El Índice de Precios de Consumo (IPC) registró una tasa interanual del 3% durante el mes de noviembre, lo que representa una moderación de una décima respecto al dato de octubre, cuando se situó en el 3,1%, su nivel más elevado en los últimos 16 meses. Esta desaceleración, confirmada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), rompe con la tendencia alcista de los dos meses anteriores y ofrece un respiro a la economía doméstica, aunque no sin matices importantes que merecen un análisis detallado.
La dinámica de la inflación en España durante 2024 ha estado marcada por la volatilidad de los componentes energéticos y alimentarios, junto con una presión creciente en los servicios. El dato de noviembre confirma este patrón, con factores contradictorios que dibujan un panorama complejo para los consumidores, empresas y responsables políticos.
La electricidad como principal freno a la inflación
El factor determinante detrás de esta moderación ha sido el comportamiento de los precios de la electricidad. Según explican tanto el INE como el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, la energía eléctrica experimentó una caída significativa en noviembre de 2024, en contraste con el incremento que sufrió en el mismo mes del año anterior. Esta divergencia ha ejercido una presión deflacionista considerable sobre el índice general, demostrando una vez más el impacto desproporcionado que tiene el coste energético en la economía española.
España ha sido tradicionalmente vulnerable a las fluctuaciones del mercado eléctrico, con un sistema que depende en gran medida de las renovables pero también de los ciclos combinados de gas, cuyos precios están sujetos a la volatilidad internacional. La caída registrada en noviembre puede atribuirse a una combinación de factores: mayor producción eólica, menor demanda por temperaturas moderadas y una cierta estabilización en los mercados mayoristas europeos.
No obstante, este efecto positivo ha sido parcialmente compensado por presiones al alza en otros sectores clave de la cesta de consumo. Los alimentos y bebidas no alcohólicas, componentes esenciales de la cesta de la compra de cualquier hogar, han registrado aumentos de precios cuando en noviembre de 2023 experimentaron descensos. Este cambio de tendencia resulta preocupante para las familias, que destinan entre el 20-25% de su presupuesto a estos productos.
De manera similar, el sector de ocio y cultura ha moderado sus rebajas estacionales menos que en el mismo periodo del año pasado, contribuyendo así a mantener la presión inflacionista. Este componente, que incluye desde entradas de cine y teatro hasta suscripciones digitales y actividades recreativas, refleja la recuperación de la demanda de servicios tras años de restricciones y la capacidad de las empresas del sector para trasladar costes a los consumidores.
El ascenso de la inflación subyacente: una señal de alerta
Mientras el IPC general mostraba signos de moderación, la inflación subyacente —aquella que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados, considerados más volátiles y ajenos a la política monetaria— escaló una décima hasta situarse en el 2,6%. Este dato resulta especialmente relevante porque representa el nivel más alto alcanzado por este indicador desde diciembre de 2024.
La subyacente constituye un termómetro más fiable de las tendencias de precios de fondo en la economía, ya que elimina los factores externos más impredecibles y refleja mejor las presiones derivadas de la demanda interna, los costes laborales y la competencia en los mercados de bienes y servicios manufacturados. Su ascenso hasta el 2,6% sugiere que las presiones inflacionistas de carácter estructural persisten en el tejido económico español.
Este incremento probablemente esté impulsado por varios factores convergentes. Por un lado, la fortaleza del mercado laboral español, con tasas de empleo en máximos históricos, está generando presiones salariales crecientes. Las negociaciones colectivas acumulan un incremento salarial medio superior al 3%, lo que las empresas trasladan parcialmente a precios. Por otro, la demanda interna muestra una resistencia notable, alentada por el turismo internacional y la confianza del consumidor, lo que permite a las empresas mantener márgenes.
Variaciones mensuales y datos armonizados: una perspectiva comparada
En términos mensuales, es decir, comparando noviembre con octubre de 2024, el IPC registró un incremento del 0,2%, cinco décimas por debajo del avance del mes anterior. Este dato refleja una cierta estabilización en la evolución de precios a corto plazo y aleja el fantasma de una aceleración descontrolada en el último trimestre del año.
Por su parte, el IPC armonizado (IPCA), el indicador comparable a nivel europeo que permite establecer comparaciones homogéneas entre países de la Unión Europea, también recortó una décima su tasa interanual, quedándose en el 3,1%. En valores mensuales, el IPCA se mantuvo estable, mientras que su componente subyacente se estima en el 2,7% para noviembre, ligeramente por encima del dato nacional.
