El último rastro de ganado bovino ubicado dentro de los límites del condado de Los Ángeles ha cerrado sus puertas definitivamente. Se trata de Manning Beef, un establecimiento con más de un siglo de historia que ha sido objeto de intensa controversia tras revelarse un presunto patrón sistemático de maltrato animal. La noticia ha sido recibida con satisfacción por organizaciones defensoras de los derechos de los animales, que consideran este cierre una victoria significativa no solo para las víctimas inocentes, sino también para los trabajadores del sector y los residentes de la zona.
La organización Animal Outlook, dedicada a la protección animal sin ánimo de lucro, ha sido la principal impulsora de esta medida. Según su director ejecutivo, Ben Williamson, el cierre se ha producido semanas después de que la entidad hiciera pública una investigación encubierta que, según sus propias palabras, reveló el caso más grave de crueldad animal en los treinta años de trayectoria de la organización. La evidencia recogida por un investigador que trabajó clandestinamente en las instalaciones durante dos períodos distintos de 2024 habría demostrado que las violaciones no eran hechos aislados, sino una práctica generalizada y arraigada en la cultura empresarial.
Una cultura de crueldad en todos los niveles
Williamson no duda en calificar lo ocurrido como "tortura sistemática" que conmocionó incluso a los investigadores más veteranos de la organización. Las imágenes y testimonios recopilados apuntarían a que el maltrato no provenía únicamente de operarios aislados, sino que formaba parte de un modelo de conducta avalado por supervisores y alta dirección. Esta situación habría permeado cada eslabón de la cadena operativa, convirtiendo la instalación en un foco de sufrimiento constante para los animales.
Las denuncias específicas incluyen acusaciones de dejar morir de hambre a los animales, aplicar descargas eléctricas excesivas y golpear a las reses en la cara. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) habría sancionado a la empresa en múltiples ocasiones entre 2018 y 2024, acumulando un total de 61 infracciones por incumplimiento de normas de trato humanitario. A pesar de estas sanciones, la compañía habría seguido operando y, paradójicamente, abasteciendo a programas federales de nutrición infantil hasta su reciente cierre.
La campaña para un futuro sin sacrificio
Conscientes de que el cierre físico no garantiza un cambio definitivo, Animal Outlook ha puesto en marcha una iniciativa pública dirigida a Force10 Partners, la firma de inversión que gestiona el proceso de quiebra de Manning Beef. El objetivo es claro: evitar que la propiedad sea adquirida por cualquier empresa que pretenda reutilizarla para actividades relacionadas con el procesamiento cárnico o el sacrificio de animales.
"Force10 Partners tiene el poder de poner fin a este ciclo de crueldad y garantizar que Pico Rivera nunca más albergue un matadero industrial de animales", ha declarado Williamson. La campaña insta a los ciudadanos concienciados a contactar directamente con la firma mediante correo electrónico para expresar su postura. La presión ciudadana, argumentan los activistas, puede influir decisivamente en el destino final de las instalaciones.
Hasta el momento, Force10 Partners no ha emitido declaraciones públicas al respecto, y los intentos de contacto telefónico con Manning Beef han resultado infructuosos, lo que confirma el estado de inactividad del negocio.
La respuesta institucional
El Ayuntamiento de Pico Rivera, la localidad donde se asienta el matadero, ha adoptado una postura cautelosa pero comprometida. El administrador municipal, Steve Carmona, ha confirmado que el consistorio está al corriente de la solicitud de quiebra y está supervisando activamente el proceso. Su prioridad, según ha manifestado, es asegurar que cualquier uso futuro de la propiedad esté en consonancia con los objetivos de desarrollo a largo plazo de la ciudad, los valores de la comunidad y los estándares de calidad de vida que los residentes demandan.
Este posicionamiento abre la puerta a la posibilidad de que el espacio sea reconvertido en instalaciones que generen valor social y ambiental positivo, alejándose definitivamente de las actividades que han generado tanta controversia.
Un historial de incidentes y rescates
Manning Beef no es ajena a los focos mediáticos. En 2020, el actor Joaquin Phoenix, recién galardonado con el Óscar al Mejor Actor, visitó las instalaciones para entablar una conversación con Anthony DiMaria, propietario del establecimiento. Aquel encuentro culminó con el rescate de una vaca llamada Liberty y su cría recién nacida, Indigo. Phoenix, conocido por su activismo en favor de los derechos animales, aprovechó su discurso en la ceremonia de los premios para reflexionar sobre la necesidad de mostrar compasión hacia todos los seres sintientes.
