Arda Güler: entre el talento y la frustración por los cambios constantes

El joven turco del Real Madrid muestra su malestar tras otra sustitución prematura, una situación que se repite desde la era de Xabi Alonso

El estadio Da Luz fue el escenario donde la paciencia de Arda Güler llegó a su límite. El joven talento turco del Real Madrid no pudo ocultar su frustración cuando vio su dorsal en el cartel electrónico de sustitución durante el duelo contra el Benfica. Con el marcador en contra (3-2) y el reloj marcando el minuto 79, el futbolista de 20 años estaba a punto de ejecutar un saque de esquina cuando recibió la orden de abandonar el terreno de juego. Su reacción fue inmediata y desafiante: gestos visibles de descontento, palabras en inglés que las cámaras captaron sin dificultad y un gesto de quitarse los guantes con evidente rabia. "Siempre yo, siempre yo", parecía repetir mientras se dirigía al banquillo.

Este incidente no es aislado, sino la punta de un iceberg que representa una problemática recurrente en la carrera de Güler en el Real Madrid: la dificultad para completar los 90 minutos cuando forma parte del once inicial. A pesar de su evidente talento y del potencial que todos los técnicos reconocen, el centrocampista otomano se ha convertido en un especialista en partidos incompletos.

La sombra de Xabi Alonso

Durante el mandato de Xabi Alonso, la situación ya era similar. El técnico tolosarra utilizó a Güler en 22 ocasiones como titular, pero solo le permitió completar el partido completo en dos ocasiones: contra el Levante y el Rayo Vallecano. El resto de las veces, el joven veía interrumpida su participación antes del pitido final, independientemente de su rendimiento en el campo.

La llegada de Arbeloa al banquillo merengue generó expectativas de un cambio de dinámica. Inicialmente, así parecía ser. Güler pasó de ser suplente en los tres últimos compromisos de la era Alonso (Betis, Atlético de Madrid y Barcelona) a convertirse en pieza fija en los planes del nuevo entrenador. Con el ex lateral derecho al mando, el turco ha sido titular en cuatro de los cinco encuentros disputados.

Sin embargo, la realidad ha resultado ser más compleja de lo esperado. A pesar de contar con la confianza inicial de Arbeloa, el patrón de las sustituciones prematuras persiste. Solo en su debut con el nuevo técnico, en Albacete, pudo disfrutar de los 90 minutos completos. En el resto de las ocasiones, el cartel de cambios ha vuelto a aparecer con su número.

Las cifras que hablan por sí solas

Los números son contundentes y reflejan una tendencia preocupante para un jugador en plena etapa de desarrollo. De los 25 partidos en los que Güler ha sido titular durante esta temporada, solo en tres ha podido completar el tiempo reglamentario. Esto representa un escaso 12% de efectividad en cuanto a minutos completos.

Esta estadística plantea interrogantes sobre la verdadera confianza que los técnicos depositan en él. ¿Es realmente una pieza fundamental o un recurso táctico de impacto parcial? La pregunta cobra mayor relevancia cuando se analiza el contexto de sus participaciones. Muchas veces, sus sustituciones ocurren en momentos cruciales del partido, cuando el equipo necesita resultados y el jugador se encuentra en pleno ritmo competitivo.

El caso de Lisboa es paradigmático. Con el Real Madrid necesitando un gol para empatar y Güler preparando un saque de esquina, la decisión de retirarle del campo parecía contradecir la lógica ofensiva. El córner finalmente lo ejecutó Rodrygo y la jugada no fructificó, mientras Brahim, recién incorporado, esperaba en la frontal sin poder conectar el balón con efectividad.

Elogios que no se traducen en minutos

La paradoja en el caso de Güler radica en la distancia entre las palabras de sus entrenadores y sus acciones posteriores. Arbeloa, en la previa del duelo contra el Benfica, no escatimó en elogios hacia el joven turco: "Es un chico con muchísimo talento, visión de juego, último pase, gran cambio de orientación... Es un arma que tenemos que explotar más. Con el paso del tiempo, es un futbolista que va a ser importantísimo a nivel mundial, si no lo es ya".

