Sergio Peris-Mencheta ha escrito uno de los capítulos más inspiradores de su vida. El actor y director madrileño, que el año pasado enfrentó el diagnóstico de leucemia que puso en jaque su existencia, ha regresado a los escenarios con una fuerza renovada y una perspectiva transformada. Su reaparición profesional se ha convertido en una poderosa declaración de supervivencia y pasión por el arte.
El pasado 6 de febrero, el Teatro Valle-Inclán de Madrid acogió su esperado regreso, esta vez como director exclusivo. La obra elegida es 'Constelaciones', una pieza del dramaturgo británico Nick Payne que Peris-Mencheta ha adaptado magistralmente al español. La función, que ha generado tal expectación que las entradas para sus primeras representaciones se agotaron con anticipación, permanecerá en cartel hasta el 29 de marzo.
La elección de este proyecto no es casual. 'Constelaciones' representa un experimento teatral ambicioso que fusiona la comedia romántica con la complejidad de la física cuántica. La historia sigue a un matrimonio inusual: él, un apicultor, y ella, una física cuántica, que revisitan los momentos clave de su relación. Como en la vida real, la obra aborda con honestidad las crisis, las infidelidades, las enfermedades y los finales inevitables.
Lo que hace única a esta pieza es su estructura narrativa. A través de la teoría de los universos paralelos, cada escena presenta múltiples versiones de la misma situación. Una conversación puede desembocar en resultados radicalmente diferentes según el tono o la palabra. Esta reflexión sobre el azar y el destino cobra una dimensión especial cuando se sabe que el director ha enfrentado su propia batalla contra la mortalidad.
La conexión entre el contenido de la obra y la experiencia vital de Peris-Mencheta resulta evidente. El azar que gobierna los destinos de los personajes de 'Constelaciones' resuena con la fortuna de haber superado una enfermedad que él mismo temió que le arrebatara el futuro. Esta dualidad se convierte en el hilo conductor de una puesta en escena llena de riesgo creativo y entusiasmo genuino.
Con cincuenta años recién cumplidos, Sergio Peris-Mencheta cuenta con una trayectoria que combina talento y versatilidad. Nacido en Madrid, proviene de una familia con profundas raíces en el mundo de la comunicación. Durante generaciones, sus ancestros estuvieron vinculados a la creación de periódicos y a la fundación de una agencia de noticias, aunque el joven Sergio nunca sintió vocación por seguir ese legado.
Su madre, Lola Barrios, hija de exiliados españoles en Rusia, le heredó una conexión con Moscú que ha enriquecido su identidad cultural. Esta herencia bicultural, combinada con su educación en el Liceo Francés de Madrid y sus estudios universitarios en Derecho y Ciencias Empresariales en la Universidad Carlos III, forjó un carácter polifacético que más tarde aplicaría a su trabajo escénico.
Antes de que el teatro se convirtiera en su vocación, Peris-Mencheta destacó como deportista de élite. Con su imponente estatura de 1,80 metros y complexión atlética, llegó a ser jugador internacional de baloncesto. Aunque nunca consideró la profesionalización, el deporte le inculcó disciplina y trabajo en equipo que años después trasladaría a su carrera artística.
El giro hacia la interpretación ocurrió de forma casi fortuita durante su etapa universitaria. Enamorado de una compañera, decidió seguirla al grupo teatral del centro con la esperanza de conquistarla. Lo que comenzó como una estrategia para acercarse a una chica se transformó en un descubrimiento apasionante: el escenario se convirtió en su verdadero hogar. Aquella participación en funciones universitarias selló su destino, alejándolo definitivamente de las aulas de derecho para abrazar las tablas.
Desde entonces, su carrera ha sido una constante evolución. Como actor, ha acumulado un brillante historial en cine, televisión y teatro. Ahora, como director, demuestra una visión madura y arriesgada. Su anterior trabajo detrás de las cámaras, la aclamada 'Cocina' hace una década, ya anticipaba su talento para la dirección. Con 'Constelaciones', Peris-Mencheta confirma que la adversidad no ha menguado su creatividad, sino que la ha intensificado.
