Gobierno y sindicatos pactan subida histórica del 11% para empleados públicos hasta 2028

Acuerdo salarial para 3,5 millones de trabajadores públicos con incrementos progresivos y cláusula antiinflacionaria hasta 2028

El Ejecutivo ha alcanzado un acuerdo histórico con los principales sindicatos del sector público para incrementar las retribuciones de los trabajadores de las Administraciones. El pacto, rubricado este miércoles tras intensas negociaciones, establece una subida acumulada del 11% para el conjunto del periodo comprendido entre 2025 y 2028, beneficiando directamente a 3,5 millones de empleados públicos.

La negociación, que ha mantenido en vilo al sector durante meses, culmina con un compromiso que supera las expectativas iniciales. Según fuentes cercanas a la mesa de diálogo, el Gobierno ha cedido en aspectos clave para desbloquear unas conversaciones que, en varios momentos, estuvieron a punto de fracasar. La tensión llegó a su punto álgido cuando los representantes sindicales convocaron movilizaciones y no descartaban una huelga general en diciembre si no se producía avance alguno.

El desglose temporal de las subidas revela un calendario escalonado diseñado para proteger el poder adquisitivo de los funcionarios. Durante el presente año, las nóminas experimentarán una revalorización del 2,5%, aplicada con carácter retroactivo desde el pasado 1 de enero. Esta retroactividad se materializará en las próximas pagas de diciembre, cuando los trabajadores percibirán los correspondientes atrasos.

El año próximo, 2026, las retribuciones crecerán inicialmente un 1,5% adicional, lo que elevará el incremento acumulado al 4% en los primeros compases del ejercicio. Sin embargo, el elemento más innovador del acuerdo radica en la cláusula de revisión vinculada al IPC. Si la inflación de 2026 alcanza o supera el 1,5%, se activará un complemento adicional del 0,5%, que se abonaría durante el primer trimestre de 2027 con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026.

Este mecanismo de ajuste, según han explicado los negociadores, funciona como una especie de seguro contra la pérdida de poder adquisitivo. La previsión de los expertos apunta a que la inflación superará holgadamente ese umbral del 1,5%, por lo que el medio punto adicional cobrará prácticamente con total seguridad. En tal caso, la subida de 2027 quedaría fijada en el 4,5%, aunque técnicamente sería un 5% si se considera el adelanto del complemento variable.

Para el último año del ciclo, 2028, está previsto un incremento del 2% restante, que cerraría la subida total en el 11% pactado. No obstante, los cálculos sindicales apuntan a que el impacto real será superior gracias al denominado efecto arrastre, que consiste en la aplicación de estos porcentajes no solo a los salarios base, sino también a los complementos retributivos. Esta particularidad elevaría el incremento efectivo al 11,4% en términos prácticos.

En cuanto a la ganancia de poder adquisitivo, los sindicatos estiman que los empleados públicos verán reforzada su capacidad económica en un 2,9% durante todo el periodo. Esta cifra, si bien puede parecer modesta, representa un avance significativo en un contexto de incertidumbre económica y tras años de contención salarial en el sector público.

Más allá de las cifras salariales, el acuerdo incluye una batería de medidas complementarias que abordan otros aspectos de la condición de los trabajadores. Entre las más destacadas figura la eliminación progresiva de la tasa de reposición, una herramienta que hasta ahora limitaba las ofertas de empleo público únicamente a las vacantes generadas por jubilaciones. Esta medida abrirá la puerta a una mayor estabilidad en las plantillas y a la cobertura de necesidades reales en los servicios públicos.

Además, el pacto recoge mejoras en materia de procesos de selección, con la promesa de agilizar los procedimientos que en ocasiones se eternizan durante años. También se contemplan avances en la jornada laboral, la carrera profesional, las condiciones de jubilación y los permisos laborales, aunque los detalles concretos de estas reformas se precisarán en meses venideros.

La firma del acuerdo ha contado con el respaldo de UGT y CSIF, dos de las organizaciones sindicales más representativas del sector. Sin embargo, CC OO ha decidido mantenerse al margen por el momento, pendiente de una decisión interna que debe adoptarse entre sus tres federaciones clave: Área Pública, Enseñanza y Sanidad. Se espera que la central comunicue su posición definitiva en las próximas horas, antes de la ceremonia de firma prevista para el jueves por la mañana.

