Quim Salarich brilla en Milán-Cortina con histórico top 20 olímpico

El esquiador español culmina su tercera participación olímpica con un meritorio 19º puesto en eslalon, rompiendo una sequía de 20 años para el esquí alpino nacional

La competición de eslalon masculino en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 dejó momentos de intensa emoción y un resultado histórico para el deporte español. Mientras la nieve de Bormio se convertía en testigo de triunfos y frustraciones, Quim Salarich escribió una nueva página dorada para el esquí alpino de nuestro país al firmar una meritoria decimonovena posición que rompe dos décadas de ausencia en la élite olímpica.

La jornada estuvo marcada por un dramático giro en la lucha por el podio. El noruego Atle Lie McGrath, quien había dominado con autoridad la primera manga estableciendo el mejor tiempo, partía como último competidor en la segunda vuelta con la medalla de oro prácticamente asegurada. Sin embargo, el destino tenía preparada una cruel sorpresa. Un error en la línea de esquí le hizo perder el control y salirse del trazado, viendo desvanecerse en segundos el sueño olímpico que parecía inminente. La imagen de su desesperación quedó grabada cuando, incrédulo, lanzó sus bastones al vacío y desapareció corriendo entre los árboles del bosque circundante.

Este inesperado desenlace abrió la puerta al suizo Loic Meillard, quien finalmente se alzó con el preciado metal dorado en una competición donde la presión demostró ser un rival tan temible como el propio recorrido.

Para el esquí español, la jornada tuvo un sabor completamente diferente pero igual de significativo. Joaquim Salarich Baucells, el abanderado de nuestra delegación en estos Juegos, demostró una vez más por qué es considerado el mejor esquiador nacional desde la época del mítico Paquito Fernández Ochoa, único campeón olímpico invernal de la historia de España con su oro en Sapporo 1972.

El deportista nacido en Vic hace 32 años afrontaba su tercera cita olímpica con la experiencia acumulada de Vancouver 2010 y Sochi 2014 en sus esquís. La primera manga no estuvo exenta de dificultades. Con un tiempo de 1 minuto y 32 centésimas, Salarich se situó en la vigésima posición, justo en el límite para acceder a la segunda ronda. La descalificación del italiano Tobias Kastlunger, quien saltó una puerta, le permitió ascender una plaza y respirar más tranquilo de cara a la manga decisiva.

La segunda bajada fue una demostración de madurez y técnica. Mejorando sensiblemente su rendimiento, el catalán completó el trazado con un crono de 1:58.18, tiempo que le permitió escalar posiciones y cerrar la competición en el lugar 19 de la clasificación general. Un resultado que, a priori, podría parecer modesto, pero que cobra una dimensión extraordinaria cuando se contextualiza en la realidad del esquí alpino español.

Con este pase a la segunda manga, Salarich rompió una sequía que duraba desde 2006, cuando María José Rienda logró un similar hito. Durante dos décadas, ningún esquiador masculino había conseguido superar el corte olímpico y situarse entre los veinte mejores del mundo en la máxima cita deportiva. La gesta de Quim no solo pone fin a esa espera, sino que establece un nuevo referente para las generaciones venideras.

Más allá de los números y las estadísticas, la participación de Salarich en Milán-Cortina estuvo cargada de emotividad personal. El casco que protegía su cabeza lucía la imagen de Nala, su fallecida perra, a la que decidió honrar de esta manera tan especial en el escenario deportivo más importante del planeta. Este gesto convirtió cada bajada en un homenaje vivo, demostrando que detrás del atleta de élite hay una persona con sentimientos profundos y valores entrañables.

La competición de eslalon reunió a 96 esquiadores de todo el mundo, de los cuales solo 46 lograron completar la exigente primera manga. Las condiciones de la pista, la presión psicológica y la complejidad del trazado dejaron fuera a más de la mitad de los participantes, lo que hace aún más valioso el logro del español.

El rendimiento de Salarich en estos Juegos confirma su status como el gran referente del esquí alpino nacional en la última década. Sus resultados en la Copa del Mundo, donde ha cosechado múltiples top 20 y ha sido regular en las pruebas de eslalon, han sentado las bases para este hito olímpico. La constancia, el trabajo diario y la capacidad de superar adversidades definen la trayectoria de un deportista que ha tenido que luchar contra la falta de tradición y recursos de un deporte minoritario en nuestro país.

El legado de Paquito Fernández Ochoa ha perdurado durante más de cincuenta años como el faro del esquí español. Con su oro en Sapporo, el esquiador madrileño elevó el listón a una altura casi inalcanzable. Sin embargo, la generación actual, liderada por Salarich, está demostrando que es posible competir con garantías en el más alto nivel. No se trata de igualar la gesta de Paquito, sino de construir una nueva realidad donde la presencia español en la élite del esquí alpino deje de ser una excepción para convertirse en algo más habitual.

Los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 suponen un punto de inflexión para el esquí español. Mientras otros deportes invernales como el snowboarding o el esquí de fondo han cosechado éxitos recientes, el alpino necesitaba este empuje. La actuación de Quim Salarich no es solo un logro personal, sino un regalo para toda la comunidad esquiadora española que durante años ha visto como sus representantes caían en el olvido internacional.

El futuro del esquí alpino en España pasa por capitalizar este momento. Las federaciones, los centros de tecnificación y los jóvenes promesas necesitan ver en Salarich un ejemplo de que es posible. La infraestructura, el apoyo económico y la visibilidad mediática son factores clave para que este hito no quede aislado. La semilla del éxito ha sido plantada en las pistas de Bormio, y ahora corresponde a las instituciones regarla para que crezca y dé frutos en próximas generaciones.

La historia de Quim Salarich en estos Juegos es, en definitiva, una historia de superación, de pasión por un deporte minoritario en su país, y de la recompensa al esfuerzo constante. Mientras Atle Lie McGrath lamentaba su desgracia en el bosque, el español celebraba con modestia pero con inmensa satisfacción haber roto una barrera que parecía infranqueable. El top 20 olímpico ya no es un sueño, es una realidad que lleva nombre, apellido y un casco con la sonrisa de Nala.

Referencias