Estas cifras sitúan a España ligeramente por encima de la media del eurozona, que se estima en torno al 2,3-2,4% para noviembre. Esta diferencia de 60-70 puntos básicos refleja las particularidades de la economía española, con una mayor incidencia de servicios, una estructura de consumo donde la energía y los alimentos tienen un peso significativo, y una recuperación turística que ejerce presión sobre precios en determinadas regiones.
Impacto en las pensiones: revalorización del 2,66%
Los datos de inflación tienen consecuencias directas e inmediatas en la capacidad adquisitiva de los pensionistas, uno de los colectivos más sensibles a la evolución de precios. De acuerdo con la fórmula de revalorización automática establecida en la Ley de reforma de pensiones, la subida de las pensiones contributivas para 2025 se situaría en el 2,66%, calculada sobre la media de la inflación del año.
Es importante contextualizar este dato: en 2024, las pensiones se revalorizaron un 2,8%, ya que la inflación media del año pasado fue superior. La diferencia, aunque aparentemente modesta, refleja la evolución de los precios y garantiza el mantenimiento del poder adquisitivo de los jubilados, siempre que la inflación futura no supere estas expectativas.
El sistema de revalorización automática, vinculado al IPC, representa un avance en la protección de los ingresos de los pensionistas, pero no está exento de debates. Algunos economistas argumentan que la fórmula debería considerar no solo la inflación media, sino también la evolución de los salarios o la sostenibilidad del sistema, mientras que los sindicatos defienden que la subyacente debería ser el referente para asegurar que no se pierda poder adquisitivo en los bienes y servicios más cotidianos.
Factores de riesgo y elementos a vigilar
Los expertos económicos destacan varios factores que podrían influir en la evolución de la inflación en los próximos meses, complicando el escenario para el Banco Central Europeo (BCE) y para el Gobierno español. La conflictividad geopolítica, con tensiones persistentes en Oriente Medio o una escalada en la guerra de Ucrania, podría afectar a los precios de la energía y materias primas, con efectos directos sobre la inflación general.
La política fiscal del nuevo Gobierno también será determinante. Las medidas tributarias y de gasto que se adopten en los Presupuestos Generales del Estado para 2025 podrían tener efectos expansivos sobre la demanda y, por tanto, sobre los precios. La reducción del IVA en productos esenciales, por ejemplo, podría moderar la inflación, mientras que aumentos del gasto social podrían tener efectos contrarios.
El mercado laboral y la negociación colectiva serán clave para determinar si las presiones sobre la subyacente se consolidan. Si las negociaciones colectivas mantienen incrementos superiores al 3%, las empresas podrían seguir trasladando estos costes a precios. Además, las condiciones meteorológicas adversas podrían afectar a los precios de alimentos frescos, un componente volátil pero relevante en la cesta de consumo.
Impacto en el consumidor y recomendaciones
Para el ciudadano medio, estos datos implican que el coste de la vida continúa creciendo a un ritmo superior al objetivo del BCE, aunque la moderación es una buena noticia. La caída de la luz alivia la presión sobre los presupuestos familiares, especialmente en un país donde la electricidad ha sido históricamente un quebradero de cabeza para los consumidores, con precios entre los más altos de Europa.
Sin embargo, el aumento de los alimentos y el ocio sugiere que los hogares deberán seguir siendo prudentes en su gestión financiera. Los expertos recomiendan comparar precios entre establecimientos, aprovechar las ofertas en productos no perecederos, considerar el ahorro energético en el hogar, diversificar el ocio hacia opciones de bajo coste, y revisar contratos de servicios para optimizar gastos fijos.
Conclusiones y perspectivas de futuro
El dato de noviembre presenta un panorama mixto que refleja la complejidad de la economía actual. Por un lado, la moderación del IPC gracias a la electricidad es positiva y rompe la tendencia alcista previa. Por otro, el ascenso de la inflación subyacente hasta el 2,6% indica que las presiones de fondo persisten y podrían ser más difíciles de revertir.
El INE publicará los datos definitivos del IPC de noviembre el próximo 12 de diciembre, que podrían confirmar o ajustar ligeramente estas cifras preliminares. Mientras tanto, los mercados financieros, el BCE y los responsables políticos estarán atentos a la evolución de diciembre, que marcará el cierre del año y determinará definitivamente la revalorización de pensiones y salarios públicos.
La economía española se encuentra en una fase de desinflación gradual, pero el camino hacia el 2% objetivo del BCE sigue siendo incierto. La vigilancia de la subyacente será clave en las próximas reuniones del BCE para determinar la política monetaria futura, especialmente en relación a los tipos de interés. Para el consumidor, el mensaje es claro: la inflación pierde fuelle, pero no desaparece, y la gestión inteligente del presupuesto familiar sigue siendo esencial.