Luis Landero se ha consolidado como una de las voces más respetadas de las letras españolas contemporáneas. Su trayectoria, marcada por una meticulosidad extrema en el proceso creativo y una reflexión profunda sobre el oficio de escribir, le ha convertido en un referente para generaciones de lectores y escritores. En sus declaraciones públicas, Landero no oculta que la sombra del fracaso lo acompaña constantemente, una inquietud que alimenta su inconformismo y lo mantiene en perpetua búsqueda de la excelencia literaria.
Este reconocido autor, premio Nacional de las Letras en 2021, ha manifestado en repetidas ocasiones que los galardones, si bien bienvenidos, no constituyen su motor principal. Su última novela, "La última función" (2024), condensa las temáticas que le son caras: el fracaso, la ilusión y la irrealidad. Precisamente esta sensibilidad particular hace que sus recomendaciones literarias tengan un peso especial para quienes buscan lecturas transformadoras.
El método de trabajo de Landero resulta tan fascinante como sus obras. Escribe inicialmente en tinta negra para posteriormente corregir con cuatro colores diferentes, sometiendo cada texto a una revisión exhaustiva en múltiples etapas. Esta dedicación refleja no solo su compromiso con la calidad, sino también su profundo respeto por el lector.
A continuación, exploramos las obras que Luis Landero considera fundamentales para cualquier biblioteca personal:
1. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
Para Landero, esta obra no es simplemente la cumbre de la literatura española, sino una experiencia vital. Curiosamente, su primer acercamiento a Cervantes ocurrió a los 16 años, motivado no tanto por el texto como por las icónicas ilustraciones de Gustavo Doré. En una anécdota reveladora, el novelista confiesa que adquirió la edición por 400 pesetas, dinero que había ganado como guitarrista. En ese momento, el texto servía como mero complemento de las imágenes, ilustrando las ilustraciones mismas. Con el tiempo, sin embargo, descubrió la profundidad infinita de la prosa cervantina, convirtiéndose en un defensor ferviente de su lectura obligatoria.
2. La novela decimonónica francesa
Landero alaba específicamente el placer impagable que le ha proporcionado la ficción francesa del siglo XIX. Entre sus títulos favoritos destacan "Los miserables" y "Ilusiones perdidas" de Victor Hugo, junto con "Rojo y negro" de Stendhal. Estas obras, según el autor, representan la síntesis perfecta entre la ambición narrativa y la precisión psicológica, ofreciendo retratos sociales que mantienen intacta su vigencia.
3. Los gigantes rusos: Dostoievski y Tolstói
La literatura rusa ocupa un lugar privilegiado en el canon personal de Landero. Aunque no especifica títulos particulares, la mención conjunta de estos dos colosos sugiere la importancia que concede a la exploración de la condición humana en sus extremos más dramáticos. Las novelas de Dostoievski y Tolstói, con su capacidad para desentrañar las motivaciones más íntimas de sus personajes, constituyen para él un modelo de cómo la ficción puede alcanzar la verdad filosófica.
4. El Proceso, de Franz Kafka
La obra del checo Franz Kafka representa para Landero una obra maestra ineludible. La novela, que comienza con la célebre frase "Alguien debía de haber calumniado a Josef K.", narra la pesadilla burocrática y existencial de un hombre acusado de un delito que nunca conoce. Landero destaca cómo Kafka construye una atmósfera de verosimilitud aterradora a partir de una premisa aparentemente absurda. Los mecanismos de la Ley y el Estado, representados mediante abogados, jueces y guardianes, crean un retrato impactante del poder anónimo. El creciente sentimiento de culpa del protagonista y su sumisión al proceso revelan las dinámicas más oscuras de la modernidad.
5. La narrativa española: Baroja y Unamuno
En una confesión personal, Landero admite que durante cierto periodo de su formación lectora, la literatura nacional le resultaba ajena, considerándola incluso "un poco papanata". Sin embargo, maduró hasta reconocer el valor de autores como Pío Baroja, a quien llegó a leer con gran agrado. Aunque el texto de referencia queda incompleto al mencionar a Unamuno, la implicación es clara: la tradición narrativa española, con sus tensiones existenciales y su exploración de la identidad, forma parte esencial de su biblioteca ideal.
6. La invitación al asombro infantil
Una de las enseñanzas más valiosas que Landero extrae de su experiencia lectora es la capacidad de mirar el mundo con ojos de niño. Esta actitud, lejos de ser ingenua, representa una postura ética y estética: la de mantener viva la capacidad de asombrarse, de cuestionar lo evidente y de descubrir la extrañeza en lo cotidiano. Es un principio que aplica tanto a la lectura como a la vida misma.
7. La novela como exploración del fracaso
Aunque no se trata de un título específico, Landero insiste en la importancia de aquellas obras que abordan el fracaso como tema central. Su propia obra, desde "Juegos de la edad tardía" hasta "La última función", gira en torno a personajes que lidian con la desilusión y la irrealidad. Esta preferencia sugiere que valora la literatura que no elude las zonas oscuras de la experiencia humana, sino que las enfrenta con honestidad y rigor estético.
Las recomendaciones de Luis Landero no constituyen una lista arbitraria, sino el mapa de una sensibilidad formada a lo largo de décadas de lectura y escritura. Desde el clásico cervantino hasta la modernidad kafkiana, pasando por el realismo decimonónico y la introspección rusa, el autor nos ofrece una ruta para comprender no solo la literatura, sino la condición humana en toda su complejidad.
Para quienes se acercan a estas obras por primera vez, la clave está en seguir el consejo implícito de Landero: leer sin prisas, con la mente abierta y la disposición a dejarse transformar. Cada una de estas obras exige un compromiso lector activo, una voluntad de sumergirse en universos narrativos que desafían nuestras certezas y expanden nuestra empatía.
En un mundo dominado por la inmediatez digital, estas recomendaciones constituyen un acto de resistencia cultural. Nos invitan a recuperar el placer de la lectura profunda, a construir una relación personal con los textos y a reconocer en las páginas de estos libros no solo historias ajenas, sino el reflejo de nuestras propias luchas, esperanzas y desengaños. La literatura, según el ejemplo de Landero, sigue siendo el espacio donde la humanidad puede explorar sus límites con la honestidad y la belleza que merece.