La productora audiovisual española Mediapro se prepara para una de las mayores reestructuraciones de su historia. Los nuevos directivos, Sergio Oslé y Carlos Núñez, han confirmado la necesidad de aplicar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afectará a aproximadamente 1.000 trabajadores, lo que representa cerca del 14% de la plantilla total de la compañía. Esta decisión llega tras un año de profundas pérdidas y una serie de decisiones estratégicas fallidas que han puesto en jaque el futuro del grupo fundado por Tatxo Benet y Jaume Roures.
Aunque el relevo en la dirección no se hará efectivo hasta el próximo 1 de enero de 2026, Oslé y Núñez ya trabajan activamente en el diseño del plan de reestructuración. Su nombramiento como consejeros les ha permitido acceder a toda la información confidencial de la empresa, evaluar la situación financiera y preparar las medidas que ejecutarán nada más asumir el control. El expresidente de Movistar+ y el exconsejero delegado de Prisa Media liderarán así la mayor transformación de Mediapro en sus tres décadas de existencia.
La gravedad de la situación queda patente en los números. Durante el ejercicio 2024, Mediapro registró unas pérdidas de 72 millones de euros, una cifra que ha activado todas las alarmas en Orient Hontai Capital, el fondo de capital chino que controla la compañía a través de Southwind Media. Los máximos responsables de este grupo, con sede operativa en Hong Kong, han desplazado a sus equipos directivos a Madrid y Barcelona en las últimas semanas para realizar una auditoría exhaustiva del estado real del negocio.
La preocupación de los inversores es más que comprensible. Desde que Hao Tang, el multimillonario dueño de Orient Hontai, decidió invertir en Mediapro, el desembolso ha superado los 1.600 millones de euros con resultados catastróficos. La valoración actual de la productora apenas alcanza los 500 millones, prácticamente equivalente a su deuda financiera neta. Este desplome valorativo ha forzado una intervención drástica para intentar revertir la tendencia antes de que la situación se vuelva insostenible.
Los orígenes de la crisis se remontan a una cadena de errores estratégicos que han ido minando la fortaleza del grupo. La pérdida de los derechos de retransmisión de las ligas francesa e italiana fue solo el principio. La reciente caída del contrato con la liga canadiense y, sobre todo, la pérdida de los derechos de la Liga española a partir de esta temporada, han supuesto un golpe mortal a los ingresos recurrentes del grupo. Estos contratos, históricamente el núcleo del negocio de Mediapro, generaban flujo de caja estable y justificaban la existencia de una infraestructura de producción descomunal.
Paralelamente, la apuesta por los eSports y los campeonatos digitales ha resultado un fracaso estrepitoso. Las minusvalías acumuladas en este segmento han obligado a la matriz a recapitalizar la filial mediante créditos participativos, inyectando recursos en un negocio que no ha logrado despegar ni generar los ingresos esperados. Esta diversificación prematura y mal ejecutada ha consumido capital que ahora resulta crítico para la supervivencia de la empresa.
La dimensión del problema excede lo puramente financiero. Mediapro ha construido una de las flotas de unidades móviles de producción más grandes del mundo, con más de 100 vehículos de última tecnología que permiten realizar más de 25.000 eventos anuales y cerca de 400 retransmisiones deportivas semanales. Esta infraestructura, que emplea directamente a más de 5.000 profesionales especializados —desde productores y realizadores hasta operadores de cámara, ingenieros de sonido y editores—, se ha quedado obsoleta en términos de utilización tras la pérdida de los derechos deportivos.
El nuevo equipo directivo ha llegado a la conclusión de que mantener esta estructura con la capacidad actual es inviable sin los ingresos que justificaban su existencia. Por ello, una parte significativa de los recortes recaerá precisamente sobre el área de producción deportiva y sobre la flota de unidades móviles. Muchos de estos vehículos serán puestos a la venta en el mercado secundario, mientras que el personal técnico y de soporte verá reducida drásticamente su plantilla.
La reestructuración no se limita al área operativa. La nueva dirección ha decidido abortar proyectos estratégicos considerados ruinosos, como el ambicioso fondo de 1.000 millones de euros que Tatxo Benet anunció hace justo un año con el objetivo de crear un gigante de los derechos deportivos. A pesar de que el entonces presidente aseguró haber iniciado conversaciones con inversores potenciales, Orient Hontai nunca avaló económicamente la iniciativa y las negociaciones no fructificaron. Este proyecto, presentado como la gran apuesta de futuro, queda oficialmente enterrado.
El impacto social de esta reestructuración será considerable. Con una plantilla global de más de 7.000 personas repartidas en casi treinta países, el despido de 1.000 empleados afectará no solo a las sedes de Madrid y Barcelona, sino a oficinas en mercados clave como Francia, Italia o América Latina. La mayoría de los afectados pertenecen a áreas de producción, ingeniería y operaciones, aunque también habrá recortes en funciones de soporte y administración.
La nueva estrategia de Oslé y Núñez pasa por una reconversión hacia modelos de negocio más ligeros, con mayor apuesta en contenidos de entretenimiento no deportivo y en la explotación de derechos ya consolidados. Los programas de televisión como El Intermedio, Zapeando o La Revuelta, así como el espacio de radio Nadie Sabe Nada, se mantendrán como pilares del negocio doméstico, mientras se busca reducir la exposición internacional en mercados deportivos no rentables.
La presión de Orient Hontai Capital es el motor de esta transformación. El fondo chino, que invirtió en Mediapro con la expectativa de liderar la consolidación del sector audiovisual europeo, se encuentra ahora forzado a tomar decisiones impopulares para proteger su inversión. La visita reciente de sus ejecutivos a España no dejó lugar a dudas: si no hay un giro radical en la gestión y en los resultados, el futuro del grupo podría estar en riesgo de desinversión o venta parcial.
El sector audiovisual español contempla con preocupación esta reestructuración. Mediapro no es solo una empresa privada; su red de producción ha sido fundamental para el ecosistema de contenidos deportivos y de entretenimiento del país. La pérdida de capacidad productiva y de talento especializado puede tener efectos colaterales en toda la cadena de valor, desde cadenas de televisión hasta productoras independientes que colaboraban con el grupo.
Para los empleados, la incertidumbre es total. Aunque la negociación del ERE no comenzará hasta enero, los rumores sobre el alcance del ajuste han generado una atmósfera de tensión en todas las oficinas. Los sindicatos ya han anunciado que exigirán medidas de acompañamiento y recolocación, aunque la dureza del plan presentado por la dirección anticipa negociaciones complejas y un conflicto laboral de gran magnitud.
La lección para el mercado es clara: ni siquiera los gigantes de la producción audiovisual están a salvo de la volatilidad de los derechos deportivos y de las apuestas estratégicas mal calculadas. La caída de Mediapro desde su posición de liderazgo hasta la necesidad de un rescate con recortes masivos demuestra que en la era del streaming y la fragmentación de audiencias, la escala no garantiza la supervivencia. La capacidad de adaptación, la gestión financiera prudente y la diversificación controlada son ahora más importantes que el tamaño o la infraestructura.
El próximo 1 de enero marcará el inicio de una nueva era para Mediapro, pero también el cierre de un ciclo expansivo que parecía imparable. La pregunta ahora es si la nueva dirección conseguirá devolver la rentabilidad al grupo sin destruir el valor que lo hizo grande: su capacidad de producir contenidos de calidad a escala global. La respuesta llegará en los próximos meses, pero el camino promete ser largo y doloroso para una empresa que debe aprender a vivir con menos recursos y más exigencias.