El episodio más sonado ocurrió en 2021, cuando 41 reses escaparon del matadero y recorrieron las calles de Pico Rivera y South El Monte, causando altercados y heridas a una persona. Dos de aquellos animales fueron rescatados por la compositora de Hollywood Dianne Warren, mientras que el resto fue sacrificado para consumo. Las vacas rescatadas, bautizadas como June B. Free y Susan, se unieron a Liberty e Indigo en el Santuario de Animales de Granja de Acton, donde viven actualmente.
Gene Baur, presidente y cofundador del santuario, quien acompañó a Phoenix durante su visita, ha expresado su deseo de que este cierre sea el preludio de un cambio más profundo. "Ojalá cerraran todos los mataderos", ha declarado, aunque reconoce que la realidad es más compleja. Para Baur, este cierre representa una victoria simbólica que debe servir de ejemplo para otras comunidades.
Una oportunidad de transformación
El activista subraya que, si bien otros establecimientos similares seguirán operando, cada cierre es una oportunidad práctica para demostrar que existen alternativas mejores. La clave, según su perspectiva, está en la conciencia individual y colectiva. "Cada día, todos podemos decidir qué comemos, y esas decisiones influyen en si los animales son explotados o sacrificados", reflexiona.
En el santuario de 16 hectáreas, las cuatro reses rescatadas de Manning Beef conviven con otros 500 animales que han encontrado un refugio seguro. "Pueden ser ellos mismos en un lugar tranquilo, sin tener que preocuparse de que los humanos les hagan daño", describe Baur, ofreciendo una visión esperanzadora del futuro que podría esperar a más animales si la sociedad opta por modelos de alimentación y producción más respetuosos.
El legado de un siglo de operaciones
Fundado en 1920, Manning Beef ha sido durante décadas un actor relevante en la industria cárnica local. Sin embargo, su trayectoria ha quedado marcada por las recientes revelaciones. La combinación de sanciones administrativas, investigaciones periodísticas y activismo ciudadano ha creado un entorno insostenible para el negocio, culminando en su quiebra y cese de actividades.
La desconexión de su línea telefónica y la paralización total de las operaciones durante semanas son los síntomas más visibles de un declive que, según los activistas, era inevitable ante la gravedad de las prácticas denunciadas. La pregunta ahora es qué futuro le espera a una propiedad que ha generado tanto dolor y polémica.
Un precedente para otras ciudades
El caso de Manning Beef establece un precedente importante en la lucha por el bienestar animal en entornos urbanos e industriales. La capacidad de una organización sin ánimo de lucro para desencadenar el cierre de una empresa centenaria mediante investigación rigurosa y movilización ciudadana demuestra el poder de la sociedad civil en la defensa de causas éticas.
Para los residentes de Pico Rivera, el cierre representa el fin de una fuente de preocupación ambiental, sanitaria y moral. La posibilidad de que el espacio sea reconvertido en algo beneficioso para la comunidad genera expectación y esperanza. La transformación de un lugar de sufrimiento en un espacio de vida y crecimiento simbólico sería la mejor forma de cerrar este capítulo.
La responsabilidad colectiva
Mientras tanto, la campaña de Animal Outlook continúa su curso. La presión sobre Force10 Partners es solo una parte de una estrategia más amplia que busca no solo cerrar mataderos, sino transformar el sistema alimentario. La visión de los activistas pasa por crear conciencia sobre el impacto de nuestras elecciones diarias y fomentar alternativas sostenibles y compasivas.
El cierre de Manning Beef no es el final de una lucha, sino el comienzo de una nueva fase. Una fase donde la ciudadanía, las instituciones y el sector privado deben colaborar para garantizar que el progreso no se mida solo en términos económicos, sino también éticos y medioambientales. La comunidad de Los Ángeles tiene ahora la oportunidad de demostrar que es posible construir un futuro donde la compasión y la sostenibilidad guíen las decisiones de desarrollo urbano.
El destino de las instalaciones de Pico Rivera será un indicador clave de hacia dónde se dirige la sociedad. Si la presión ciudadana logra su objetivo, ese terreno podría convertirse en un símbolo de regeneración y esperanza, demostrando que es posible revertir el ciclo de crueldad y construir algo mejor para todos los seres sintientes.