El futuro de Iago Aspas en el Celta de Vigo permanece envuelto en incertidumbra. A sus 38 años, el máximo referente del club vigués afronta los últimos compases de su carrera profesional sin tener claro si la próxima temporada será su despedida o si prolongará su trayectoria un curso más. En una reciente entrevista concedida al Diario As, el delantero ha abierto la puerta a una posible retirada este mismo verano, aunque se ha mostrado reacio a tomar una decisión precipitada, preferiendo esperar a sentirse completamente seguro antes de dar el paso definitivo.
El atacante celeste, que cumplirá 39 años el próximo mes de agosto, ha reconocido que su cuerpo le está pidiendo cada vez más descanso, pero que todavía se siente con fuerzas para competir al máximo nivel. Durante la presente campaña, Aspas ha participado en un total de 30 encuentros oficiales, aunque únicamente ha sido titular en la mitad de ellos. Esta gestión de minutos, llevada a cabo por el cuerpo técnico, demuestra la necesidad de preservar al capitán para los momentos clave, evitando así desgastes innecesarios en un calendario tan exigente como el actual.
Los números del de Moaña hablan por sí solos: 1.400 minutos sobre el césped, cuatro goles anotados y cinco asistencias repartidas entre sus compañeros. Cifras que, si bien no alcanzan los registros de sus mejores temporadas, siguen siendo muy respetables para un jugador de su edad en una competición tan física como LaLiga EA Sports. Precisamente, el aspecto físico es el que más preocupa a Aspas, quien ha reconocido que el fútbol actual exige cada vez más velocidad, potencia y resistencia, cualidades que tienden a decaer con el paso de los años.
"Lo llevo bastante bien", ha manifestado el futbolista cuando se le ha cuestionado sobre su condición física actual. "Ahora el fútbol es más físico que hace ocho, diez o quince años, pero me estoy encontrando bien y participando en casi todos los partidos, ya sea en muchos de titular y en otros un poco menos desde el banquillo. Estoy muy contento", ha añadido, mostrando una actitud positiva pero realista ante la situación.
La decisión final, sin embargo, no recae únicamente en sus piernas o en su cabeza. Aspas ha dejado claro que mantendrá una conversación directa con Marco Garcés, presidente del Celta de Vigo, cuando el momento sea oportuno. "Cuando tome una decisión lo hablaré con él o tomaremos un café. Ya sea para un lado o para el otro, estaré eternamente agradecido", ha declarado, poniendo de manifiesto la excelente relación que une al máximo mandatario celeste con su capitán histórico.
Este encuentro entre ambos será crucial para definir el rumbo del club en los próximos años. La posible marcha de Aspas supondría el cierre de una era dorada para el Celta, que ha vivido sus mejores momentos en la última década de la mano de su máximo ídolo. Su retirada dejaría un vacío difícil de llenar, tanto en el terreno de juego como en el vestuario, donde su liderazgo es indiscutible.
Paralelamente a su propio futuro, Aspas también ha opinado sobre la situación de Fer López, el extremo gallego que regresó a Balaídos este pasado mes de enero tras su frustrada experiencia en el Wolverhampton Wanderers. El club inglés desembolsó 22 millones de euros por su traspaso el pasado verano, pero las escasas oportunidades en el conjunto de la Premier League han provocado su regreso a casa, aunque esta vez en condición de cedido.
El deseo del Celta es claro: convertir esa cesión en un traspaso definitivo. La directiva ya trabaja en la operación para intentar convencer a los Wolves de que rebajen sus pretensiones económicas, conscientes de que el jugador quiere quedarse en Vigo. Aspas, como buen capitán, ha mostrado su apoyo a esta operación, aunque con los pies en el tierra.
"Claro que me gustaría como celtista", ha admitido Aspas sobre la posible continuidad de López. Sin embargo, ha añadido una importante salvedad: "Los Wolves pagaron un dinero el pasado verano y no va a ser una cosa de un día". Esta frase refleja la realidad de una negociación que se prevé compleja, ya que el club inglés buscará recuperar la mayor parte de su inversión.
El regreso de Fer López ha supuesto un revulsivo para el equipo de Claudio Giráldez. Su conexión con el vestuario nunca se perdió, y su calidad sigue siendo un activo valioso para un Celta que necesita talento en las bandas. A sus 21 años, el futbolista representa el futuro inmediato del club, siempre y cuando las partes puedan llegar a un acuerdo económico.
La situación de ambos jugadores refleja dos caras de la misma moneda. Por un lado, la despedida de un mito vivo que ha entregado su vida al club; por el otro, la consolidación de una joven promesa que debe asumir el relevo generacional. El Celta se encuentra en un momento de transición delicado, donde las decisiones que se tomen este verano marcarán el rumbo de la entidad para los próximos años.
Aspas, consciente de su responsabilidad, no quiere precipitarse. "No lo sé", ha respondido tajante cuando le han preguntado directamente por su retirada. "No me he puesto ninguna fecha. Dependerá de cómo me vaya sintiendo", ha reiterado, dejando claro que su cuerpo tendrá la última palabra.
Esta honestidad ha sido siempre una de las señas de identidad del capitán, que nunca ha ocultado sus emociones ni sus dudas. Su cercanía con la afición le obliga a ser transparente, y esta vez no iba a ser menos. El mensaje es claro: disfruta de cada día como si fuera el último, pero sin presiones añadidas.
El calendario avanza inexorablemente hacia el final de temporada, y con él, la resolución de estos dos frentes abiertos. El Celta necesita certezas para planificar su proyecto deportivo, pero también debe respetar los tiempos de su capitán. La paciencia será clave para que todas las partes salgan ganando.
Mientras tanto, Aspas seguirá entrenando con la misma ilusión de siempre, dispuesto a aportar su granito de arena en cada partido que le quede. Su legado ya está asegurado, pero quiere despedirse a lo grande, si es que finalmente decide que este es el momento. La pelota está en su tejado, y el Celta espera su decisión con la máxima de las ilusiones.