El arquitecto Joaquín Torres ha roto su silencio para hablar sobre la reciente pérdida de su progenitor, Juan Torres Piñón, fallecido a los 89 años. En una conversación exclusiva con este medio, el diseñador ha querido dejar claro que, pese a las especulaciones, su familia no atraviesa una crisis económica, sino emocional. "No hay ruina ni nada que se le parezca. Lo que hay es una familia absolutamente rota", afirma con voz quebrada por el duelo.
La muerte del ingeniero de caminos ha puesto fin a una existencia marcada por el éxito profesional y las relaciones personales complejas. Torres Piñón, que durante décadas ocupó un lugar destacado en el sector de la construcción española, dejó este mundo rodeado por sus seres queridos, aunque durante sus últimos días apenas reconocía a sus familiares, según reconoce su hijo. Su estado de salud se había deteriorado progresivamente, afectando su capacidad de reconocimiento y comunicación, lo que añadió una capa adicional de dificultad a un momento ya de por sí doloroso.
Un legado empresarial innegable
La trayectoria profesional de Juan Torres Piñón quedará ligada para siempre a una de las empresas de construcción más importantes de España. Su encuentro con Florentino Pérez, once años menor que él, desembocó en la creación de ACS, un gigante del sector que ambos levantaron desde cero. Esta sociedad les convirtió en referentes del mundo empresarial, aunque sus caminos terminarían separándose de forma drástica.
Más allá de su faceta empresarial, Torres Piñón desarrolló una intensa labor académica como profesor emérito del IESE, la prestigiosa escuela de negocios, donde en su época dorada se consideraba uno de los centros empresariales de referencia en toda Europa. Su pasión por el arte le llevó a participar activamente en la vida cultural del país, ocupando posiciones de responsabilidad como patrono del museo Reina Sofía y miembro de honor del Guggenheim de Bilbao, entre otras distinciones. Su compromiso con la cultura y la educación formaba parte integral de su visión de un empresario completo, capaz de contribuir al desarrollo de la sociedad más allá de los beneficios económicos.
La complejidad de un carácter exigente
Joaquín Torres no oculta las contradicciones de su padre. "Era el reflejo de lo que era mi padre, una continua necesidad de demostrar poder, aunque no viese a nadie", explica el arquitecto sobre la espectacular mansión de 3.000 metros cuadrados que diseñó para él en la exclusiva urbanización de Las Encinas, en las afueras de Madrid. Esta residencia, lejos de ser simplemente un hogar, representaba el estatus y la proyección de un hombre acostumbrado a superar límites y a dejar una huella imponente.
La fortaleza mental de Torres Piñón fue, según su hijo, "espectacular", lo que le permitió sobrellevar durante años tratamientos médicos crónicos. Sin embargo, esta misma determinación configuró una personalidad que generó fricciones con su entorno. "Mamá fue amorosa con todo el mundo, pero papá por su carácter y su ambición generó terribles antipatías. Era muy complicado, muy difícil", reconoce el arquitecto con honestidad, sin intentar edulcorar la realidad.
Durante los últimos años, la familia organizó turnos para acompañar al patriarca en su residencia. Joaquín Torres cumplió la promesa que hizo a su madre de cuidar de su padre hasta el final, una responsabilidad que asumió con total dedicación. Este compromiso familiar, sin embargo, no ha evitado las tensiones internas que ahora el arquitecto describe como una familia "rota", evidenciando que el cuidado no siempre implica una conexión emocional plena.
La ruptura con Florentino Pérez
Uno de los aspectos más destacados de la vida de Juan Torres Piñón fue su relación con Florentino Pérez. Ambos forjaron un vínculo empresarial que trascendió lo profesional, llegando a considerarse sus familias como una sola. Sin embargo, hace veinticinco años, Torres vendió su participación accionarial y el contacto entre ambos cesó por completo. La ruptura fue total, sin aparente posibilidad de reconciliación, marcando un antes y un después en la vida de ambos.