El contexto de esta negociación no ha sido sencillo. Los sindicatos iniciaron una campaña de presión tras el verano, con concentraciones y movilizaciones en todo el territorio nacional. La amenaza de una huelga general en diciembre pesó sobre la mesa como una espada de Damocles, forzando al Ejecutivo a mover ficha en un momento en el que la contención del gasto público es una prioridad.

Desde el lado gubernamental, la ministra de Hacienda y Función Pública ha defendido el acuerdo como un equilibrio entre responsabilidad fiscal y dignificación del empleo público. En rueda de prensa, ha destacado que el pacto garantiza la sostenibilidad de las cuentas públicas mientras reconoce el esfuerzo de los trabajadores durante años de crisis económica y pandemia.

Para los sindicatos firmantes, el resultado supone una victoria parcial. Aunque no se alcanzó la subida del 15% que inicialmente reivindicaban, consideran que el mecanismo de revisión por IPC y las medidas complementarias constituyen avances innegables. El secretario general de CSIF ha calificado el acuerdo de "paso necesario" para recuperar el poder adquisitivo perdido desde 2010, mientras que UGT ha enfatizado el carácter "proteccionista" de la cláusula antiinflación.

La repercusión presupuestaria de estas subidas será considerable, aunque el Gobierno no ha desvelado cifras exactas. Los expertos en economía pública estiman que cada punto de subida en las retribuciones del sector público supone un desembolso adicional de varios miles de millones de euros. No obstante, el impacto se diluirá en cuatro ejercicios, lo que facilita su inclusión en los Presupuestos Generales del Estado.

Un aspecto técnico relevante es la gestión de los atrasos de 2025. La aplicación retroactiva del 2,5% desde enero implica un cálculo complejo que las oficinas de personal de las distintas administraciones deberán ejecutar en tiempo récord para que los trabajadores cobren las diferencias en diciembre. Este proceso suele generar cierta tensión operativa, aunque el Ministerio de Hacienda ha asegurado que los sistemas informáticos están preparados.

El sector educativo y sanitario, que representa una parte sustancial del empleo público, seguirá con especial atención la evolución de las negociaciones sectoriales. Aunque el acuerdo marco establece las bases salariales, cada área tiene particularidades que deberán concretarse en mesas específicas. Especialmente en sanidad, donde la presión asistencial y las dificultades de cobertura de vacantes han sido recurrentes.

Desde una perspectiva más amplia, este pacto se enmarca en una tendencia de recuperación del gasto social tras la era de ajustes estrictos. La eliminación de la tasa de reposición, en particular, envía una señal clara de que el Gobierno apuesta por fortalecer los servicios públicos con plantillas estables y suficientes, alejándose de la política de contención de plantilla que imperó durante la última década.

No obstante, las voces críticas no se han hecho esperar. Algunos economistas advierten del riesgo de que estas subidas alimenten presiones inflacionarias adicionales, aunque el impacto probablemente sea limitado dado el carácter gradual de las medidas. Por su parte, los sindicatos que no han firmado consideran que el acuerdo se queda corto, especialmente en un contexto de inflación persistente y con los salarios del sector privado creciendo a ritmos superiores.

El camino hacia la firma definitiva pasa ahora por la resolución de la posición de CC OO. Si finalmente se suma al acuerdo, el pacto contaría con un respaldo sindical casi unánime, lo que fortalecería su legitimidad. En caso contrario, el Gobierno deberá gestionar una situación de desacuerdo parcial que podría complicar la implementación en algunos sectores.

Mientras tanto, los 3,5 millones de afectados siguen con expectación el desenlace de una negociación que determinará su economía doméstica en los próximos cuatro años. Para muchos, este acuerdo representa la primera subida significativa en más de una década, después de años de congelación salarial y pérdida de poder adquisitivo.

La implementación efectiva dependerá de la voluntad política y de la capacidad operativa de las administraciones. La experiencia indica que los acuerdos marco son el principio, no el fin, de un proceso que requiere desarrollos reglamentarios y negociaciones sectoriales. El reto será mantener el compromiso presupuestario sin comprometer la calidad de los servicios públicos.

En definitiva, el acuerdo alcanzado marca un punto de inflexión en la política salarial del sector público español. Con un incremento acumulado del 11% (11,4% con efecto arrastre) y medidas complementarias que van más allá del mero salario, el pacto intenta cerrar una etapa de austeridad y abrir otra de recuperación y dignificación del empleo público. Su éxito final, no obstante, se medirá en la capacidad de cumplir las expectativas creadas y de resolver los desafíos estructurales que aún persisten en las administraciones.

Referencias