Gary Stevenson: del trading millonario a la lucha contra la desigualdad

El ex-corredor de divisas que abandonó la City para convertirse en una de las voces más críticas del sistema económico actual

Gary Stevenson tiene 39 años y un pasado que pocos activistas antidesigualdad pueden presumir. Nacido en Ilford, un barrio obrero del este de Londres donde los rascacielos del distrito financiero oscurecen el cielo, Stevenson vivió en carne propia la contradicción entre la pobreza de su entorno y la opulencia de la City. Su talento para las matemáticas le abrió las puertas de Citibank en 2008, cuando apenas contaba 22 años. En poco tiempo, se convirtió en uno de los traders más rentables del mundo, generando millones para su banco desde el mercado de divisas.

Sin embargo, el éxito financiero no le llenaba. A los 27 años, en Tokio, estaba al borde del colapso emocional. Su ambición se había desvanecido y su único objetivo era conseguir que le despidieran. Fue en un karaoke japonés donde una conversación casual le cambió la perspectiva. Un veterano compañero le dijo que el karaoke no se trataba de cantar bien, sino de que los demás disfrutaran. Esa lección sobre el egoísmo y la preocupación por los demás se convirtió en un punto de inflexión.

La revelación del karaoke fue una metáfora perfecta para su crisis existencial. Stevenson comprendió que su trabajo en la banca no solo no aportaba valor social, sino que activamente contribuía a hacer el mundo más desigual. La especulación financiera que tan bien remuneraba era un mecanismo de extracción de riqueza que beneficiaba a unos pocos a costa de la mayoría. Cada operación exitosa que ejecutaba desde su mesa de trading era, en última instancia, un pequeño golpe al tejido económico de las clases trabajadoras.

De vuelta a Londres, Stevenson decidió consagrar su vida a una misión diferente. Comenzó a producir vídeos rudimentarios en YouTube hace cinco años, explicando con su marcado acento de clase obrera y su estilo directo por qué el sistema económico actual es insostenible. Su libro de memorias, "El juego del dinero", publicado en febrero de 2024 por Penguin, consolidó su figura como uno de los críticos más incisivos del establishment financiero.

Su mensaje es claro y contundente: hay que subir los impuestos a los más ricos para reducir la desigualdad. Para Stevenson, esta no es una cuestión ideológica, sino una necesidad práctica. La concentración extrema de riqueza está corroyendo el tejido social y económico, y la única solución es una redistribución mediante la fiscalidad progresiva. No propone una revolución, sino una reforma profunda del sistema tributario que recupere la lógica de los años de prosperidad compartida.

La reacción del establishment no se hizo esperar. El Financial Times publicó un extenso artículo cuestionando su récord como trader, intentando desacreditar su credibilidad. Para Stevenson, este ataque demuestra que el establishment teme su discurso. No le importa que le cuestionen su pasado profesional; lo que le importa es que su mensaje sobre la desigualdad llegue a la población. La estrategia es obvia: si no pueden refutar los argumentos, atacan al mensajero.

Hoy, Stevenson vive en Limehouse, a escasos metros de donde creció y con vistas a la torre de Citigroup. Es una ubicación simbólica: no ha olvidado sus raíces ni el sistema que abandonó. Su estilo sigue siendo austero: rapado al tres, vestimenta deportiva, acento que delata su origen humilde. No pretende ser un gurú, sino un activista que entiende el sistema desde dentro. Su autenticidad es su mayor activo.

La clave de su argumento es que la desigualdad no es un accidente, sino un diseño. Los mercados financieros están estructurados para beneficiar a quienes ya tienen capital. La especulación, los paraísos fiscales, la presión fiscal regresiva: todo ello son mecanismos que perpetúan la concentración de riqueza. Y Stevenson lo sabe mejor que nadie, porque fue uno de sus beneficiarios. Operaba con derivados complejos, ejecutaba estrategias de carry trade y participaba en el ecosistema de high-frequency trading que tanto contribuye a la volatilidad y la extracción de valor.

Su activismo se centra en desmitificar la economía para el ciudadano medio. En sus vídeos, que acumulan cientos de miles de visualizaciones, explica conceptos complejos como los derivados crediticios o el quantitative easing con lenguaje sencillo y ejemplos cotidianos. No habla desde la torre de marfil de la teoría económica, sino desde la práctica brutal de los mercados. Sabe exactamente cómo funcionan los mecanismos que critica porque los manipuló durante años. Esa experiencia práctica le da una autoridad que los académicos no tienen. Puede contar anécdotas concretas de cómo se tomaban decisiones que afectaban a millones de personas sin ninguna consideración ética, cómo se incentivaba la toma de riesgos irresponsables y cómo los bonus personales se priorizaban sobre la estabilidad del sistema.

La lección del karaoke sigue presente en su trabajo. Stevenson no busca brillar individualmente, sino que su audiencia "se divierta", es decir, que entienda y se empodere. Su objetivo no es construir una marca personal, sino un movimiento. Quiere que la gente deje de preocuparse solo por su propia supervivencia económica y empiece a pensar en el bien colectivo. En una sociedad donde el individualismo extremo es la norma, su mensaje sobre la preocupación mutua es radical.

El ex-trader representa una nueva generación de activistas: insiders que han visto el sistema desde dentro y han decidido traicionarlo. No son teóricos académicos, sino testigos directos de la maquinaria de la desigualdad. Su credibilidad proviene de haber estado del lado ganador y haber rechazado el premio. Es como el ex-fumador que se convierte en el crítico más vehemente del tabaco: su testimonio tiene un peso especial.

En un momento en que la desigualdad alcanza niveles récord y la confianza en las instituciones financieras es mínima, voces como la de Stevenson tienen un impacto especial. No ofrece soluciones mágicas, pero sí un diagnóstico claro y una propuesta concreta: gravar más a los que más tienen. Es una idea que, según él, no solo es justa, sino necesaria para la estabilidad del sistema. La alternativa, advierte, es un colapso social cada vez más probable.

Cuando se le pregunta sobre las críticas de que subir impuestos desincentiva la inversión, Stevenson responde con datos de su propia experiencia. 'Los ricos no dejan de invertir porque suban los impuestos', argumenta. 'Simplemente buscan mejores formas de evadirlos'. Su propuesta incluye cerrar loopholes fiscales, gravar la renta del capital más que la del trabajo y establecer un impuesto mínimo global para grandes fortunas. No se trata de castigar el éxito, sino de evitar que la riqueza se acumule de forma cancerosa en pocas manos.

Su historia demuestra que es posible cambiar de bando, que el talento puede redirigirse desde la especulación hacia el activismo. Y que a veces, las lecciones más importantes no vienen de los libros de economía, sino de una noche de karaoke en Tokio. Stevenson no es un santo, ni pretende serlo. Es simplemente alguien que vio la verdad sobre el sistema que servía y decidió que no podía seguir siendo parte del problema.

Referencias