A pesar de esta distancia, el presidente del Real Madrid acudió el pasado lunes al tanatorio de Pozuelo de Alarcón para dar el último adiós a su antiguo socio. Un gesto que cobra más significado tras las palabras de Joaquín Torres: "Me atrevo a decir que fue la persona más importante de su vida, con toda certeza". Esta declaración revela la profundidad de un vínculo que, aunque roto, nunca desapareció del todo del corazón del ingeniero.
La ironía del destino quiso que, en sus últimos momentos de lucidez, el ingeniero mencionara precisamente a quien había sido su socio y amigo durante décadas. "En los últimos días apenas reconocía a la familia, pero sin embargo sí habló de Florentino, fíjate que después de veinticinco años sin hablarse, siempre tuvo una dependencia", revela el arquitecto. Esta confesión habla de una relación compleja, donde el resentimiento convivía con el reconocimiento mutuo y una dependencia emocional no resuelta.
Joaquín Torres no duda en reconocer las cualidades que unieron a ambos empresarios: "Ambos eran listos, ambiciosos, les unían muchas cosas". Y destaca el mérito de haber creado un imperio empresarial en una sola generación, algo que diferencia a ACS de otras grandes constructoras que han necesitado varias generaciones para consolidarse. Esta singularidad hace de su historia un caso único en el panorama empresarial español, y explica en parte la intensidad de su conexión.
Un duelo compartido
El arquitecto quiere agradecer públicamente las numerosas muestras de condolencia recibidas. Entre los mensajes más valorados figuran los de amigos como Miquel Roca, la familia Oriol o los March. La familia está organizando un funeral que tendrá lugar en los próximos días, un acto que permitirá a amigos y familiares despedirse de Juan Torres Piñón de la manera que él hubiera deseado. Este evento servirá también como punto de encuentro para una familia que necesita reconstruir sus lazos y encontrar un espacio de sanación colectiva.
La difícil situación personal de Joaquín Torres
La pérdida de su padre se suma a un período especialmente complicado para el arquitecto. Desde que en diciembre de 2023 sufriera un grave accidente de tráfico, su vida ha dado un giro dramático. "Ha sido una película de terror de la que estoy intentando salir, aunque reconozco que me faltan fuerzas", admite con total sinceridad. Las secuelas del accidente han afectado gravemente su día a día, limitando su capacidad de trabajo y de disfrute de las actividades cotidianas.
El impacto del siniestro, unido ahora al fallecimiento de su padre, ha puesto a prueba la resistencia del profesional, que se encuentra en un proceso de recuperación tanto física como emocional. La concatenación de eventos ha convertido los últimos meses en una auténtica prueba de fuego para toda la familia, que ha tenido que hacer frente a múltiples crisis simultáneamente sin apenas tiempo para procesar cada una de ellas.
Reflexiones sobre el legado
La historia de Juan Torres Piñón es un recordatorio de cómo el éxito profesional no siempre va de la mano de la armonía personal. Su trayectoria en el mundo empresarial, sus logros académicos y su compromiso con el arte contrastan con las dificultades en sus relaciones cercanas. Esta dualidad configura un retrato humano complejo, lejos de estereotipos simplistas, y nos recuerda que las grandes fortunas y logros no garantizan la felicidad familiar.
Joaquín Torres, mientras tanto, continúa procesando el duelo mientras intenta recuperarse de sus propias heridas. La promesa cumplida a su madre, el cuidado de su padre hasta el último momento, y la gestión de una familia "rota" conforman un panorama emocionalmente exhaustivo. El arquitecto se enfrenta ahora al reto de reconstruir su propia vida mientras honra la memoria de su padre, un equilibrio difícil de mantener.
El arquitecto no cierra la puerta a sanar las heridas familiares. El funeral que prepara será el primer paso para honrar la memoria de quien fue, con todas sus luces y sombras, y quizás el inicio de una nueva etapa para una familia que, pese a todo, ha demostrado resistencia ante la adversidad. La posibilidad de reconstrucción emocional está presente, aunque el camino será largo y complejo, requiriendo tiempo, paciencia y voluntad de todos los miembros.