El periodista y escritor murciano Juan Soto Ivars ha decidido abordar en su nueva obra literaria uno de los temas más sensibles del debate público español. Bajo el título 'Esto no existe', publicado por la editorial Debate, el autor se adentra en lo que él denomina el último gran tabú de la sociedad contemporánea: las repercusiones no deseadas de la Ley Integral contra la Violencia de Género. Su investigación, lejos de ser una mera especulación teórica, se basa en casos concretos y en un análisis crítico de cómo ciertos mecanismos legales habrían generado efectos perversos en la práctica judicial.
La presentación oficial del libro en Madrid estuvo rodeada de una inusual tensión. Según fuentes cercanas al evento, la sala contó con guardias de seguridad privada ante la recepción de amenazas previas. Esta circunstancia, que el propio autor ha confirmado, pone de manifiesto el clima de polarización que rodea cualquier intento de cuestionar el marco normativo actual sobre violencia machista. Para Soto Ivars, esta reacción violenta precisamente valida su tesis: el tema se ha convertido en un dogma intocable, ajeno al escrutinio democrático.
El núcleo argumental de 'Esto no existe' gira en torno a la idea de que el sistema ha creado incentivos desvirtuados. El autor sostiene que, en contextos de rupturas matrimoniales conflictivas, la posibilidad de obtener ventajas procesales en materia de custodia o economía familiar habría llevado a la instrumentalización del delito penal. No se trata de negar la existencia de la violencia contra las mujeres, un problema real y grave que el autor reconoce explícitamente, sino de poner el foco en aquellas situaciones donde la acusación se habría convertido en una herramienta de presión judicial.
Uno de los aspectos más controvertidos que desgrana el libro es el tratamiento de la presunción de inocencia. Soto Ivars argumenta que, en la práctica, esta garantía fundamental se diluye cuando el imputado es un hombre acusado de violencia de género. La aplicación de medidas cautelares como órdenes de alejamiento o ingresos en prisión provisional, combinada con la carga de la prueba invertida en algunos supuestos, habría generado un desequilibrio que afecta a personas inocentes.
La obra también cuestiona la fiabilidad de las estadísticas oficiales. El periodista murciano habla de "cifras zombi", datos que según su análisis habrían sido manipulados o interpretados de forma sesgada para mantener un relato institucional. Esta red de números, argumenta, alimentaría una industria de la victimización que requiere constantemente de nuevos casos para justificar su existencia y su financiación pública.
El término "dinero violeta", acuñado en el libro, hace referencia a los millones de euros que fluyen anualmente hacia asociaciones, servicios y programas vinculados a la lucha contra la violencia de género. Soto Ivars cuestiona la transparencia en la gestión de estos fondos y sugiere que habría creado una red clientelar con intereses propios, alejados de la verdadera protección de las víctimas. Esta red, según su tesis, no solo sobreviviría gracias al mantenimiento del status quo, sino que lo reforzaría activamente.
La figura del menor como arma arrojadiza constituye otro pilar de la denuncia. El autor documenta casos donde los hijos habrían sido utilizados como "balas de plata" en procesos judiciales, con denuncias presentadas en nombre de los niños para fortalecer las acusaciones contra el progenitor. Esta práctica, denuncia, no solo dañaría al padre, sino que generaría un trauma adicional en los menores, convertidos en peones de una batalla legal.
La reacción del establishment político y mediático no se ha hecho esperar. Desde diversos sectores se ha acusado a Soto Ivars de minimizar la violencia machista y de alimentar discursos reaccionarios. Sin embargo, el autor se defiende argumentando que su objetivo es precisamente fortalecer el sistema identificando sus fallos. Compararía la situación con un edificio: antes de reforzar los cimientos, es necesario detectar las grietas.
En entrevistas recientes, el escritor ha insistido en que su crítica no es ideológica sino técnica. Habla de una "anomalía democrática" española, donde el consenso político blinda una normativa que en otros países europeos no existe en esta forma. Menciona ejemplos de naciones como Francia o Alemania, donde la violencia doméstica se enmarca en legislaciones generales sin distinción de género, obteniendo resultados igualmente efectivos en la protección de víctimas.
El debate generado por 'Esto no existe' trasciende el ámbito jurídico para adentrarse en el terreno de la libertad de expresión. ¿Hasta qué punto una sociedad democrática puede permitirse cuestionar leyes consideradas intocables? La respuesta de Soto Ivars es contundente: sin crítica no hay progreso, y sin reconocer los errores no se protege verdaderamente a las víctimas reales.
La polémica obra llega en un momento de máxima sensibilidad social sobre estas cuestiones. Los movimientos feministas han logrado una presencia sin precedentes en el debate público, mientras que colectivos de padres separados y juristas críticos ganan voz. En este contexto, el libro de Soto Ivars se posiciona como una suerte de punto de inflexión, un intento de romper el bloqueo discursivo que, según el autor, impide reformas necesarias.
La pregunta que subyace en cada página es si España está preparada para un examen honesto de sus políticas de género. El autor apuesta por la necesidad de un diálogo sin censuras, donde las voces disidentes no sean automáticamente etiquetadas como reaccionarias. Solo así, concluye, se podrá construir un sistema verdaderamente justo que proteja a todas las víctimas sin crear otras injusticias paralelas.
Con un estilo directo y documentado, 'Esto no existe' se ha convertido en uno de los lanzamientos editoriales más controvertidos del año. Su impacto en la opinión pública y su capacidad para abrir espacios de debate cerrados durante décadas marcarán, sin duda, la agenda social de los próximos meses. Mientras tanto, Juan Soto Ivars continúa defendiendo su tesis: reconocer los fallos del sistema no es debilitarlo, sino todo lo contrario.