La carrera internacional de Cristhian Mosquera se ha convertido en uno de los debates más apasionantes del fútbol reciente. Con apenas 21 años, el defensa del Arsenal se encuentra en una situación privilegiada pero compleja: debe decidir si representa a España, el país que le vio nacer y crecer como futbolista, o a Colombia, la nación de sus ancestros familiares. Su reciente actuación en la Champions League, donde brilló contra el Bayern Múnich, ha intensificado la lucha entre ambas selecciones por asegurar su compromiso de cara al Mundial 2026.
Nacido en Alicante, Mosquera ha transitado por todas las categorías del fútbol formativo español. Desde la Sub-15 hasta la Sub-23, ha defendido la camiseta roja en más de 39 ocasiones, forjando un vínculo sólido con la estructura de la Real Federación Española de Fútbol. Su participación en los Juegos Olímpicos de París 2024 consolidó su status como una de las promesas más sólidas del panorama nacional. Para el cuerpo técnico de la Sub-21, el central es una pieza indiscutible de un proyecto que busca nutrir a la selección absoluta con talento de primer nivel.
Sin embargo, la ausencia de una convocatoria con el equipo mayor de Luis de la Fuente genera incertidumbre. A pesar de que los responsables de las categorías inferiores consideran a Mosquera un futuro líder de la defensa española, la falta de una llamada definitiva mantiene la puerta entreabierta a otras opciones. Esta circunstancia no ha pasado desapercibida para la Federación Colombiana de Fútbol, que ha desplegado una estrategia persistente para seducir al joven defensa.
La insistencia de Colombia no es reciente. Ya en 2023, intentaron incluirlo en el Sudamericano Sub-20 sin conseguir su adhesión. Desde entonces, los contactos se han multiplicado. El presidente de la federación, Ramón Jesurún, ha confirmado públicamente varios acercamientos directos con el entorno del futbolista. La propuesta va más allá de las categorías juveniles: la selección absoluta colombiana le ha ofrecido un lugar inmediato en su eje defensivo, una tentación considerable para un jugador que ansía consolidarse en el máximo nivel internacional.
El traslado al Arsenal en julio de 2025, procedente del Valencia, ha catapultado su proyección. Bajo las órdenes de Mikel Arteta, Mosquera ha demostrado una adaptación fulgurante al ritmo de la Premier League. Sus atributos físicos (1.91 metros de estatura) combinados con una velocidad excepcional para su talla y una salida de ballo limpia lo convierten en un prototipo de central moderno. Estas cualidades han llamado la atención de los grandes clubes y, por extensión, de los seleccionadores nacionales, que no pueden permitirse perder a un talento de tal envergadura.
Tras el partido contra el Bayern Múnich, la prensa abordó el tema en la zona mixta del Emirates Stadium. Su respuesta, lejos de aclarar el futuro, alimentó aún más la especulación. "Es una pregunta que me hacen mucho, yo estoy muy tranquilo. Estoy trabajando en mi club para que se den grandes cosas, ese es el camino a seguir", manifestó el defensa, eludiendo pronunciarse abiertamente por cualquiera de las dos opciones. Esta postura, interpretada como una puerta abierta, permite que su rendimiento en el terreno de juego sea el único argumento que defina su próximo paso.
El contexto genera presión en ambas federaciones. España, con una tradición defensiva que necesita renovación, ve en Mosquera un candidato natural para suplir a generaciones venideras. Colombia, por su parte, busca reforzar su zaga con un futbolista formado en la élite europea, un perfil cada vez más cotizado en el fútbol sudamericano. La decisión del jugador no solo afecta su carrera personal, sino que también simboliza la creciente competencia global por los talentos binacionales.
El tiempo juega en contra de la ambigüedad. Con el Mundial 2026 en el horizonte, ambas selecciones necesitan definir sus plantillas cuanto antes. Cada partido que Mosquera dispute con el Arsenal se convierte en una oportunidad para que los ojeadores de España y Colombia evalúen su evolución. Su valor de mercado, tanto deportivo como simbólico, aumenta con cada actuación sólida, convirtiéndolo en uno de los activos más preciados del fútbol internacional.
La situación recuerda a otros casos similares, donde jugadores con doble nacionalidad han debido elegir entre su país de nacimiento y sus orígenes familiares. La diferencia radica en el momento de la carrera de Mosquera: su juventud le permite esperar, pero también lo expone a una presión constante. Cada declaración suya es analizada al milímetro, cada gesto interpretado como una señal encubierta.
Mientras tanto, el futbolista mantiene el foco en su club. Su discurso, centrado en el crecimiento personal y el éxito colectivo del Arsenal, refleja una madurez notable para su edad. Esta actitud, lejos de ser una evasiva, puede ser la estrategia más inteligente: dejar que el fútbol hable por él. Si continúa su progresión, la convocatoria de la selección española parece inevitable, pero la insistencia colombiana añade una variable impredecible.
El desenlace de esta historia está por escribirse. Lo que parece claro es que Cristhian Mosquera no pasará desapercibido. Su talento, su origen y su momento de forma han creado un perfecto escenario de suspense deportivo. Tanto España como Colombia seguirán de cerca cada uno de sus pasos, conscientes de que la decisión de este joven central puede marcar un antes y un después en sus respectivos proyectos de selección. El fútbol, al fin y al cabo, es también un juego de estrategia fuera del campo.