El físico del artista refleja el paso de la enfermedad. Más delgado y con rasgos marcados, su apariencia exterior evidencia una transformación interior. Pero lejos de restarle fuerza, esta nueva imagen aporta una profundidad emocional a su trabajo. La experiencia de haber mirado a la muerte de frente se traduce en una sensibilidad más aguda para explorar las complejidades del amor, la pérdida y la resignificación del pasado.
La obra es un ejercicio de empatía cuántica. Cada variante de la historia invita al espectador a preguntarse: ¿qué hubiera pasado si? Esta pregunta, que Peris-Mencheta seguramente se hizo durante su tratamiento, se proyecta en cada escena. La infidelidad, la enfermedad, el final de una relación, son explorados desde múltiples ángulos, sugiriendo que no hay un único camino, sino una red infinita de posibilidades.
El contexto de estreno es significativo. El Teatro Valle-Inclán, dependiente del Centro Dramático Nacional, es un espacio de vanguardia que acoge propuestas innovadoras. La programación de 'Constelaciones' legitima el proyecto como una apuesta seria del sistema teatral español. La expectación generada, con entradas agotadas para las primeras funciones, demuestra que el público ha respondido con entusiasmo al regreso de un artista querido.
Más allá del éxito comercial, lo que realmente importa es el mensaje de esperanza que este regreso transmite. En una época donde la cultura a menudo se ve como un lujo, Peris-Mencheta demuestra que es una necesidad vital, una razón para luchar y seguir adelante. Su historia personal se entrelaza con la obra de tal manera que cada función se convierte en un acto de celebración de la vida.
La adaptación al español de Payne ha sido cuidadosamente trabajada. Peris-Mencheta ha mantenido la esencia científica y poética del texto original mientras lo hace accesible para el público hispanohablante. La física cuántica funciona como metáfora perfecta de la incertidumbre emocional que define cualquier relación humana.
El elenco trabaja bajo la dirección de alguien que ha experimentado la fragilidad humana en primera persona. Esto crea un ambiente de confianza y exploración en el que los actores pueden arriesgar sin miedo al fracaso, conscientes de que su director comprende el valor de la vulnerabilidad en el arte.
A medida que 'Constelaciones' se desarrolla, la figura de Peris-Mencheta se consolida como un artista renovado. La leucemia se ha convertido en un punto de inflexión que ha redefinido su relación con el trabajo y el tiempo. Su trayectoria futura parece abrirse a nuevas posibilidades, con una voz más definida y una urgencia por contar historias que importen.
El teatro español se enriquece con este tipo de regresos. En un momento en que la industria busca reconectar con el público, historias como la de Peris-Mencheta recuerdan el poder transformador del arte. No se trata solo de entretenimiento, sino de conexión humana, de compartir experiencias que nos ayudan a entender nuestra propia existencia.
La obra, con su estructura de universos múltiples, funciona como metáfora de la carrera de su director. Cada decisión tomada creó un universo diferente del que podría haber sido. La enfermedad abrió otro universo paralelo: uno donde la creatividad se vuelve más valiosa, donde cada día es un regalo y donde el arte se convierte en terapia y celebración.
En las semanas que restan hasta el 29 de marzo, cada función de 'Constelaciones' será un recordatorio de la resiliencia humana. El público que acuda al Valle-Inclán no solo verá una obra sobre un matrimonio en crisis, sino el testimonio de un artista que ha vencido a la muerte y regresa con más ganas que nunca de contar historias que conmuevan, reflexionen y celebren la complejidad de estar vivo.
La historia de Sergio Peris-Mencheta es la de un hombre que ha encontrado en el teatro su forma de sanar, de procesar el miedo y de ofrecer a los demás una herramienta para pensar sus propias vidas. En ese sentido, 'Constelaciones' es mucho más que una obra: es un acto de gratitud y una promesa de futuro.