Caída histórica de Malinin en patinaje: el favorito queda octavo en Milán-Cortina

El estadounidense Ilia Malinin sufrió un colapso inesperado en su debut olímpico, mientras el kazajo Shaidorov se alzaba con el oro en una jornada llena de sorpresas

La jornada del 13 de febrero en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 quedará marcada en la memoria de los amantes del patinaje artístico como una de las más sorprendentes de la historia reciente. Lo que prometía ser una coronación anticipada terminó convirtiéndose en una de las mayores decepciones de la competición, mientras que otros deportistas aprovecharon la oportunidad para brillar con luz propia sobre el hielo italiano.

La gran expectativa previa

Las miradas de todo el planeta estaban puestas en Ilia Malinin, el joven prodigio estadounidense que había revolucionado el patinaje artístico con su capacidad para ejecutar saltos imposibles. Su nombre se había convertido en sinónimo de innovación y riesgo, especialmente desde que se convirtió en el único competidor capaz de realizar con éxito el cuádruple Axel en competición oficial. La expectativa era tal que incluso figuras legendarias del deporte olímpico como Simone Biles, con 41 medallas entre Juegos y Mundiales, no quisieron perderse su actuación en directo desde las gradas del Palavela.

El ambiente era de pura electricidad. Los aficionados, los expertos y los propios rivales esperaban presenciar una demostración de técnica y valentía sin precedentes. Malinin, conocido como "el mago del hielo", había anunciado que intentaría de nuevo el histórico quad Axel, el salto que solo él ha dominado en toda la historia del deporte. La presión, sin embargo, resultaría ser un rival más temible que cualquier otro patinador.

El momento de la verdad

Cuando el estadounidense salió a la pista, la tensión era palpable. Su presentación, caracterizada por una mezcla de gracia y audacia, comenzó con buen pie. Sin embargo, la confianza inicial se desvaneció en cuestión de segundos. En uno de los giros más complejos de su rutina, Malinin perdió el equilibrio y se fue al suelo de manera estrepitosa. El impacto no solo fue físico, sino emocional: el patinador terminó su actuación con lágrimas en los ojos, consciente de que el sueño olímpico se le escapaba entre los dedos.

Lo más sorprendente fue que, momentos antes de su caída, Malinin había decidido no ejecutar el famoso quad Axel. En el último instante, cambió de planes y optó por una combinación menos arriesgada, una decisión que muchos interpretaron como un signo de duda o nerviosismo. Esa vacilación, lejos de salvaguardar su puntuación, pareció desencadenar el error que le costaría caro.

El podio inesperado

Con el favorito fuera de combate, la puerta se abrió de par en par para el resto de competidores. El kazajo Mikhail Shaidorov aprovechó la oportunidad para entregar una actuación impecable, coronándose campeón olímpico con una puntuación de 291.58 puntos. Su rutina, combinando técnica depurada y elegancia clásica, le valió la medalla de oro más preciada de su carrera.

El podio lo completaron dos representantes del equipo japonés, que demostraron una vez más el dominio asiático en esta disciplina. Yuma Kagiyama se colgó la medalla de plata con 280.06 puntos, mientras que Shun Sato se hizo con el bronce al alcanzar los 274.90 puntos. Ambos patinadores ofrecieron actuaciones memorables que, en cualquier otro contexto, habrían sido eclipsadas por el espectáculo de Malinin.

La sorpresa de la jornada también tuvo nombre francés. Adam Siao Him Fa, considerado uno de los principales aspirantes al podio, decepcionó con una actuación irregular que le relegó a la sexta posición provisional. Su rendimiento quedó lejos de las expectativas generadas, demostrando que en los Juegos Olímpicos nada está escrito hasta que suena la música final.

Otras disciplinas en acción

Mientras el patinaje artístico vivía su drama, en otras instalaciones de Milán-Cortina se desarrollaban competiciones igualmente emocionantes. En el skeleton, el británico Matt Weston se proclamó campeón olímpico con un tiempo total de 3:43.33, superando por apenas 0.88 segundos al alemán Axel Jungk y por 1.07 al también alemán Christopher Grotheer. La precisión milimétrica en este deporte de velocidad y control dejó a los espectadores sin aliento.

En el curling masculino, la jornada ofreció resultados ajustados que marcarán el desarrollo de la competición por equipos. Suiza superó a China por 9-7 en un duelo de estrategia y precisión, mientras que Noruega venció a República Checa 7-4. El duelo local entre Alemania e Italia se resolvió con victoria germana por 6-5, y Canadá superó a Suecia 8-6 en el cierre de la ronda.

El snowboard halfpipe, por su parte, vivió una doblete japonés en el podio que casi se convierte en triplete. Ryusei Yamada se hizo con el oro, mientras que su compatriota completaba el podio con el bronce. Entre ambos, el australiano Scotty James logró colarse en la segunda plaza, rompiendo la hegemonía nipona que dominaba la prueba tras la primera manga. La final fue de infarto, con maniobras espectaculares y aterrizajes que definieron milésimas de diferencia.

Reacciones y polémicas

La jornada no estuvo exenta de polémica. Las declaraciones del noruego Sturla Lægreid, quien cuestionó si Émilien Jacquelin "se paró con el público", generaron un pequeño terremoto mediático paralelo al deportivo. Aunque el contexto exacto de estas palabras no quedó del todo claro, sirvieron para recordar que la tensión competitiva a veces trasciende la pista y se manifiesta en declaraciones picantes.

Por su parte, el noruego Johannes Høsflot Klæbo, que había dominado el esquí de fondo con tres medallas de oro, posó en sus redes sociales con el metal completo sobre su pecho, simbolizando el dominio escandinavo en los deportes de invierno. Su imagen se viralizó rápidamente, convirtiéndose en uno de los momentos más celebrados del día.

El legado de un día inolvidable

Lo ocurrido con Ilia Malinin servirá como lección para futuras generaciones de patinadores. Los Juegos Olímpicos no solo premian la técnica y la valentía, sino también la capacidad de gestionar la presión en el momento más importante. La caída del estadounidense, lejos de empañar su talento, humaniza a un deportista que había parecido tocar el cielo con los dedos en previas competiciones.

Para el kazajo Mikhail Shaidorov, este oro representa el colofón a una trayectoria meteórica y la confirmación de que el patinaje artístico masculino vive una nueva era de dominio asiático y euroasiático. La capacidad de los patinadores japoneses para ocupar las primeras plazas con regularidad también habla de un sistema de formación que continúa dando frutos de oro.

La jornada del 13 de febrero quedará grabada en la memoria colectiva como el día en que los Juegos Olímpicos recordaron al mundo que, en el deporte de élite, nada está garantizado. La gloria y la decepción caminan de la mano, y a veces la línea que las separa es tan fina como la cuchilla de un patín sobre el hielo. Hasta mañana, cuando el hielo vuelva a brillar con nuevas historias de superación, drama y victoria.

Referencias