El fútbol moderno se rige por decisiones milimétricas y oportunidades que se escapan en segundos. La trayectoria de Thiago Pitarch es un claro ejemplo de cómo el timing puede cambiar por completo el destino de un jugador. Lo que parecía un camino directo hacia Benfica terminó desviándose hacia Valdebebas, donde ahora prepara su salto al fútbol profesional bajo el ala blanca.
El verano de 2023 marcó un punto de inflexión en la carrera del joven madrileño. Después de una temporada excepcional con el Leganés, donde demostró un nivel superior a su edad, los ojos de Europa comenzaron a fijarse en él. Sin embargo, fue el conjunto lisboeta quien dio el primer paso decidido, convencido de que había encontrado una de las perlas del fútbol español.
La propuesta del club portugués era más que tentadora. Benfica, reconocido por explotar y potenciar el talento joven, ofrecía un proyecto deportivo sólido con proyección internacional. La negociación avanzaba a buen ritmo y todo indicaba que el futbolista vestiría de rojo encarnado. Los términos económicos y deportivos estaban prácticamente cerrados. Pero en el mundo del fútbol, cuando un grande de Europa mueve ficha, los demás se activan.
El departamento de captaciones del Real Madrid llevaba meses monitorizando su evolución. Los informes técnicos destacaban su polivalencia, visión de juego y capacidad de adaptación. No obstante, fue la presión ejercida por el interés portugués la que activó la alarma en la capital española. La directiva blanca entendió que esperar más tiempo equivalía a perder una joya de la corona.
La llamada desde La Fábrica llegó en el momento exacto. La oferta del Real Madrid no solo igualaba las condiciones del Benfica, sino que añadía un factor emocional decisivo: regresar a casa. Para un chico formado en las escuelas del Atlético de Madrid y criado en la zona sur de la capital, la oportunidad de crecer en el club más laureado de España resultaba irresistible.
El desenlace fue fulminante. En cuestión de horas, el futuro de Pitarch cambió de bando. Lo que iba a ser una presentación en el Estadio da Luz se transformó en un contrato con el conjunto merengue. La operación se cerró en tiempo récord, dejando al club lisboeta con las manos vacías y al jugador con una nueva ilusión.
Para entender este desenlace, hay que remontarse a los inicios del protagonista. Desde pequeño, Thiago destacó en las categorías inferiores del Atlético de Madrid, donde su técnica y su inteligencia en el campo llamaban la atención. Sin embargo, su polivalencia, que le permitía jugar como lateral, extremo o mediapunta, también se convirtió en un obstáculo. Los técnicos no terminaban de ubicarle en una posición fija, lo que dificultaba su progresión.
En 2018, decidió buscar nuevos horizontes y firmó por el Getafe. Allí continuó su formación, pero la falta de continuidad y la necesidad de encontrar su rol específico en el campo le obligaron a seguir explorando opciones. Fue en el Leganés donde finalmente encontró su lugar. Durante la temporada 2022-2023, el cuerpo técnico pepinero le situó como centrocampista interior, posición donde explotó todo su potencial.
Su rendimiento fue tan brillante que le ascendieron al Juvenil A en apenas un mes. Los goles, las asistencias y su liderazgo en el campo no pasaron desapercibidos. La selección madrileña le convocó para torneos de élite, donde se enfrentó a las mejores promesas del país, incluida la generación de Lamine Yamal en Cataluña. Ese escenario fue el escaparate perfecto para que los grandes clubes actualizaran sus informes.
El Sevilla, que ya le había tanteado anteriormente, volvió a la carga. Pero fue el Benfica quien puso sobre la mesa una oferta concreta y seductora. La operación estaba prácticamente hecha cuando el Real Madrid decidió jugar su carta. La estrategia fue clara: no podían permitir que otro club europeo se adueñara de un talento nacional con tantas garantías.
La incorporación a la disciplina blanca no fue el final del camino, sino el principio de una nueva etapa de exigencia. En enero de 2025, Álvaro Arbeloa, entrenador del Juvenil B, le ascendió directamente al Juvenil A. El salto fue considerable, pero Pitarch respondió con trabajo y determinación. Se convirtió en pieza indiscutible, capitaneando el equipo desde el centro del campo.
Su progresión fue tan meteórica que el propio Arbeloa, ahora al frente del Castilla, le convocó para la pretemporada con el filial. El objetivo era que se familiarizara con el ritmo del fútbol adulto, pero Thiago superó todas las expectativas. Cuando Xabi Alonso, entrenador del primer equipo, buscaba soluciones para los entrenamientos por las molestias de algunos titulares, el joven se ganó un puesto en las dinámicas del equipo principal.
La confianza depositada en él no fue gratuita. Durante meses, Pitarch acumuló horas extras en el gimnasio y en el campo de entrenamiento. Su mentalidad profesional y su humildad para aprender convencieron a los técnicos de que estaban ante un caso especial. No solo poseía talento natural, sino la disciplina necesaria para explotarlo al máximo.
Hoy, su nombre comienza a sonar con fuerza en los corrillos futbolísticos. Los aficionados del Bernabéu preguntan quién es ese chico del Castilla que entrena con las estrellas. Los ojeadores que le perdieron de vista se muerden las uñas. Y el Benfica, que estuvo tan cerca de cerrar su fichaje, ha visto cómo se le escapaba una de las promesas más interesantes de la generación española.
El futuro de Thiago Pitarch está por escribir, pero las bases son sólidas. Con apenas 18 años, ya ha vivido más situaciones límite que muchos veteranos. Ha sabido reinventarse, encontrar su posición ideal y aprovechar las oportunidades cuando han llegado. La próxima temporada será decisiva. Si continúa su progresión, no tardará en debutar con el primer equipo en partidos oficiales.
La lección que deja su historia es clara: en el fútbol, no basta con tener talento. Hace falta estar en el lugar correcto, en el momento adecuado, y contar con la capacidad de responder cuando la oportunidad llama a tu puerta. El Real Madrid apostó por él cuando más lo necesitaba, y él está devolviendo esa confianza con creces. Mientras tanto, en Lisboa, se preguntan qué habría sido si aquel teléfono no hubiera sonctado en Valdebebas.