El empresario británico Richard Branson ha comunicado a través de sus redes sociales el fallecimiento de Joan Templeman, su esposa durante más de tres décadas y compañera sentimental durante medio siglo. La escocesa, que contaba 80 años de edad, falleció el pasado 25 de noviembre, dejando consternado al fundador del imperio Virgin, quien le dedicó dos conmovedores textos en Instagram.
En el primer mensaje, publicado el día del deceso, Branson compartió una fotografía de su mujer junto a un texto directo y desgarrador: "Me duele mucho compartir que Joan, mi esposa y compañera durante 50 años, ha fallecido. Era la madre y abuela más maravillosa que nuestros hijos y nietos podrían haber deseado. Era mi mejor amiga, mi roca, mi luz, mi mundo". Estas palabras, dirigidas a sus cinco millones de seguidores en la plataforma, reflejan la profunda conexión que unía a la pareja desde que se conocieran en 1976.
Al día siguiente, el magnate publicó un segundo mensaje más extenso, acompañado de un carrusel de imágenes que recorría diferentes momentos de su vida en común. En esta nueva publicación, Branson detalló los instantes finales que compartió con Joan, revelando una coincidencia casi poética en sus últimos días.
Últimos momentos en el hospital
El destino quiso que ambos estuvieran hospitalizados simultáneamente en distintos continentes. Mientras Branson se recuperaba en la India de una caída en bicicleta que le afectó el hombro, Joan permanecía ingresada en un centro médico inglés por una lesión en la espalda. La situación cambió cuando el empresario fue trasladado de vuelta a Reino Unido, donde le asignaron una habitación en el mismo piso que su esposa.
"Nos reímos juntos de lo típico que era en nosotros terminar en el mismo piso, como adolescentes enamorados y encantados de reencontrarse", relató Branson. Ese día compartieron un almuerzo, y Joan mostraba buen humor y fortaleza. "Ella me sonrió, esa sonrisa radiante que iluminaba todo su rostro, la misma sonrisa de la que me enamoré desde el primer momento que la vi, hace medio siglo. Entonces, de repente, se fue, de forma rápida y sin dolor. Y afortunadamente estaba a su lado", narró el viudo.
Una historia de amor de 50 años
La relación entre Richard y Joan comenzó de forma fortuita en 1976, cuando él iniciaba la construcción de su fortuna con Virgin Records y ella trabajaba en una tienda de antigüedades del barrio londinense de Notting Hill. El empresario ha confesado en múltiples ocasiones que se enamoró de ella casi instantáneamente, en esos primeros treinta segundos que suele tomarse para formarse una opinión sobre alguien.
Sin embargo, Joan Templeman no era una mujer fácil de impresionar. "Joan era una escocesa con los pies en la tierra y rápidamente me di cuenta de que no le impresionarían mis payasadas habituales", reconoció Branson en una entrada de blog de Virgin en 2020, cuando celebraron 44 años de haberse conocido.
Para demostrarle la magnitud de sus sentimientos, en 1979 el magnate ideó un gesto descomunal: adquirir una isla en el Caribe. Necker Island, ubicada cerca de Puerto Rico, se convirtió en el símbolo de su devoción. "Dos años después de conocernos, quise mostrarle a Joan un gran gesto de cariño", explicó. La isla, comprada por un precio que rondó los 180.000 libras esterlinas de la época, no solo cumplió su función romántica, sino que se transformó en el epicentro de la vida familiar y en un activo comercial importante.
Familia y tragedia
Del matrimonio nacieron tres hijos: Holly (44 años) y Sam (40), que sobreviven a su madre, y una tercera hija que falleció apenas cuatro días después de nacer prematuramente. Los dos hermanos han crecido bajo la influencia de una madre que, según su padre, "era la estrella brillante alrededor de la cual siempre ha orbitado el universo de nuestra familia".
Los nietos, mencionados expresamente en los mensajes de despedida, también han perdido a una figura central en sus vidas. Branson enfatiza que Joan era "la madre y abuela más maravillosa" y que todos la adoraban, incluso mencionando cariñosamente "sus dulces" como parte de su legado afectivo.
Necker Island: de regalo de amor a activo empresarial
Lo que comenzó como una demostración de amor se convirtió con el tiempo en un elemento fundamental del patrimonio de Branson. La isla, donde se han alojado personalidades como Barack Obama, quien aprendió a hacer kitesurf en sus costas, o la princesa Diana de Gales con sus hijos, también fue escenario del romance entre la actriz Kate Winslet y Ned Rocknroll, sobrino del empresario.
En 2013, Branson se trasladó oficialmente a residir en Necker Island, decisión que le permitió beneficiarse de un estatus fiscal favorable. Más recientemente, en 2020, la propiedad fue ofrecida como garantía al Gobierno británico para asegurar un préstamo de 570 millones de euros destinado a salvar Virgin Atlantic de la crisis provocada por la pandemia.
Desde mayo de 2024, la isla que sirvió para conquistar a Joan Templeman está disponible para alquiler privado, con precios que parten de los 110.000 euros por noche, convirtiéndose en uno de los destinos más exclusivos del planeta.
Reacciones y despedida pública
La doble despedida de Branson en redes sociales no es una novedad en su forma de comunicar. El empresario ha compartido múltiples momentos de su vida conyugal a lo largo de los años, siempre con un tono cariñoso y cómplice. Tan solo dos días antes de anunciar el fallecimiento, publicó una fotografía antigua de Joan con el simple pie de foto: "Me encanta esta foto de Joan". Una semana antes, el 15 de noviembre, había posteado otra imagen junto al texto: "Todo el mundo necesita una Joan en su vida".
Estas publicaciones previas, que ahora adquieren un valor retrospectivamente emotivo, demuestran la constante presencia de su esposa en su discurso público. Tras el anuncio de su muerte, celebridades como Paris Hilton y la cantante Natalie Imbruglia han expresado su pésame en los comentarios. Imbruglia, particularmente cercana a la familia, escribió: "Estoy desconsolada. Joan era una luz brillante en este mundo. Hacía que todos se sintieran especiales".
Un legado más allá de lo material
En su mensaje final, Branson reflexiona sobre la naturaleza de la pérdida y la gratitud: "Estamos devastados porque ella se ha ido. Pero estoy mucho más agradecido por el extraordinario regalo de la vida que compartimos". Esta dualidad entre el dolor y la apreciación resume la filosofía con la que el empresario afronta este capítulo.
Asegura que la luz de Joan no ha desaparecido, sino que "simplemente ha adquirido una nueva forma" que guiará a la familia en el futuro. "La llevaremos con nosotros, siempre", concluye, dejando patente que su influencia perdurará más allá de su ausencia física.
La historia de Richard Branson y Joan Templeman trasciende el ámbito empresarial y el lujo excentrico. Es un relato sobre un amor duradero, construido durante cinco décadas, que resistió los vaivenes de la fama, la fortuna y la tragedia personal. Su despedida pública, lejos de ser un mero ejercicio de comunicación, refleja una intimidad genuina y un vínculo que el tiempo no logró desgastar.