Las intensas precipitaciones de los últimos días han dejado consecuencias devastadoras en el patrimonio histórico de la comarca. El Monasterio de Santa María de La Vid, una de las joyas del románico español, ha sufrido una inundación sin precedentes tras el desbordamiento del río Duero en su tramo burgales-soriano. Este cenobio cisterciense, fundado en el siglo XII, se encuentra en una situación crítica que ha requerido la intervención inmediata de servicios de emergencia y la evacuación preventiva de sus espacios más valiosos.
El monasterio, declarado Bien de Interés Cultural, representa un hito fundamental en la expansión del Císter en la Península Ibérica. Su claustro, considerado uno de los más bellos del románico, alberga capiteles esculpidos con escenas bíblicas que ahora corren peligro por la infiltración masiva de agua. La proximidad del cenobio al cauce del Duero, históricamente una ventaja estratégica para la comunidad monástica, se ha convertido en su mayor amenaza durante esta crisis hidrológica.
La alerta inicial se activó durante la noche del sábado, cuando el personal del monasterio detectó la entrada de agua en las dependencias más antiguas del edificio. Sin embargo, la situación escaló dramáticamente en la madrugada del domingo, cuando el caudal del Duero alcanzó niveles críticos. El agua comenzó a penetrar no solo por las puertas exteriores, sino también a través del sistema de saneamiento, provocando un efecto rebosamiento que obligó a los monjes a sellar las alcantarillas con tierra y material absorbente.
Las zonas más afectadas han sido el claustro central, el corazón del monasterio, donde el agua ha alcanzado una altura considerable. Las cuatro galerías que lo rodean, con sus arquerías de piedra y columnas historiadas, han quedado completamente anegadas. El patio interior, que alberba un jardín de diseño medieval, se ha transformado en una laguna temporal que refleja desoladoramente las arcadas del siglo XII. Las cocinas monásticas, situadas en la parte más baja del edificio, han resultado inundadas por completo, perdiendo equipos históricos y modernos.
El templo principal, con su nave románica y retablo barroco, ha sufrido filtraciones en su base que han alcanzado la sacristía y la capilla lateral. Las tumbas de nobles medievales, incrustadas en el suelo del templo, corren riesgo de deterioro por la humedad. El mobiliario litúrgico, los libros corales y los ornamentos sagrados han sido trasladados a zonas altas del edificio en una carrera contrarreloj para salvar el patrimonio mueble.
La respuesta de emergencia fue inmediata. Una dotación de Bomberos de Aranda de Duero, junto con un equipo de rescate de Huerta de Rey, trabajó durante horas en el achique de agua utilizando bombas de alto caudal. Las labores de desagüe se prolongaron hasta el anochecer y están programadas para reanudarse al amanecer del día siguiente. Los técnicos de patrimonio de la Junta de Castilla y León han sido alertados para evaluar los daños estructurales una vez que el agua sea completamente evacuada.
El prior Agustín Alcalde, visiblemente afectado, ha declarado que el monasterio deberá cerrar sus puertas al público durante varias semanas, posiblemente un mes completo. "La prioridad es evitar que la sedimentación del río cause daños irreversibles", explicaba el prior durante una reunión de emergencia celebrada en el propio cenobio. Esta cita contó con la presencia del alcalde de La Vid y Barrios, Luis Ángel Simal, y el presidente comarcal del PP, Alberto Rasero, quien se comprometió a trasladar la gravedad de la situación al presidente de la Diputación Provincial, Borja Suárez.
El impacto económico para la comunidad monástica será significativo. El monasterio depende en gran medida de las visitas guiadas, la venta de productos artesanos y las estancias de retiro espiritual. Cada día de cierre representa una pérdida de ingresos que pone en riesgo el mantenimiento de la comunidad y la conservación del edificio. El turismo cultural de la zona también se verá afectado, ya que el cenobio es uno de los principales atractivos de la Ruta del Duero.
Paralelamente, el casco urbano de La Vid ha vivido horas de tensión. La pedanía, con apenas un centenar de habitantes, estuvo en alerta desde el mediodía del sábado. Hacia las tres de la tarde, el Duero ya invadía una de las calles principales. El alcalde pedáneo Alberto Iglesias activó el protocolo de emergencia a las cuatro de la tarde, solicitando apoyo al 112 y movilizando a la comunidad.
La respuesta vecinal fue ejemplar. Habitantes del pueblo y del cercano Lagar de Isilla aportaron maquinaria pesada para construir barreras de contención con arena y grava en los puntos críticos. La prioridad era proteger las viviendas, pero también evitar que el transformador eléctrico, situado junto a la fuente municipal, quedara sumergido, lo que habría causado un apagón general y complicado aún más la respuesta a la emergencia.
Gracias a esta colaboración ciudadana, ninguna casa resultó inundada. Los vecinos trabajaron durante toda la noche, reforzando las defensas con sacos de arena y vigilando el nivel del río. La experiencia de inundaciones anteriores les había enseñado la importancia de la preparación comunitaria y la rapidez de reacción.
El embalse de la Cuerda del Pozo, situado aguas arriba, ha recibido un volumen de agua superior a su capacidad de gestión. Los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Duero han tenido que aumentar el caudal de desembalse, lo que ha agravado la situación en los tramos bajos. El cambio climático y la gestión de los recursos hídricos se han convertido en un debate urgente en la zona.
Los expertos en patrimonio advierten que las inundaciones en monumentos históricos pueden causar daños estructurales invisibles. La humedad afecta a los morteros de cal, genera filtraciones en cimientos y puede desestabilizar elementos constructivos centenarios. La salinidad del agua del río representa un riesgo adicional para las piedras labradas y los revestimientos interiores.
El plan de recuperación incluirá la desinfección completa de todas las superficies, la evaluación de daños en el mobiliario histórico y la revisión de los sistemas de drenaje del monasterio. Los restauradores deberán trabajar con técnicas específicas para evitar la aparición de hongos y la degradación de los materiales orgánicos. El coste estimado supera los cien mil euros, según fuentes del sector.
Esta tragedia pone de manifiesto la vulnerabilidad del patrimonio histórico ante fenómenos meteorológicos extremos. En los últimos años, otros monumentos españoles como el Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca o la Catedral de Santiago han sufrido problemas similares. La protección preventiva y la mejora de infraestructuras de defensa se convierten en una prioridad para las administraciones.
Mientras tanto, la comunidad monástica de La Vid ha tenido que reubicar temporalmente sus actividades litúrgicas en la capilla superior, la única zona que ha permanecido seca. Los monjes han agradecido el apoyo masivo recibido a través de redes sociales y la solidaridad de otras comunidades religiosas de la zona. La resiliencia espiritual que caracteriza a la orden cisterciense les ayuda a enfrentar esta adversidad con serenidad.
La reapertura al público dependerá de la evolución del estado de las instalaciones y de la capacidad de secado de los muros, proceso que puede prolongarse semanas en un edificio de estas características. Los responsables del monasterio han anunciado que informarán puntualmente a través de su web y perfiles oficiales sobre el proceso de recuperación.
Este episodio sirve como llamada de atención sobre la necesidad de invertir en la protección de nuestro patrimonio frente al cambio climático. La combinación de gestión hidrológica eficiente, infraestructuras de defensa y planes de emergencia específicos para bienes culturales es esencial para evitar que tragedias como esta se repitan. Mientras tanto, La Vid y su monasterio enfrentan un largo proceso de recuperación que pondrá a prueba la determinación de toda la comunidad.