El estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat será el escenario este viernes de uno de los encuentros más atractivos de los cuartos de final de la Copa Africana de Naciones 2025. La selección marroquía se medirá a Camerún en un duelo que trasciende lo deportivo y que está cargado de historia, emoción y un componente de revancha que hará aún más interesante la cita. La expectativa es máxima en todo el país, donde el fútbol se ha convertido en una verdadera religión tras el éxito alcanzado en el Mundial de Catar 2022.
Los Leones del Atlas llegan a esta instancia tras superar con apuros a Tanzania en octavos de final por un ajustado 1-0. El conjunto dirigido por Walid Regragui mostró solidez defensiva pero también ciertas dudas en ataque que deberá resolver si quiere seguir adelante en la competición. Enfrente tendrán a un rival de entidad, un equipo que conoce bien y que, curiosamente, les eliminó hace exactamente 37 años en una CAN organizada también en Marruecos. Ese fantasma del pasado planea sobre el encuentro, pero también sirve como motivación extra para un grupo que quiere escribir su propia historia.
Ese episodio de 1988 aún está presente en la memoria colectiva del fútbol marroquí. Los Leones Indomptables, que cuentan con cinco estrellas en su escudo (1984, 1988, 2000, 2002 y 2017), cortaron de raíz las aspiraciones locales en las semifinales de aquel torneo. Fue una derrota dolorosa que aún hoy genera rencor en los aficionados mayores. Ahora, en 2025, la historia se repite con roles similares: Marruecos como anfitrión y Camerún como obstáculo en el camino hacia la gloria continental. La diferencia es que esta vez los marroquíes llegan con mayor experiencia y un nivel futbolístico que les ha convertido en referente del continente.
El momento del equipo camerunés es, cuanto menos, sorprendente. Llegaron a esta CAN en plena reconstrucción, después de una decepcionante eliminación en las fases previas de clasificación para el Mundial 2026. La federación decidió un cambio radical a tres semanas del inicio del torneo: destituyeron al cuerpo técnico anterior y nombraron a David Pagou como nuevo seleccionador. Además, se produjo una renovación generacional drástica, dejando fuera de la convocatoria a pesos pesados como Vincent Aboubakar, André Onana y Éric-Maxim Choupo-Moting. Muchos analistas dudaban de esta decisión, considerándola una locura que podía desembocar en un fracaso histórico.
Sin embargo, esta apuesta arriesgada, lejos de debilitar al conjunto, lo ha fortalecido. Camerún superó la fase de grupos con notable autoridad: venció a Gabón (1-0), empató con la anfitriona Costa de Marfil (1-1) y superó a Mozambique (2-1). En octavos, los de Pagou despacharon a Sudáfrica por 2-1, demostrando una madurez táctica inesperada y una capacidad de sufrimiento que los convierte en un rival temible. Los nuevos jugadores han respondido con entusiasmo y calidad, demostrando que en el fútbol a veces los cambios drásticos pueden dar resultados positivos.
El contraste entre ambas selecciones es evidente. Mientras Camerún optó por la revolución, Marruecos mantiene la base que le llevó a ser la primera selección árabe y africana en alcanzar los octavos de final de un Mundial (México 1986). Los cameruneses, por su parte, superaron ese hito cuatro años después en Italia 1990, cuando llegaron a cuartos de final. Esa rivalidad por liderar el fútbol africano se palpa cada vez que se enfrentan. Es un duelo de estilos, de tradiciones y de formas de entender el fútbol que enriquece al continente.
Para este duelo, Marruecos tendrá una baja sensible: Azzeddine Ounahi, pieza clave en el centro del campo, se perderá el resto de la competición por lesión. Su ausencia obligará a Regragui a reestructurar la medular, aunque cuenta con un activo de lujo: Brahim Díaz, actual máximo goleador del torneo con cuatro tantos. El ex del Real Madrid es la principal esperanza ofensiva de un equipo que necesita ser más efectivo de cara al gol. Su creatividad, desborde y olfato goleador serán fundamentales para desnivelar un encuentro que se prevé muy igualado.
