La desaparición de Esther López conmocionó a la localidad vallisoletana de Traspinedo el 12 de enero de 2022. Ahora, el programa Equipo de Investigación ha desvelado los últimos mensajes que la joven de 35 años envió a sus contactos antes de que su rastro se esfumara para siempre. Estas conversaciones en WhatsApp dibujan una noche aparentemente normal, centrada en un partido de fútbol y planes con amigos, pero que terminó en un misterio sin resolver.
La noche del 11 al 12 de enero, Esther mantuvo varias conversaciones que han sido clave para reconstruir sus últimas horas. Aproximadamente siete horas antes de que se perdiera cualquier rastro de su paradero, la joven escribió a un amigo: "Ey amigo. Estoy bien, aquí en casa esperando a Luisillo. A ver si viene y vamos a ver el partido". Este mensaje, aparentemente intrascendente, se ha convertido en una pieza fundamental para entender sus movimientos previos a la desaparición.
El criminólogo Francisco Pérez, profesor de la Universidad Camilo José Cela (UCJC), ha analizado en profundidad estos mensajes para el programa. Según su reconstrucción, el "Luisillo" mencionado por Esther es un amigo que debía recogerla en su domicilio para acudir juntos a un establecimiento hostelero. El objetivo: presenciar la Supercopa de España que enfrentaba al Real Madrid y al FC Barcelona. Un evento futbolístico que congregaba a numerosos aficionados en los bares de la zona.
La secuencia de eventos, según el análisis del experto, indica que tras la victoria del Real Madrid, el grupo decidió trasladarse a la vivienda de Luisón para continuar con la celebración. Este tipo de comportamientos sociales, espontáneos y ligados al ocio nocturno, son habituales en localidades como Traspinedo, donde "todo el mundo se conoce y casi nunca pasa absolutamente nada", como apunta el criminólogo en su intervención.
Sin embargo, la noche dio un giro inesperado. Aproximadamente una hora después del primer mensaje, Esther recibió otra comunicación, esta vez de su amigo Carolo. El contenido de este mensaje resulta llamativo: le preguntaba si sabía dónde podía "pillar un 'pollo'". La respuesta de Esther fue clara y directa: "Ni idea, tía, yo ahora me voy a ir a mi casa, y ya cada uno en su casa". Esta conversación sugiere que la joven ya tenía intención de regresar a su domicilio y poner fin a la velada.
A pesar de esta declaración de intenciones, la realidad fue diferente. El análisis de Francisco Pérez revela que Esther finalmente optó por reunirse con Carolo y Óscar en el bar donde se encontraban. Se trata de un establecimiento que la joven conocía desde hacía muchos años, lo que descarta cualquier sensación de desconocimiento o inseguridad por el entorno. Los tres permanecieron allí hasta las 2:20 de la madrugada, convirtiéndose en los últimos clientes en abandonar el local.
Las 2:20 horas se han establecido como el último momento en que se tiene constancia de la presencia de Esther López. A partir de ese instante, su rastro se desvanece por completo. La investigación policial y los esfuerzos de sus familiares y amigos no han logrado determinar qué ocurrió en las horas siguientes, generando una de las desapariciones más misteriosas de los últimos años en la provincia de Valladolid.
El contexto de Traspinedo resulta relevante para comprender la magnitud del caso. Se trata de una pequeña localidad donde la convivencia es estrecha y los movimientos no pasan desapercibidos. La ausencia de testigos directos o indicios claros tras la salida del bar ha dificultado enormemente las pesquisas. El hecho de que Esther conociera bien a todas las personas con las que interactuó esa noche y los lugares que frecuentó ha llevado a los investigadores a explorar múltiples hipótesis sin descartar ninguna línea de investigación.
El programa Equipo de Investigación, conocido por su rigor y acceso a información exclusiva, ha puesto el foco en estos detalles comunicacionales. Los mensajes de WhatsApp, lejos de ser simples conversaciones digitales, se han convertido en testimonios digitales que trazan el itinerario emocional y físico de Esther en sus últimas horas de libertad. Cada palabra, cada hora de envío, cada contacto interactuado, aporta una pieza al complejo puzzle que rodea su paradero.
