Almeyda, tras su expulsión: 'Defiendo al Sevilla como si me entraran a robar'

El entrenador del Sevilla se disculpó por su reacción pero defendió su postura: 'No insulté, solo defendía a mi equipo como a mi familia'

Matías Almeyda, técnico del Sevilla FC, protagonizó una jornada llena de polémica tras ser expulsado en el empate de su equipo contra el Deportivo Alavés correspondiente a la jornada 24 de LaLiga EA Sports. El argentino, conocido por su temperamento apasionado, no dudó en expresar su frustración y defender su actitud con una contundente analogía que ha dado mucho que hablar en el mundo del fútbol español.

El encuentro, que finalizó con un resultado de igualdad, se vio alterado por la temprana expulsión del entrenador hispano-argentino, un hecho que modificó por completo los planes establecidos por el cuerpo técnico. La rápida sanción del colegiado dejó al Sevilla con diez hombres durante gran parte del compromiso, situación que obligó a los jugadores a replegarse y priorizar el orden defensivo por encima de sus intenciones ofensivas iniciales.

En la rueda de prensa posterior al partido, Almeyda ofreció una explicación detallada de lo sucedido. "La expulsión modifica todo un plan, todo lo programado, es muy rápida", reconoció el entrenador, quien aunque admitió que la tarjeta roja fue "lamentablemente bien expulsada", no dejó de cuestionar las circunstancias que rodearon su sanción. El técnico destacó el esfuerzo de sus futbolistas, quienes a pesar de la adversidad lograron mantener el tipo y rescatar un punto valioso: "Los chicos hicieron un gran partido, con una gran entrega y una afición que los alentó antes, después, en la mitad".

Sin embargo, fueron sus declaraciones previas a los micrófonos de DAZN las que generaron mayor revuelo. En un momento de máxima sinceridad, Almeyda comparó su reacción instintiva con una situación límite: "Es lo mismo que si te entran a tu casa a robar… ¿Qué harías? Yo a los jugadores y a este club los defiendo como a mi familia". Esta frase, contundente y directa, refleja la pasión con la que el argentino vive su profesión y el grado de compromiso que siente con la entidad hispalense.

La polémica no terminó ahí. Sobre una posible infracción penal a su jugador Agoumé que no fue señalada por el árbitro, Almeyda mostró evidente frustración: "Como verán, yo ya no puedo decir nada. Entonces, ya está, si no está, si no lo cobraron, es porque no lo vieron". Sus palabras revelan una evidente desconfianza hacia las decisiones arbitrales y el temor a ser sancionado por parte de la comisión disciplinaria si se excede en sus críticas.

El entrenador también analizó el punto conseguido desde una perspectiva pragmática. "Sí, creo que hay puntos buenos, pero obviamente queríamos el triunfo", admitió. No obstante, valoró la capacidad de adaptación de su plantilla: "Cuando quedamos con diez, se modifica todo. Hay puntos muy buenos con respecto a la fase defensiva y cosas buenas que quedan para lo que viene". Esta reflexión demuestra su capacidad para encontrar aspectos positivos incluso en las circunstancias más adversas.

Una de las constantes en el discurso de Almeyda ha sido la exaltación del espíritu de grupo. "Es que nosotros, yo lo repito todas las semanas, veo un grupo que entrega, que quiere, que intenta, que te deja el alma", enfatizó. Para el argentino, la entrega y las ganas son cualidades innegociables: "Hay momentos que no salen las cosas como uno pretende, pero la intención y las ganas están, y eso es algo fundamental en el fútbol o en la vida". Esta filosofía, basada en el sacrificio y la unión, constituye el pilar de su modelo de gestión.

El técnico también se refirió al mensaje que dejan sus jugadores en los últimos compromisos. "Hay dos partidos, los últimos dos que tienen mucha importancia, más allá de que nosotros no pudimos ganar. Pero si ves los finales de los dos, están dejando un mensaje de que no nos rendimos", aseguró. Esta perseverancia, según Almeyda, será clave para el futuro: "Eso va a hacer que, si aguantamos esa parte de organización, de orden, de sacrificio, de entrega, de unión, va a terminar bien, como debe terminar".

El momento más emotivo llegó cuando Almeyda pidió disculpas por su reacción tras la expulsión. "Primero y principal, quisiera pedir disculpas a la afición, al sevillismo, a mi familia, a toda la gente que sé que constantemente está conmigo", expresó con visible pesar. Sin embargo, inmediatamente defendió su postura: "Es muy fácil expulsarme cuando no hablo. Y veo todos los partidos, todos los partidos, un millón de reclamos y nosotros no podemos hablar".

La defensa de Almeyda se centró en que no había insultado al árbitro. "Yo no hablé, no insulté. Y cuando te expulsan así... Perdí la cabeza porque le preguntaba al árbitro ¿por qué me expulsó? Y nunca me dijo por qué", relató. El entrenador diferenció claramente entre su conducta previa y posterior a la sanción: "No estoy de acuerdo con mi manera post expulsión. Vergonzoso, pero bueno, es una persona bloqueada. Ahora, antes de la expulsión yo estaba bien, y al estar bien no había hecho nada".

Esta situación pone de manifiesto la tensión que vive el Sevilla en la presente temporada. La presión por los malos resultados, sumada a decisiones arbitrales cuestionadas, ha creado un caldo de cultivo propicio para las explosiones emocionales. Almeyda, con su carácter visceral, representa perfectamente esta lucha entre la pasión y la disciplina que exige el máximo nivel.

El futuro inmediato del conjunto hispalense pasa por mantener esta unidad que tanto preconiza su entrenador. La capacidad de sobreponerse a las adversidades, ya sean deportivas o disciplinarias, marcará el rumbo de las últimas jornadas de la temporada. Para Almeyda, la clave está en preservar el espíritu de lucha que ha visto en sus jugadores, independientemente de las circunstancias.

La polémica generada por sus declaraciones y su expulsión sirve, paradójicamente, para reforzar el vínculo entre el técnico y la afición. Los seguidores del Sevilla valoran la entrega y la pasión, cualidades que Almeyda demuestra sin filtros. Su comparación con defender la casa de un robo resuena en un sentimiento de pertenencia y defensa de los colores que los hinchas demandan.

En definitiva, la jornada dejó un punto en el casillero pero también dejó una serie de interrogantes sobre la gestión arbitral y la libertad de expresión de los técnicos. Almeyda, con su estilo directo y sin ambages, ha puesto sobre la mesa un debate necesario en el fútbol español: hasta dónde puede llegar la defensa de los intereses de un club sin ser sancionado por ello.

El argentino tendrá que aprender a canalizar su pasión de manera más efectiva, evitando que su temperamento perjudique al equipo. Sin embargo, su compromiso inquebrantable con el Sevilla es indiscutible. En un mundo donde muchos técnicos se limitan a discursos políticamente correctos, la honestidad de Almeyda, aunque polémica, resulta refrescante para muchos.

El desafío ahora es transformar esta energía en resultados positivos en el terreno de juego. Con dos partidos cruciales por delante, la unidad del grupo y la capacidad de adaptación serán fundamentales. Si el Sevilla logra mantener el nivel de entrega mostrado ante el Alavés, las victorias terminarán por llegar, tal como confía su entrenador.

Referencias