El Inter de Milán afrontaba el compromiso ante el Lecce consciente de la magnitud de la oportunidad que se le presentaba. La jornada había comenzado con un empate a cero del Nápoles en su visita al Parma, resultado que abría una ventana de oro para que los nerazzurros ampliaran su ventaja en la cima de la Serie A. Sin embargo, como suele ocurrir en el fútbol italiano, los partidos que parecen más sencillos en el papel se convierten en auténticos quebraderos de cabeza sobre el terreno de juego.
El técnico Cristian Chivu, que ha demostrado una madurez sorprendente en el banquillo desde que asumió el cargo, configuró un once que buscaba la sentencia prematura. La pareja ofensiva estaba formada por Marcus Thuram y el joven Ange-Yoan Bonny, dos delanteros con características complementarias pero que en esta ocasión tardarían en encontrar su ritmo. La idea era clara: presionar alto, recuperar rápido y generar ocasiones desde el primer minuto.
Los primeros compases del duelo parecían confirmar esa tesis. En el minuto 4, una internada de Alessandro Bastoni por la banda izquierda culminó con un centro preciso que Thuram cabeceó desviado por muy poco. Era el preludio de lo que se esperaba fuera una tarde plácida para los interistas. Pero el Lecce de Eusebio Di Francesco tenía otros planes. Lejos de amilanarse ante el rival líder, el conjunto salentino mostró una personalidad admirable, tomando la iniciativa del juego en varios tramos y demostrando que en el fútbol italiano no existe el concepto de partido fácil.
Bonny, consciente de su responsabilidad como referente ofensivo, intentó desequilibrar por su cuenta en el minuto 8. Recibió el esférico en tres cuartos de campo, superó a tres contrarios con una combinación de regates y velocidad que dejó a la defensa leccesa descolocada, y finalmente ejecutó un disparo con efecto que obligó a Wladimiro Falcone a volarse para desviar a córner. Fue una jugada individual de gran factura que mereció mejor suerte.
El momento más polémico de la primera mitad llegó en el minuto 24. Bonny se internó en el área y chocó con el defensor Danilo Veiga, cayendo al césped de forma clara. El colegiado señaló inicialmente la pena máxima, pero el VAR intervino para revisar la acción. Tras varios visionados, se determinó que el contacto no era suficiente para señalar la falta, por lo que se revocó la decisión. Fue un momento de frustración para el Inter, que veía escapar una oportunidad dorada para adelantarse.
A partir de ese momento, el dominio territorial del Inter se convirtió en estéril. Thuram y Henrikh Mkhitaryan intentaron crear peligro, pero se encontraron con un muro defensivo bien plantado. El Lecce, lejos de encerrarse, respondió con una ocasión clarísima al filo del descanso. Riccardo Sottil recogió un rechace de Falcone y, de primeras, ejecutó un disparo que se marchó rozando el palo derecho de Yann Sommer. El empate a cero reflejaba fielmente lo visto: un Inter falto de ideas y un Lecce que merecía más.
La reanudación no mejoró el rendimiento nerazzurro. El Lecce continuó siendo el dueño del balón en largos períodos, mostrando una madurez táctica que incomodó a los líderes. Chivu, consciente de la necesidad de refrescar el equipo, movió el banquillo en el minuto 55. Las entradas de Pio Esposito, Davide Frattesi y Luis Henrique buscaban aportar energía y profundidad.
El cambio resultó providencial. Esposito, joven promesa de la cantera interista, entró con una hambre de gol evidente. Su movilidad y olfato goleador comenzaron a generar espacios que antes no existían. En el 72', el técnico romano dio entrada también a Lautaro Martínez, el capitán y máximo goleador del equipo, buscando la inspiración de sus estrellas.
El Lecce, sin embargo, no se rindió. En el 73', el defensor Antonino Gallo ejecutó un disparo lejano que sorprendió a Sommer, obligándole a una intervención de reflejos para evitar el gol. Fue un aviso de que el peligro no había pasado.
Pero el fútbol tiene estas cosas. Cuando más sufría el Inter, la calidad individual hizo acto de presencia. En el minuto 78, Nicolò Zielinski recibió el balón en el centro del campo, avanzó unos metros y colocó un pase medido al área. Allí estaba Esposito, que cedió de primeras a Lautaro. El capitán ejecutó un derechazo potente que Falcone desvió, pero el rechace cayó a los pies del propio Esposito, que no perdonó desde corta distancia. El 1-0 reflejaba la insistencia de un equipo que supo sufrir hasta encontrar la recompensa.
El gol desató la euforia en el estadio y consolidó la fe en el joven delantero. Esposito, embalado, intentó repetir minutos después con un disparo con efecto desde la frontal, pero esta vez Falcone estuvo atento. No importaba: el daño ya estaba hecho.
Con esta victoria, el Inter suma su octava victoria consecutiva en la competición doméstica, consolidando su liderato con una ventaja cómoda sobre sus perseguidores. El título de campeón de invierno es, de momento, un título virtual, pero simbólicamente importante en la lucha por el Scudetto.
El rendimiento del Lecce, pese a la derrota, merece mención especial. El conjunto salentino demostró que puede competir de tú a tú con los grandes, y su actitud será clave para asegurar la permanencia. Por su parte, el Inter demostró una vez más que tiene recursos para resolver partidos complicados, una cualidad indispensable para los aspirantes al título.
El contexto de la Serie A esta temporada muestra un Inter que ha sabido adaptarse a las exigencias del calendario. Con la carga de la Champions League y la Supercopa italiana, el equipo ha rotado de forma inteligente, dando minutos a jóvenes talentos como Esposito que están respondiendo a las expectativas. Esta gestión de plantilla podría ser el factor diferencial en una liga tan competitiva.
De cara a los próximos compromisos, el Inter deberá mantener esta regularidad. La visita al Olímpico para enfrentarse a la Roma y el derbi contra el Milan serán pruebas de fuego que determinarán si este campeonato de invierno se convierte en un Scudetto real. Por ahora, la moral está por las nubes en Milán.