El alcalde de Alcanar dimite tras siete años de lucha contra el cambio climático

Joan Roig abandona el cargo agotado por cinco riadas devastadoras y la falta de apoyo institucional: 'No me voy con la conciencia tranquila'

El alcalde de Alcanar, Joan Roig, ha anunciado su dimisión después de siete años en los que ha tenido que enfrentarse a una pandemia y cinco graves episodios de inundaciones. En una entrevista concedida al programa Salvados, el edil ha reconocido estar profundamente agotado y sin la conciencia tranquila pese a sus esfuerzos por proteger a su municipio de los efectos del cambio climático.

Alcanar, una localidad tarraconense de unos 10.000 habitantes, se ha convertido en uno de los epicentros del impacto climático en la costa catalana. Su situación geográfica, rodeada de barrancos y situada al pie de la montaña del Montsià, la convierte en particularmente vulnerable a los fenómenos meteorológicos extremos. La verticalidad de la montaña hace que las precipitaciones desciendan "con mucha agresividad y en muy poco tiempo", según explica Roig, dejando escaso margen de reacción a la población.

El problema, sin embargo, no es solo natural. El alcalde señala que el urbanismo del siglo XX, especialmente las décadas de los 60 a los 90, ha críticamente agravado la situación. La construcción descontrolada en zonas de desagüe natural ha reducido la capacidad del territorio para absorber el agua, provocando que las consecuencias de cada tormenta sean cada vez más devastadoras. "Hay varios barrancos como ese, que es un ejemplo paradigmático de todo el urbanismo que se fue desplegando durante esas décadas", afirma Roig.

La pesadilla del alcalde comenzó apenas diez días después de tomar posesión del cargo, cuando una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) brutalmente arrasó el municipio. En aquel momento, la administración local pensó que se trataba de un evento excepcional, con margen de un siglo para volver a ocurrir. Pero el desastre se repitió, una y otra vez, hasta sumar cinco grandes riadas en solo siete años.

Cada episodio ha dejado un rastro de destrucción: viviendas inhabitables, infraestructuras completamente colapsadas y proyectos de vida rotos. La reconstrucción tras la primera inundación consumió todo el presupuesto anual del ayuntamiento. Las ayudas prometidas por las administraciones superiores resultaron insuficientes y tardías: apenas el 10% de los gastos y llegando dos años y medio después de los hechos, denuncia el alcalde.

El desgaste personal de Roig es evidente. "No me voy con la conciencia tranquila", reconoce, profundamente consciente de que deja un problema estructural sin resolver. La falta de apoyo institucional ha sido una constante. El edil relata cómo el ministro Marlaska solo le concedió cinco minutos de audiencia, una situación que le dejó "desanimado". En contraste, conversaciones con otros actores le hicieron sentirse "reconfortado", aunque insuficiente para continuar.

Este domingo, su mandato definitivamente llega a su fin, y con él, una etapa marcada por la gestión de crisis continuas. Alcanar vive una "nueva realidad" climática que, según advierte Roig, "no admite excusas". La dimisión del alcalde pone de manifiesto el agotamiento de los gestores locales ante la emergencia climática y la necesidad de respuestas estructurales que vayan más allá de la acción individual.

El testimonio de Roig en Salvados ha visceralmente conmovido a la opinión pública. Ante las cámaras, el alcalde mostró las cicatrices físicas y emocionales que han dejado las sucesivas crisis. Caminando por las calles aún en reconstrucción, señaló edificios que colapsaron por completo, muros derrumbados y negocios que nunca volvieron a abrir. "Ese edificio que ves reformado, toda esta pared, se derrumbó totalmente, provocando daños estructurales serios", relató mientras las imágenes mostraban el devastador panorama.

La secuencia de desastres ha crónicamente marcado la vida diaria de los vecinos. "En otoño, cuando vienen estas fechas, nosotros vivimos mirando al cielo desde hace ya siete años", resume Roig. Esta vigilancia constante ha generado un estado de ansiedad colectiva que afecta a toda la comunidad. Los niños crecen con protocolos de emergencia, los comerciantes invierten con miedo y las familias dudan en renovar sus hogares por temor a nuevas pérdidas.

El coste económico ha sido excesivamente desorbitado para un ayuntamiento de tamaño medio. La primera gran riada agotó por completo el presupuesto municipal anual, dejando sin fondos para servicios básicos como educación, cultura o mantenimiento urbano. Las subvenciones autonómicas y estatales, cuando finalmente llegaron, cubrieron apenas una décima parte de los daños. "Llegaron dos años y medio después", recalca Roig, criticando la burocracia que retrasa la reconstrucción cuando las familias necesitan respuestas inmediatas.

El encuentro con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, claramente simboliza para el alcalde la desconexión entre la administración central y la realidad local. "Solo le concedió cinco minutos", lamenta Roig, quien esperaba una recepción más comprometida ante la gravedad de la situación. Esa brevedad le transmitió que los problemas de Alcanar no eran prioridad, a pesar de ser un claro ejemplo de los riesgos climáticos que amenazan a todo el litoral mediterráneo.

Sin embargo, no todo ha sido desilusión. El alcalde también ha encontrado solidaridad en otros ámbitos, conversaciones que le han genuinamente reconfortado. Aunque no especifica con quién, estos apoyos parciales no han sido suficientes para compensar el peso de la responsabilidad que ha cargado sobre sus espaldas durante este lustro.

La dimisión de Roig urgentemente plantea interrogantes sobre el futuro de Alcanar y de otros municipios en riesgo similar. ¿Quién asumirá el liderazgo en una situación tan compleja? ¿Cómo se articula una respuesta institucional efectiva cuando los recursos locales son insuficientes y la ayuda superior es escasa? El caso de Alcanar evidencia que el cambio climático no es un problema futuro, sino una realidad presente que exige decisiones políticas valientes y recursos proporcionales.

El programa Salvados cierra temporada con este reportaje que deja una reflexión profunda: la emergencia climática está trágicamente agotando no solo los territorios, sino también a quienes intentan protegerlos. La dimisión de Joan Roig es un síntoma de un sistema que no está preparado para la nueva frecuencia e intensidad de los desastres naturales. Mientras tanto, los vecinos de Alcanar continuarán mirando al cielo cada otoño, esperando que la próxima tormenta no sea la definitiva.

Referencias