Estas declaraciones, lejos de traducirse en una mayor responsabilidad y continuidad en el campo, parecen quedarse en meras declaraciones de intenciones. El entrenador reconoce su calidad, su potencial mundial y su capacidad para el último pase, pero a la hora de la verdad, opta por preservarle o sustituirle en los momentos decisivos.

Este comportamiento genera una tensión evidente en el jugador. La frustración mostrada en Lisboa no es solo por una sustitución aislada, sino por la acumulación de experiencias similares que cuestionan su rol real dentro del equipo. A sus 20 años, Güler necesita continuidad para desarrollar su talento, no solo minutos fragmentados y oportunidades incompletas.

El impacto decisivo de Güler

A pesar de la limitación en minutos, la contribución de Güler al juego del Real Madrid es indiscutible. Esta temporada ha registrado 12 asistencias, cifra notable para un jugador con su perfil y tiempo de juego. Lo más significativo es que 8 de esas asistencias han sido para Kylian Mbappé, demostrando una conexión especial con el delantero francés.

Esta estadística pone de manifiesto su capacidad para incidir en el juego ofensivo del equipo. No es un jugador que ocupa espacio sin más, sino que genera oportunidades de gol y tiene la visión necesaria para encontrar a los compañeros en posiciones ventajosas. Su especialización en los saques de esquina, como se vio en Lisboa, es otra de sus virtudes tácticas que el equipo aprovecha.

Sin embargo, esta efectividad contrasta con la falta de confianza para terminar los encuentros. Un jugador capaz de generar tantas ocasiones de gol debería ser considerado un activo para los minutos finales, especialmente cuando el equipo necesita desnivelar el marcador.

Un patrón que preocupa

La situación de Güler refleja un patrón que puede afectar al desarrollo de jóvenes talentos en grandes clubes. La presión por resultados inmediatos, la competencia por puestos en plantillas llenas de estrellas y la tendencia a proteger a los jóvenes jugadores pueden generar dinámicas contradictorias.

Por un lado, el club y los técnicos reconocen el potencial del jugador y lo protegen de la presión excesiva. Por otro, esta protección se traduce en una falta de continuidad que puede frenar su progresión y generar frustración, como la mostrada en Lisboa.

El reto para Arbeloa y el cuerpo técnico es encontrar el equilibrio entre cuidar a su joven promesa y darle la responsabilidad que necesita para crecer. A sus 20 años, Güler no es ya un novato que requiere protección constante, sino un futbolista con capacidad para incidir en los partidos importantes.

Perspectiva de futuro

El camino de Güler en el Real Madrid parece encontrarse en un punto de inflexión. Su talento es innegable, su contribución estadística es relevante y su proyección es prometedora. Sin embargo, la falta de confianza para completar los partidos representa un obstáculo en su desarrollo.

La reacción en Lisboa puede interpretarse como un punto de quiebre. Por un lado, muestra una madurez competitiva y una ambición saludable: quiere estar en el campo cuando el equipo lo necesita. Por otro, podría generar tensiones con el cuerpo técnico si no se gestiona adecuadamente.

La clave estará en la comunicación entre el jugador y el entrenador. Arbeloa debe decidir si Güler es realmente una pieza central de su proyecto o un recurso complementario. Si es lo primero, las sustituciones prematuras deberían ser la excepción, no la regla. Si es lo segundo, el club debería valorar si una cesión o un rol más definido sería más beneficioso para su desarrollo.

Lo cierto es que el Real Madrid tiene en sus manos a uno de los talentos más prometedores del fútbol europeo. La gestión de su minutaje y su confianza determinará no solo su futuro personal, sino también el aprovechamiento de una inversión deportiva de primer nivel. El tiempo dirá si Lisboa fue un incidente aislado o el comienzo de una nueva etapa en la relación entre Güler y su entrenador.

Referencias