La defensa camerunesa, por su parte, ha encajado tres goles en lo que va de torneo, mostrando algunas fisuras pero manteniendo la solidez que caracteriza a sus equipos. Los Leones Indomptables son reconocidos por su excelente organización defensiva, su preparación física impecable y una letalidad en el contrataque que ya ha hecho daño a rivales de mayor cartel. Su capacidad para cerrar espacios y explotar la velocidad de sus extremos es un arma que preocupa a cualquier rival.
Un dato estadístico que cobra especial relevancia es la racha invicta de Marruecos en casa: 37 partidos consecutivos sin conocer la derrota en su territorio. El último equipo que logró vencerles en su feudo fue precisamente Camerún, allá por 2009. Ese precedente, unido a la eliminación de 1988, convierte este encuentro en una doble oportunidad de desquite para los locales. Romper esa racha sería un golpe anímico brutal para los marroquíes, mientras que mantenerla les daría una confianza enorme de cara a las semifinales.
El ambiente en las gradas será otro factor determinante. La afición marroquí, apasionada y conocedora, creará un caldeamiento especial que puede desequilibrar el encuentro. Los jugadores locales saben que representan no solo a su país, sino a toda una región que espera que el fútbol magrebí siga cosechando éxitos tras la memorable gesta del Mundial de Catar 2022. El apoyo incondicional será el duodécimo hombre sobre el campo.
Walid Regragui, que en 2004 fue lateral derecho de la selección que cayó en semifinales de la CAN, ahora tiene la oportunidad de redimirse como entrenador. Aquella eliminación ante Túnez en Túnez truncó el sueño de un generación. Hoy, desde el banquillo, puede liderar a los suyos hasta una semifinal que se les resiste desde hace dos décadas. Su experiencia como jugador y su conocimiento del fútbol africano son activos valiosos en este tipo de encuentros.
El partido promete ser un duelo táctico fascinante. Marruecos intentará imponer su juego de posesión y aprovechar la inspiración de Brahim Díaz, mientras que Camerún esperará atrás, cerrando espacios y buscando sorprender con su velocidad en transiciones. La clave podría estar en quién marque primero: si los locales abren el marcador, tendrán el control emocional y táctico; si los visitantes lo hacen, podrían ejecutar a la perfección su plan de juego basado en la contención y la explosión ofensiva. El primer gol será crucial para definir el ritmo y el carácter del encuentro.
La presión es mayor sobre Marruecos. Ser anfitrión y tener a tu favor el historial reciente en casa genera expectativas, pero también ansiedad. Camerún, en cambio, llega con la libertad del equipo que no tenía nada que perder y ya ha superado todas las expectativas. Esa mentalidad de cero presión puede ser su mejor aliado. Jugar sin miedo al fracaso es una ventaja psicológica importante en estos cruces decisivos.
Más allá del resultado, este encuentro simboliza la evolución del fútbol africano. Dos escuelas distintas, dos filosofías de juego, pero una pasión compartida. Marruecos representa la modernización y la apuesta por el talento individual; Camerún, la tradición, la fortaleza colectiva y la capacidad de reinventarse en las adversidades. Este tipo de cruces enriquecen el continente y demuestran el crecimiento de la competición.
El ganador de este duelo de leones se medirá en semifinales al vencedor del cruce entre Nigeria y Angola, con la posibilidad de disputar la final del 8 de febrero en el estadio de Casablanca. Pero antes, debe superar este obstáculo que, por historia, rivalidad y contexto, es quizás el más complejo de todo el camino. La CAN 2025 está siendo un torneo lleno de sorpresas y este encuentro no será una excepción.
El fútbol tiene estas cosas: da oportunidades de redención, de borrar malos recuerdos y de escribir nuevas páginas gloriosas. Para Marruecos, este viernes es más que un partido de cuartos de final. Es una cita con la historia, con su afición y con la posibilidad de demostrar que la revancha, en el deporte, es posible. Para Camerún, es la oportunidad de confirmar que la valentía de renovarse tiene premio y de seguir sumando capítulos a una leyenda ya de por sí inmensa en el continente. El balón rodará y los leones rugirán, pero solo uno seguirá vivo en la lucha por la corona africana.