El FC Barcelona no pudo superar las adversidades y cayó derrotado ante el París Basketball por un claro 74-85 en el Palau Blaugrana, en un partido correspondiente a la jornada 28 de la Euroliga 2026. La combinación de unas bajas sensibles y un tercer cuarto para el olvido resultaron letales para los intereses culés, que ven cómo los franceses consolidan su posición entre los equipos de privilegio de la competición.
El conjunto azulgrana llegaba al encuentro con el lastre de las ausencias de Punter y Satoransky, dos piezas fundamentales en su esquema tanto ofensivo como defensivo. Esta precariedad en el roster se hizo evidente desde el primer minuto, especialmente en la creación de juego y el acierto exterior, dos aspectos que marcarían el devenir del choque.
El inicio del encuentro fue un intercambio de golpes típico de la máxima competición europea. El Barcelona, consciente de su responsabilidad como local, intentó imponer su ritmo, pero la falta de fluidéz en su ataque era evidente. El primer cuarto terminó con un marcador ajustado, pero ya dejaba entrever las dificultades locales: solo 18 puntos anotados y una defensa que concedía canastas con demasiada facilidad.
Sin embargo, la esperanza renació en el segundo periodo gracias a la figura de Brizuela, que se erigió como el líder emergente que el equipo necesitaba. El escolta tomó las riendas del ataque con dos canastas consecutivas que forzaron el tiempo muerto del entrenador parisino. Su energía y determinación permitieron al Barcelona llegar al descanso con opciones intactas, a pesar de que el París logró reponerse y mantener el partido abierto.
La segunda mitad comenzó con un guion completamente diferente. Lo que prometía ser un desenlace emocionante se convirtió en una pesadilla para los barcelonistas. El París salió de los vestuarios con una intensidad defensiva asfixiante y un acierto ofensivo demoledor. El parcial de 12-28 en el tercer cuarto fue una losa demasiado pesada para un Barcelona que vio cómo se le escapaba el partido en apenas diez minutos.
Durante ese fatídico periodo, los franceses exhibieron un juego coral impecable. Robinson se convirtió en el verdugo principal con un tiro libre y un triple en los instantes finales del cuarto que dejaron a los locales en estado de shock. Hifi también dejó su huella con un triple tras bote que demostró la superioridad visitante, mientras que Morgan anotó dos triples consecutivos que acabaron de hundir las aspiraciones locales.
El Barcelona, por su parte, mostró una cara completamente diferente a la del segundo cuarto. El acierto desapareció, las decisiones fueron erráticas y la confianza se desvaneció. El 5/32 en triples refleja a la perfección la noche negra de los catalanes desde la línea de 6,75 metros. Esta falta de puntería, unida a las bajas, creó un círculo vicioso del que el equipo no pudo escapar.
El último cuarto fue un mero trámite, aunque el Barcelona intentó maquillar el resultado. Brizuela volvió a aparecer con un 2+1 que demostró su coraje, y Herrera anotó un triple que dio algo de esperanza a la parroquia local. Sin embargo, el París controló los tiempos con veteranía. Stevens clavó dos tiros libres con sangre fría, y Clyburn, a pesado de sus problemas desde la línea, aportó la experiencia necesaria para administrar la ventaja.
La expulsión por cinco faltas de Juani Marcos a falta de varios minutos para el final fue la guinda a una noche para olvidar. La técnica recibida por Brizuela por protestar y su cuarta falta personal evidenciaron la frustración de un equipo que vio cómo se le escapaba el partido por todos los flancos.
El MVP del encuentro fue sin duda para el colectivo parisino. Aunque Robinson lideró el marcador con sus puntos decisivos, la clave estuvo en la capacidad del equipo francés para mantener la concentración durante los 40 minutos. Su defensa en el tercer cuarto fue un masterclass de intensidad y coordinación, mientras que el ataque fluyó con naturalidad, encontrando siempre al hombre libre en el momento adecuado.
Para el Barcelona, esta derrota supone la tercera en los últimos cuatro partidos de Euroliga, una racha que pone en jaque su posición en la tabla. El equipo de Jasikevicius no solo debe recuperar a sus lesionados, sino también reconstruir la confianza de un grupo que parece haber perdido la chispa que le caracterizaba. La mala racha coincide con un momento crítico de la temporada, donde cada victoria es vital para asegurar la clasificación para los playoffs.
El París, por el contrario, confirma su buen momento. El equipo francés se está convirtiendo en el gallo negro de la competición, capaz de ganar en cualquier pista y ante cualquier rival. Su victoria en el Palau no solo les da dos puntos valiosísimos, sino que les sirve de aviso al resto de candidatos: el París ha llegado para quedarse.
El análisis estadístico del partido revela las claves de la victoria visitante. Más allá del ya mencionado 5/32 en triples del Barcelona, el París dominó el rebote ofensivo y generó 15 puntos de segunda oportunidad. La defensa en zona de los franceses desconcertó por completo al ataque azulgrana, que no encontró soluciones ni desde el perímetro ni en el juego interior.
La gestión del tiempo muerto también fue determinante. Mientras que el entrenador del París supo leer perfectamente los momentos de peligro y paró en seco las reacciones locales, el Barcelona pareció desorientado en los instantes críticos. La falta de liderazgo en la pista, con Satoransky ausente, se hizo evidente en las decisiones de los últimos segundos de posesión.
El calendario no da tregua al Barcelona, que deberá levantarse rápidamente de esta derrota si quiere mantenerse en la lucha por las primeras posiciones. La Euroliga no perdona las debilidades, y los equipos que muestran fisuras son castigados sin piedad. El París ha demostrado que sabe aprovechar esas oportunidades, y lo ha hecho con una autoridad que asusta.
En el vestuario barcelonista, las caras eran de frustración y preocupación. Jasikevicius reconoció en rueda de prensa que "las bajas no son excusa, pero condicionan nuestra rotación y nuestras opciones ofensivas". El técnico lituano tendrá que buscar soluciones creativas si quiere revertir la situación antes de que sea demasiado tarde.
El París, mientras tanto, celebra una victoria que sabe a gloria. Ganar en una de las pistas más difíciles de Europa refuerza la moral de un grupo que cada vez cree más en sus posibilidades. El objetivo de los playoffs ya no es una utopía, sino una meta realista y cada vez más cercana.
El baloncesto europeo vive una nueva era donde los equipos tradicionales deben mirarse en el espejo de nuevas potencias como el París. La victoria por 74-85 no es un accidente, sino el reflejo de un trabajo bien hecho, de una planificación acertada y de una ejecución perfecta. El Barcelona, con todo su prestigio y su historia, recibe una lección que deberá asimilar si quiere seguir compitiendo por los títulos.
La afición del Palau, a pesar de la derrota, reconoció el esfuerzo de sus jugadores. Los aplausos al final del partido fueron para Brizuela, el único que mantuvo la llama viva durante los momentos más oscuros. Pero el baloncesto es un deporte de equipo, y sin una respuesta colectiva, las individualidades se quedan en nada.
La Euroliga 2026 sigue su curso con un París que asoma a la élite y un Barcelona que debe encontrar urgentemente soluciones. La próxima jornada será crucial para ambos equipos, pero mientras los franceses viajan con el viento a favor, los catalanes deberán remar contra corriente para no perderse en el mar de la mediocridad.