La figura del criminólogo Francisco Pérez resulta esencial en esta reconstrucción. Su capacidad para interpretar los patrones de comportamiento, las dinámicas sociales y las decisiones aparentemente inconexas permite trazar un mapa mental de las últimas acciones de la joven. La transición desde un plan inicial de volver a casa hasta la decisión final de quedarse hasta el cierre del bar refleja la espontaneidad propia de las reuniones sociales, pero también deja interrogantes sobre qué pudo motivar ese cambio de opinión.
La pregunta sobre "pillar un pollo" que Carolo hizo a Esther abre otra vía de análisis. Aunque la joven respondió que no tenía información al respecto y que se iba a su casa, el término coloquial podría tener múltiples interpretaciones en el contexto de una noche de celebración. Los investigadores han analizado minuciosamente este intercambio para determinar si encierra alguna pista relevante o si, por el contrario, es una conversación casual sin mayor trascendencia.
La importancia de la Supercopa de España como elemento contextual no debe subestimarse. El Real Madrid se proclamó vencedor en aquel encuentro, y la celebración posterior es un hecho socialmente documentado. La decisión de trasladarse a la casa de Luisón tras el partido forma parte de una dinámica grupal lógica, pero también crea un período temporal con menos testigos y menos control sobre los movimientos individuales.
La familia de Esther López ha mantenido una activa presencia en redes sociales y medios de comunicación, reclamando justicia y respuestas. La difusión de estos mensajes por parte de Equipo de Investigación responde a la necesidad de mantener viva la memoria del caso y generar nuevas pistas que puedan ayudar a esclarecer los hechos. Cada detalle revelado públicamente es una oportunidad para que alguien recuerde algo, por insignificante que parezca, que pueda orientar la investigación.
El análisis de datos digitales en casos de desaparición ha cobrado una relevancia sin precedentes en los últimos años. Los smartphones, las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea generan un rastro digital que, aunque incomplete, permite trazar rutas y establecer patrones. En el caso de Esther, estos mensajes son prácticamente las únicas evidencias de su estado de ánimo y sus planes inmediatos antes de desaparecer.
La localidad de Traspinedo, con apenas 1.000 habitantes, se ha visto sacudida por un suceso que rompe con la tranquilidad habitual. La colaboración ciudadana ha sido intensa desde el primer momento, con numerosas voluntarias participando en los dispositivos de búsqueda. Sin embargo, la falta de avances concretos ha generado frustración y dolor en una comunidad que no entiende cómo puede desaparecer una persona sin dejar rastro en un entorno tan cercano y controlado.
El trabajo de los criminólogos como Francisco Pérez resulta indispensable en estos casos. Su capacidad para ver más allá de lo evidente, para conectar datos aparentemente inconexos y para generar hipótesis fundamentadas, proporciona a las familias y a los cuerpos de seguridad nuevas perspectivas. La reconstrucción minuciosa de la noche del 11 al 12 de enero es un ejercicio de rigor profesional que busca, ante todo, encontrar a Esther y devolverla a su entorno.
La difusión de este tipo de contenidos por parte de medios como LaSexta cumple una función social dual: informar con precisión y mantener el interés público en casos que, de otro modo, podrían quedar en el olvido. La hemeroteca de Equipo de Investigación demuestra el compromiso del programa con la búsqueda de la verdad y con el apoyo a las familias que sufren la incertidumbre de una desaparición.
Mientras tanto, la investigación continúa abierta. Los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional mantienen activas varias líneas de investigación, aunque sin resultados concluyentes. La familia no ceja en su empeño, y cada aniversario de la desaparición sirve para renovar el llamamiento a la colaboración ciudadana. Los mensajes de WhatsApp, esas breves líneas de texto escritas en una noche que parecía igual a cualquier otra, permanecen como testimonio digital de una vida interrumpida y como esperanza de que algún día se pueda cerrar este doloroso capítulo.
El caso de Esther López recuerda que las desapariciones pueden ocurrir en cualquier lugar, en cualquier momento y a cualquier persona. La tecnología nos permite dejar rastros, pero también nos expone a vulnerabilidades que aún no comprendemos del todo. Mientras la justicia y la verdad no llegan, los mensajes seguirán hablando por una voz que ya no puede hacerlo por sí misma.