El Real Valladolid ha anunciado oficialmente el nombramiento de Fran Escribá como nuevo entrenador del primer equipo, convirtiéndose así en el tercer técnico que dirige al conjunto blanquivioleta en esta complicada temporada. El valenciano, de 60 años, ha firmado un contrato que le vincula con el club hasta 2027 y será presentado mañana en una rueda de prensa abierta a los medios de comunicación.
La situación que hereda Escribá es crítica. El Valladolid, que comenzó el curso con la ambiciosa meta de luchar por el ascenso a Primera División, se encuentra actualmente en una de las cuatro últimas posiciones de la tabla, lo que obliga a reconducir los objetivos hacia la permanencia en Segunda División. Este declive deportivo ha provocado dos cambios en el banquillo, siendo el último la destitución de Tevinot, quien únicamente consiguió sumar cuatro puntos de veintiuno posibles.
El club ha optado por un perfil experimentado en la categoría de plata del fútbol español. La experiencia de Escribá en Segunda División es extensa y variada, habiendo dirigido anteriormente a equipos como el Elche y el Real Zaragoza, además de su paso reciente por el Granada, donde fue cesado la temporada pasada y sustituido precisamente por Pacheta, el técnico que dejó el banquillo del Valladolid y que, indirectamente, ha facilitado este nuevo destino profesional al valenciano.
La presentación oficial está programada para mañana a las 11:00 horas, después del entrenamiento matutino. Será una sesión a puerta abierta, lo que demuestra la voluntad del club de generar un clima de transparencia y cercanía con la afición. Este acto se celebrará en la segunda sesión de la semana, tras el regreso del plantel a los entrenamientos en la tarde de hoy, donde los jugadores han podido conocer de primera mano las bases del nuevo proyecto deportivo.
La trayectoria de Fran Escribá como entrenador principal comenzó en 2012 en el Elche, club al que dirigió durante tres temporadas consecutivas. En su etapa ilicitana logró el ascenso a Primera División y dos permanencias consecutivas, aunque el club finalmente descendió por cuestiones administrativas ajenas a lo deportivo. Este fue su primer gran éxito como técnico, consolidando su reputación en la categoría.
En la temporada 2015-16 asumió el mando del Getafe, aunque no pudo completar el curso y el conjunto madrileño terminó perdiendo la categoría. Su siguiente destino fue el Villarreal, donde en la campaña 2016-17 obtuvo buenos resultados, pero fue destituido en la sexta jornada de la siguiente temporada, demostrando la exigencia y la poca paciencia que existe en los banquillos de Primera División.
La temporada 2018-19 la inició sin equipo, pero aceptó el reto de salvar al Celta de Vigo en las últimas doce jornadas, objetivo que cumplió con éxito. Sin embargo, en la campaña siguiente fue cesado precisamente cuando se habían disputado una docena de partidos, repitiendo un patrón que se ha convertido en una constante en su carrera: éxitos inmediatos seguidos de destituciones prematuras.
Su vuelta al Elche en la temporada 2020-21 tuvo un guion similar. Llegó para salvar a los ilicitanos en las últimas diecisiete jornadas y lo consiguió, pero en la siguiente campaña fue destituido en la jornada catorce y el equipo acabó descendiendo a Segunda División. Esta experiencia le llevó a asumir dos proyectos consecutivos en la categoría de plata.
El primero fue en la temporada 2022-23 con el Real Zaragoza, al que dirigió durante las últimas veintisiete jornadas. Sin embargo, la historia se repitió: fue cesado en su segunda campaña en la jornada dieciséis tras una racha de siete partidos consecutivos sin conocer la victoria. Su última experiencia antes de llegar al Valladolid fue en el Granada, donde llegó en la jornada siete de la temporada pasada, entonó al equipo inicialmente, pero una serie de malos resultados provocaron su destitución en la jornada treinta y nueve, siendo sustituido por Pacheta.
Este nombramiento genera opiniones encontradas entre la afición vallisoletana. Por un lado, la experiencia de Escribá en Segunda División es indiscutible, con varios ascensos y salvaciones a su haber. Conoce la categoría, sus exigencias y la capacidad de gestionar grupos en situaciones de presión. Su capacidad para revertir dinámicas negativas ha quedado demostrada en múltiples ocasiones, aunque también es cierto que su tendencia a ser destituido antes de completar proyectos plantea dudas sobre su estabilidad a largo plazo.
El Valladolid necesita con urgencia una reacción inmediata. Los jugadores deben asimilar rápidamente las ideas del nuevo cuerpo técnico y traducirlas en resultados positivos en un calendario que no perdona. La plantilla, construida inicialmente para pelear por los puestos de privilegio, debe demostrar su calidad y revertir la dinámica negativa que ha llevado al equipo a las posiciones de descenso.
La confianza del club en Escribá se materializa en un contrato hasta 2027, un compromiso a largo plazo que sorprende teniendo en cuenta la situación actual y el historial de corta duración de sus anteriores etapas. Esta decisión podría interpretarse como una apuesta por la estabilidad técnica más allá de la situación coyuntural, pensando en un proyecto deportivo sólido que trascienda la permanencia inmediata.
Sin embargo, la realidad del fútbol moderno es implacable. Los resultados marcan el devenir de cualquier entrenador, y más en una entidad como el Valladolid, que aspira a regresar cuanto antes a Primera División. La presión será máxima desde el primer minuto, y Escribá deberá demostrar que puede romper la dinámica de sus últimas experiencias y construir un proyecto duradero.
La clave estará en conectar con la plantilla, recuperar la confianza de los jugadores y establecer una identidad de juego clara que permita sumar puntos de forma inmediata. La experiencia le avala, pero el tiempo jugará en su contra si los resultados no acompañan. El Valladolid no puede permitirse más errores en una temporada que ya ha sido demasiado turbulenta.
La afición espera una reacción contundente. El estadio José Zorrilla debe convertirse de nuevo en una fortaleza y los jugadores deben demostrar su compromiso con la causa. El nombramiento de Escribá es una oportunidad para todos: para el entrenador, que busca reivindicarse; para los jugadores, que necesitan demostrar su valía; y para el club, que debe demostrar que su proyecto tiene solidez más allá de los malos resultados momentáneos.
El reto es mayúsculo, pero las herramientas existen. La plantilla tiene calidad suficiente para salir de la situación actual y la experiencia de Escribá en situaciones similares es un activo importante. Ahora solo falta que todas las piezas encajen y el Valladolid pueda mirar hacia arriba en la tabla. El tiempo dirá si esta apuesta resulta acertada, pero lo que es indiscutible es que el club necesitaba un cambio de rumbo y el valenciano representa una opción con experiencia y conocimiento de la categoría.
La temporada aún tiene mucho recorrido y los puntos por disputar son suficientes para revertir la situación. La historia de Escribá demuestra que sabe sacar a los equipos de situaciones complicadas, aunque también que su estabilidad no es su punto fuerte. El Valladolid confía en que esta vez la historia será diferente y que el valenciano podrá cumplir todo su contrato hasta 2027, algo que no ha conseguido en ninguno de sus anteriores destinos.