Críticas al sanchismo en el homenaje a Lambán en el Senado

García-Page y Felipe González advierten sobre el daño reputacional del PSOE y las 'espadas de Damocles' del caso Koldo

Este jueves el Senado acogió un acto de reconocimiento a la figura de Javier Lambán, expresidente de Aragón que falleció el pasado mes de agosto. La ceremonia, que congregó a numerosos parlamentarios socialistas, estuvo marcada por una ausencia significativa: ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni ningún miembro de su Ejecutivo acudieron al evento. En cambio, sí estuvieron presentes el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y destacados dirigentes del PSOE críticos con la línea oficial del partido, como el presidente de Castilla-La Mancha Emiliano García-Page, el expresidente del Gobierno Felipe González y el exvicepresidente Alfonso Guerra.

El contexto de la jornada no podía ser más delicado. Justo ese mismo día, el futuro del exministro José Luis Ábalos se decidía en los tribunales, con su ingreso en prisión como consecuencia del caso Koldo. Este escenario sirvió para que los críticos con el sanchismo aprovecharan la tribuna para lanzar severas advertencias sobre la situación actual del partido y el Gobierno.

García-Page no anduvo con rodeos a la hora de valorar las implicaciones del caso Koldo. En declaraciones a los medios, el barón castellano-manchego advirtió que "hay muchas espadas de Damocles sobre la escena política española", instando a la máxima cautela. Su reflexión apuntaba directamente a la posibilidad de que Ábalos y otros implicados en la trama decidan colaborar con la Justicia a cambio de ventajas procesales, lo que podría sacar a la luz información comprometedora para el Ejecutivo.

El presidente regional cuestionó las prácticas de los imputados, señalando que la mayor parte de las pruebas en este caso se basan en autograbaciones. "¿Para qué se toma tantas molestias de grabar y grabar y grabar y anotar y guardar los mensajes y además archivarlos si no es lógicamente para luego poderlo utilizar?", planteó. Esta metodología, según su análisis, solo puede tener dos fines: la defensa personal o un ataque futuro. Por ello, aconsejó mantener "la mosca tras la oreja permanentemente".

El daño reputacional fue otro de los ejes fundamentales del discurso de García-Page. Reconoció que, aunque parte de la opinión pública podría personalizar la corrupción en Ábalos, la realidad es que el impacto afecta a toda la formación. "Cuando el núcleo duro del entorno del presidente del Gobierno y el secretario general del partido entra en prisión y está afectado por graves casos de corrupción, pues podemos mirar para otro lado, pero lo cierto es que la opinión mayoritaria de la gente es que nos afecta al conjunto", argumentó. Incluso los socialistas que ideológicamente se sitúan en "el lado contrario" al sanchismo, como él mismo, no quedan exentos de este desgaste colectivo.

Por su parte, Felipe González centró sus críticas en la parálisis que atraviesa el Ejecutivo. En un día en que el Gobierno volvía a sufrir una derrota parlamentaria significativa con el rechazo a la senda de déficit por parte de Junts, el expresidente cargó contra la gestión de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

González reprochó que cada vez que se le pregunta sobre la aprobación de los presupuestos, su respuesta sea que "depende de lo que decida Puigdemont". Esta actitud, según el veterano político, lo único que consigue es "explicar todo lo que nos pasa", en referencia a la dependencia del Ejecutivo de los independentistas catalanes. Durante su intervención en el homenaje, González insistió en la necesidad de recuperar un "debate político sosegado" frente a los días "tan intensos, tan borrascosos, tan llenos de problemas y de tensiones" que atraviesa España.

El expresidente cerró su reflexión con una pregunta retórica que dejó entrever su nostalgia por otra época política: "¿Dónde se metería Lambán?". Con esta interrogante, González evocó los tiempos en los que, según su percepción, el debate político se desarrollaba con otros códigos y en los que el homenajeado habría tenido un papel diferente ante la actual crisis institucional.

La ausencia de Sánchez y su equipo no pasó desapercibida. Fuentes del partido interpretaron esta decisión como un intento de evitar tensiones internas en un momento de máxima sensibilidad, aunque el efecto contrario fue destacar la fractura existente. La presencia de Feijóo, líder de la oposición, junto a las voces disidentes del PSOE, dibujó un escenario inusual donde las críticas trascendían el habitual debate político.

El caso Koldo ha abierto una crisis sin precedentes dentro del socialismo español. Las grabaciones que los propios imputados realizaron durante años se han convertido en la principal evidencia judicial, pero también en un arma de doble filo que amenaza con seguir generando titulares. García-Page advirtió que esta dinámica de autoincriminación documentada es un síntoma de una política donde la desconfianza y la precaución extremas han sustituido al diálogo leal.

La derrota presupuestaria sufrida ese mismo día, con Junts votando en contra de la senda de déficit, ha puesto de manifiesto la fragilidad de un Gobierno que depende de formaciones independentistas para su supervivencia. González considera que esta situación no solo debilita institucionalmente al Ejecutivo, sino que también erosiona la confianza de la ciudadanía en la capacidad de gestión del país.

El daño reputacional del que habló García-Page se extiende más allá de los límites del partido. Los ciudadanos perciben una institucionalización de la corrupción que afecta a toda la clase política, aunque los socialistas sean los principales perjudicados en este momento. La imagen de un partido dividido, con su línea oficial cuestionada por sus propias figuras históricas, genera un efecto demoledor en las expectativas electorales.

El homenaje a Lambán, en última instancia, se convirtió en un foro de debate sobre el presente y futuro del PSOE. Las intervenciones de Page y González, lejos de ser simples elogios al compañero fallecido, constituyeron un llamado de atención al rumbo que lleva el partido. La ausencia de la cúpula gubernamental no logró silenciar las críticas; al contrario, las magnificó.

Este episodio refleja una tensión estructural dentro del socialismo español que va más allá de las diferencias tácticas. La confrontación entre el sanchismo y sus críticos evidencia un desacuerdo profundo sobre cómo gestionar el poder, cómo relacionarse con los socios de Gobierno y cómo preservar la integridad del partido. El caso Koldo ha actuado como catalizador, pero las grietas existían desde antes.

En definitiva, el acto en memoria de Javier Lambán dejó en evidencia las fracturas internas del PSOE y la debilidad institucional de un Gobierno acorralado por la judicialización de la política y la dependencia parlamentaria. Las advertencias de Page y González no son solo reflexiones aisladas de dos veteranos, sino un termómetro de la temperatura que vive el partido. La pregunta que queda en el aire es si estas voces lograrán revertir el rumbo o si, por el contrario, se consolidará la división entre dos modelos de socialismo irreconciliables.

Referencias