente de quién gobierne.

Televisión pública o televisión de gobierno?

Otro de los grandes temas que aborda Gabilondo es la situación de la televisión pública en España. Con contadas excepciones -la etapa de Adolfo Suárez, en la que él mismo participó, y una breve temporada durante el gobierno de Zapatero-, España nunca ha tenido una televisión pública genuina, sino televisiones privadas controladas por los distintos ejecutivos.

El periodista explica que, históricamente, ganar las elecciones en España equivalía a recibir dos regalos: una cadena de televisión y una caja de ahorros. Este patrimonialismo de los medios públicos ha sido una constante en la democracia española, tanto a nivel estatal como autonómico.

La solución, según Gabilondo, pasa por la voluntad política. Zapatero logró despolitizar TVE, pero sus propios compañeros de partido no replicaron el modelo en las comunidades autónomas donde gobernaban. Nadie quiere renunciar al "cañón Berta", como llama irónicamente al poder que otorga controlar una televisión pública.

Curiosamente, el periodista considera que la pérdida de audiencia masiva de la televisión tradicional debería haber calmado esta histeria por el control. En la era de TikTok y las redes sociales, donde los medios de masas han cambiado de formato, la batalla por TVE parece casi anacrónica.

La carrera por el peor seleccionador de personal

Gabilondo no se muerde la lengua al hablar de la política de nombramientos del actual gobierno. Considera que Pedro Sánchez está a punto de superar el récord de ineptitud en la selección de personal, compitiendo directamente con Esperanza Aguirre por el título de peor seleccionador de la historia política española.

Esta crítica apunta a la tendencia de los gobernantes a colocar a allegados en puestos clave de la administración pública, priorizando la lealtad personal sobre la capacidad profesional. Para el periodista, este fenómeno no es exclusivo de un partido, sino una práctica generalizada que debilita el estado y genera desconfianza ciudadana.

La corrupción: un mal crónico mal diagnosticado

El veterano comunicador insiste en que España tiene un problema de diagnóstico. Considera coyunturales los males crónicos, lo que impide encontrar soluciones duraderas. La corrupción es el ejemplo más claro: se denuncia cuando está de moda, se instrumentaliza políticamente, pero nunca se aborda como el problema sistémico que es.

Este error de diagnóstico lleva a soluciones parciales y temporales. Cada nuevo gobierno promete acabar con la corrupción, pero al atribuirla solo a la gestión anterior, repite los mismos errores. La polarización agrava este problema, ya que cada bando ve en la caída del rival la única solución posible.

Proyectos vigentes y futuros

A pesar de su edad, Gabilondo mantiene una agenda apretada. Pronto estrenará "La gran aventura de la lengua española", una serie documental producida con una productora cultural y que se emitirá en RTVE. El proyecto refleja su pasión por la lengua y su deseo de explorar su riqueza y evolución.

Además, trabaja en otro proyecto sobre el exilio, un tema que le permite seguir indagando en las historias humanas que hay detrás de los grandes acontecimientos históricos. Estos proyectos demuestran que su curiosidad y sus ganas de entender el mundo no han disminuido con los años.

Reflexiones sobre la lengua y el poder

Durante la entrevista, le preguntaron por la frase más bella que ha escuchado en español. Su respuesta fue sencilla pero profunda: "Quiero estar contigo". Por el contrario, las palabras que más le indignaron fueron: "Mis ideas valen más que tu vida", una expresión que resume el totalitarismo y el fanatismo que tanto daño han causado en España y el mundo.

Esta dicotomía refleja la tensión constante en su trabajo: entre la belleza del lenguaje humano y su capacidad para justificar la barbarie.

Conclusiones de un veterano

Gabilondo no es un pesimista, pero sí un realista preocupado. Considera que España malgasta energías en no entenderse, incluso cuando la supervivencia misma de sus instituciones está en juego. La falta de cabeza, como él dice, es evidente cuando se repiten errores que deberían haberse superado hace décadas.

Su llamamiento, implícito en cada una de sus palabras, es a la reflexión y al diálogo. A sus 83 años, sigue creyendo en el poder de las palabras para construir un mundo mejor, aunque reconoce que también pueden destruirlo. Su voz, lejos de apagarse, sigue siendo un faro de lucidez en un mar de ruido mediático.

Referencias