Alfonso Guerra: La agenda política la marca un partido con solo el 1,6% de los votos

El exvicepresidente del Gobierno defiende el espíritu de consenso de la Constitución de 1978 y critica la polarización actual entre PSOE y PP

El exvicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, ha protagonizado una conferencia magistral en el Aula de Grados de la Facultad de Derecho, donde ha reflexionado sobre el legado de la Transición española y los desafíos actuales del sistema político. Su intervención ha puesto de relieve la profunda preocupación por la falta de entendimiento entre los principales partidos y la influencia desproporcionada de formaciones minoritarias en la agenda nacional.

Durante su exposición, Guerra ha trazado un paralelismo evidente entre el clima de colaboración que permitió aprobar la Constitución de 1978 y la situación actual, caracterizada por el enfrentamiento permanente. Según sus palabras, la capacidad de diálogo y renuncia mutua que existió hace cuatro décadas ha desaparecido por completo del panorama político español.

El deterioro del consenso político

El histórico dirigente socialista ha sido tajante al afirmar que en la actualidad no es posible alcanzar acuerdos fundamentales porque los dos grandes partidos, PSOE y PP, mantienen una actitud de confrontación constante. Esta dinámica, a su juicio, impide cualquier tipo de gobernabilidad efectiva y bloquea las reformas estructurales que el país necesita.

"En estos momentos, la agenda de la política nacional la marca un partido que tiene el 1,6 por ciento de los votos", ha declarado Guerra, en una crítica directa a la influencia desmesurada que ciertas formaciones minoritarias ejercen sobre las decisiones de Estado. Esta afirmación pone el foco en el sistema de representación actual y cómo pequeños grupos parlamentarios pueden condicionar la legislatura.

Reformas necesarias, pero con cautela

Sobre la posibilidad de modificar la Carta Magna, el exvicepresidente se ha mostrado partidario de reformas puntuales dentro de la Constitución, no una reforma integral de la misma. Esta distinción semántica refleja su defensa del texto aprobado en 1978 como un documento sólido que no requiere cambios radicales, sino ajustes específicos para adaptarse a las nuevas realidades.

En relación con el debate sobre la ley electoral, Guerra ha reconocido que el sistema diseñado hace décadas es técnicamente muy bueno, pero ha generado resultados paradójicos. La representación proporcional con correcciones mayoritarias, que buscaba garantizar la gobernabilidad, ha terminado por fragmentar el panorama político y otorgar un poder de veto desproporcionado a formaciones con escaso respaldo popular.

El espíritu de la Transición

Uno de los mensajes más contundentes de la conferencia ha sido la reivindicación del proceso constituyente de 1978. Guerra ha desmontado la tesis de que la izquierda redactó la Constitución contra la derecha, insistiendo en que se trataba de un proyecto conjunto que contó con la participación activa de todas las fuerzas democráticas, incluidos los nacionalistas.

"Todos los partidos políticos que participamos en la redacción de los textos tuvimos la capacidad de llegar al consenso porque cada uno renunció a ciertas cosas. Si todos renunciábamos a una parte se podía alcanzar la igualdad", ha explicado el exvicepresidente. Este ejercicio de concesiones mutuas permitió que la Constitución recibiera solo seis votos en contra en las Cortes, un hito histórico en la estabilidad democrática.

El dirigente socialista ha contrastado esta actitud con la actual, donde "los partidos políticos no tienen un proyecto propio e impiden que gobiernen los de enfrente". Esta falta de proyecto compartido, según su análisis, genera una dinámica de bloqueo que paraliza la acción de gobierno y debilita las instituciones.

Los desafíos del modelo territorial

Otro de los puntos críticos abordados ha sido el modelo de cooperación entre el Estado central y las comunidades autónomas. Guerra ha señalado que la Constitución no ha resuelto satisfactoriamente las relaciones entre ambos niveles de gobierno, lo que se ha evidenciado en crisis recientes.

Durante la pandemia, la DANA de Valencia o la erupción volcánica en Canarias, según su testimonio, se produjeron enfrentamientos constantes entre administraciones sin que en ningún momento se respetara plenamente el marco constitucional. Estos conflictos intergubernamentales, ha argumentado, demuestran la necesidad de clarificar competencias y establecer mecanismos de colaboración efectivos.

Lecciones del pasado para el futuro

El exvicepresidente ha recordado que durante los dos siglos anteriores a la Constitución de 1978, España vivió un ciclo perverso: "el que llegaba al poder perseguía a los otros y la administración no funcionaba porque los que habían estado durante dos años eran expulsados y sustituidos por otras personas". Este patrón de revanchismo político y purga administrativa fue roto por el texto constitucional.

Para Guerra, la clave del éxito de la Transición radicó en que la Constitución fue concebida como un texto para todos los españoles, no como una herramienta para enfrentar a unos contra otros. Este carácter integrador, ha defendido, es lo que la convierte en la mejor Constitución que ha tenido España hasta la fecha.

Un llamamiento al diálogo

En sus conclusiones, el histórico dirigente ha hecho un llamamiento a recuperar el espíritu de 1978. "Creo en los acuerdos entre los partidos, y eso sólo se puede hacer apelando al espíritu de la Constitución", ha manifestado, subrayando que la gobernabilidad exige voluntad política y capacidad de ceder en beneficio del interés general.

La conferencia de Alfonso Guerra ha servido como un recordatorio de una época en la que la política española priorizó el consenso sobre la confrontación. Sus críticas a la situación actual reflejan la preocupación de una generación de políticos que vivió directamente el proceso de transformación democrática y que ve con desasosiego cómo la polarización amenaza la estabilidad institucional construida con tanto esfuerzo.

Referencias