Los British & Irish Lions no pudieron culminar con broche de oro su gira por Australia. En el tercer y definitivo test match, los Wallabies se impusieron por 22-12 en un encuentro que quedará marcado tanto por el dominio local como por las adversas condiciones climáticas que obligaron a suspender el juego durante casi 40 minutos.
Este resultado deja a los Lions con una victoria parcial de 2-1 en la serie, pero priva al equipo del histórico 3-0 que tanto ansiaban. Desde la era profesional del rugby en 1995, ninguna expedición de los Lions había logrado barrer una serie de tres partidos en territorio rival.
El desafío comenzó con mal pie para los visitantes. Australia abrió el marcador a los 7 minutos mediante un ensayo de Dylan Pietsch, quien se zambulló en el corner izquierdo para tocar el oval. La conversión no fue exitosa, pero estableció una ventaja temprana que los Lions no lograrían revertir en ningún momento del primer tiempo.
Los dirigidos por Andy Farrell mostraron una versión atípica de su juego habitual. Le faltó la fluidez y creatividad que habían desplegado en los test anteriores, y sus escasas incursiones en el ingoal australiano fueron neutralizadas con eficiencia por la defensa local. Un penal de Tom Lynagh amplió la ventaja a 8-0, resultado con el que se fueron al descanso.
La segunda mitad trajo consigo un elemento imprevisto que alteró por completo el desarrollo del encuentro. A los 2 minutos, una tormenta eléctrica se desató sobre el estadio, y las autoridades de seguridad ordenaron la evacuación del campo ante el riesgo de caída de rayos. La suspensión se prolongó durante 38 minutos, tiempo en el que jugadores y cuerpo técnico debieron mantener la concentración en un vestuario que se convirtió en escenario de incertidumbre.
Tras la reanudación, Australia salió con mayor determinación. A los 54 minutos, un error en el manejo de los Lions dejó la pelota suelta, y Max Jorgensen, con su característica velocidad, recogió el oval para recorrer media cancha y apoyar bajo los palos. La conversión de Ben Donaldson, quien acababa de ingresar, dejó el marcador en 15-0.
Los Lions necesitaban una reacción urgente y la encontraron mediante su capitán Jac Morgan, quien logró un ensayo que el TMO validó con ciertas dudas. Finn Russell convirtió y la diferencia se redujo a 15-7. El partido parecía reanimarse, pero una tarjeta amarilla a Ronan Kelleher cuando el equipo defendía su ingoal resultó catastrófica.
Con 14 jugadores, los visitantes no pudieron contener la embestida australiana. En la jugada siguiente, Tate McDermott aprovechó la superioridad numérica para anotar el tercer ensayo de los Wallabies. La conversión de Donaldson estableció 22-7 a falta de 10 minutos, una diferencia insalvable para un Lions que nunca encontró su ritmo.
En tiempo de descuento, Will Stuart anotó un ensayo de consolación que dejó el resultado final en 22-12, un marcador que refleja la superioridad australiana en un día donde poco salió bien para los visitantes.
El balance histórico sigue siendo esquivo para los Lions. La última vez que cerraron una gira invicta en test matches fue en 1974 en Sudáfrica, con 3 victorias y 1 empate. Para encontrar una barrida perfecta hay que remontarse a 1904, cuando vencieron en 3 ocasiones a Australia y una a Nueva Zelanda.
A pesar de la derrota, la delegación británico-irlandesa celebra el éxito de la serie. Conquistar dos test matches en suelo australiano representa un logro significativo, especialmente considerando que el rugby de los Wallabies, aunque en proceso de reconstrucción, mantiene su peligrosidad en condiciones favorables.
El clima fue un factor determinante. La lluvia constante y la posterior tormenta eléctrica convirtieron el terreno de juego en un reto adicional, afectando especialmente el plan de juego de los Lions, acostumbrados a condiciones más secas. La interrupción de casi 40 minutos rompió cualquier intento de mantener el ritmo y favoreció a un equipo local más adaptado a estas circunstancias.
Desde el punto de vista táctico, Australia ejecutó un plan perfecto. Su defensa fue sólida y disciplinada, mientras que aprovecharon al máximo las oportunidades de contraataque. Los ensayos de Pietsch, Jorgensen y McDermott demostraron la capacidad de los Wallabies para ser letales con pocas ocasiones.
Por su parte, los Lions mostraron una faceta inusual. Su línea de tres cuartos, tan brillante en los test previos, no encontró espacios. Finn Russell intentó abrir el juego, pero las condiciones del campo y la presión defensiva local limitaron su efectividad. La pérdida de Kelleher por tarjeta amarilla en el momento crucial selló su destino.
La serie final 2-1 refleja la paridad entre ambos equipos, pero también destaca la dificultad de mantener el nivel en tres encuentros consecutivos. Los Lions ganaron los dos primeros test con autoridad, pero el tercero demostró que Australia, aun en reconstrucción, no regala nada en su casa.
Para el rugby británico e irlandés, esta gira representa una base sólida de cara al futuro. La generación de jugadores liderada por Russell, Morgan y compañía demostró que puede competir y ganar en el hemisferio sur, aunque la meta histórica del 3-0 sigue siendo un sueño pendiente.
El legado de esta expedición quedará marcado por la capacidad de adaptación. Superar la derrota inicial ante Argentina en Dublín, conquistar dos victorias en Australia y cerrar con una derrota digna en condiciones extremas habla de la resiliencia de este grupo.
La próxima gira de los Lions será en 2025 hacia Nueva Zelanda, donde el desafío será aún mayor. Las lecciones aprendidas en Australia, especialmente sobre la gestión de partidos en condiciones adversas y la importancia de mantener la concentración durante interrupciones prolongadas, serán valiosas para ese futuro compromiso.
El rugby mundial observa con atención el crecimiento de este equipo. Aunque el 3-0 sigue siendo una quimera, la competitividad mostrada y la capacidad de levantarse tras la derrota inicial contra los Pumas posicionan a los Lions como una fuerza a tener en cuenta en el ciclo mundialista.
En definitiva, la derrota por 22-12 ante Australia no empaña una gira que cumplió sus objetivos principales. Los Lions ganaron la serie, consolidaron su juego y descubrieron talentos para el futuro. El sueño del 3-0 queda para otra ocasión, pero el espíritu de la tradición sigue más vivo que nunca.