La LX edición de la Super Bowl, que se disputará este domingo en el Levi's Stadium de San Francisco, presenta un duelo de quarterbacks con tramas cinematográficas diametralmente opuestas que parecen sacadas de dos guiones de Hollywood diferentes. Por un lado, tenemos a Sam Darnold, quien ha resucitado una carrera que parecía destinada al olvido definitivo después de sus frustrantes años con los New York Jets. Por el otro, Drake Maye, la joven promesa de los New England Patriots que busca consolidarse como la nueva estrella de una franquicia acostumbrada al éxito y que ahora quiere iniciar una nueva era post-Tom Brady.
La historia de Darnold es un testimonio de perseverancia en una liga donde las segundas oportunidades son escasas y los quarterbacks que fracasan en sus primeros equipos rara vez vuelven a brillar. Elegido en la tercera posición del Draft de 2018 después de una brillante carrera en la Universidad del Sur de California (USC), donde protagonizó uno de los mejores partidos de la historia de la Rose Bowl, llegó a los Jets con la etiqueta de salvador de una franquicia sumida en más de una década de mediocridad. Sin embargo, la presión insoportable de Nueva York, combinada con una organización que no proporcionó el soporte adecuado, resultó demasiado pesada para un joven de 21 años.
El punto más bajo llegó tras una humillante derrota contra los Patriots, donde el mismo Darnold admitió en una entrevista que veía "fantasmas" en el campo, refiriéndose a la intensa presión defensiva que no lograba leer y que le generaba pánico en el pocket. Esa declaración se convirtió en un símbolo de su fracaso en Nueva York, donde la franquicia, conocida por quemar a sus jóvenes talentos, no dudó en deshacerse de él después de solo tres temporadas.
El intercambio a los Carolina Panthers no mejoró su situación. En un equipo también en reconstrucción y sin una línea ofensiva sólida que le protegiera, sus oportunidades como titular se agotaron rápidamente. Para 2023, su rol se había reducido a suplente en los San Francisco 49ers, aparentemente al borde de la irrelevancia permanente en una liga donde los equipos buscan constantemente la próxima gran promesa.
Pero el destino le tenía reservada una segunda oportunidad que pocos esperaban. En 2024, Darnold firmó con los Minnesota Vikings, un equipo maduro y contendiente regular en la Conferencia Nacional que buscaba un veterano estable mientras desarrollaba a su novato del futuro. La lesión en pretemporada de J.J. McCarthy, elegido en el puesto 10 del Draft, abrió una puerta que Darnold aprovechó de manera espectacular.
Durante esa temporada, registró 4,319 yardas por aire, 35 pases de touchdown y solo 12 intercepciones, números que no solo lo colocaron entre los líderes de la liga, sino que le valieron una selección al Pro Bowl. Lideró a los Vikings a 14 victorias, convirtiéndose en el primer quarterback en la historia de la NFL en lograr campañas consecutivas de 14 triunfos con dos franquicias diferentes, un récord que habla de su capacidad para adaptarse y triunfar en diferentes contextos.
Sin embargo, el final de su temporada en Minnesota estuvo marcado por dos derrotas cruciales que definieron su legado allí. Primero, una caída ante los Detroit Lions en la última semana de la temporada regular que le costó a los Vikings el liderato de su conferencia y la ventaja de campo en los playoffs. Luego, una eliminación prematura en la ronda de comodines contra los Los Angeles Rams. Esos dos reveses, especialmente el último partido con el primer puesto en juego, generaron dudas sobre su capacidad para ganar en los momentos decisivos. Los Vikings decidieron mantener su apuesta por McCarthy, dejando a Darnold en libertad y abriendo la puerta para su siguiente capítulo.
Fue entonces cuando los Seattle Seahawks, una franquicia con cultura ganadora, una defensiva temible y una necesidad urgente de estabilidad en la posición de quarterback, vieron en Darnold la pieza que necesitaban para regresar a la élite. La decisión ha resultado ser un acierto total, y ahora, a un paso de la gloria máxima, Darnold tiene la oportunidad de silenciar todas las críticas y completar una de las redenciones más improbables e inspiradoras del deporte moderno.
Del otro lado del campo estará Drake Maye, cuya trayectoria representa el arquetipo del elegido, el jugador que llega con todas las herramientas y el apoyo total de la organización desde el día uno. Seleccionado también en la tercera posición del Draft, Maye llegó a los Patriots para ser el sucesor designado de Tom Brady, una responsabilidad que pocos han podido cargar con éxito en la historia de la franquicia.
Su segunda temporada en la liga ha sido nada menos que extraordinaria: 14 victorias y una segunda posición en la votación para el Jugador Más Valioso (MVP) de la temporada regular, superado solo por el receptor de los Lions, Amon-Ra St. Brown. A sus 23 años, Maye está a 60 minutos de convertirse en el quarterback más joven en levantar el codiciado trofeo Vince Lombardi, superando el récord que actualmente comparten Ben Roethlisberger y Patrick Mahomes, quienes ganaron a los 23 años y 11 meses.
Su habilidad para leer defensas, combinada con un brazo potente y movilidad excepcional que le permite extender jugadas, ha revitalizado una ofensiva de New England que parecía perdida después de la era Brady-Belichick. Los Patriots han construido un equipo completo a su alrededor, con una defensiva sólida liderada por su línea defensiva y armas ofensivas que le permiten explotar todas sus habilidades.
El contraste entre ambos quarterbacks es fascinante y sirve como un estudio de caso sobre los diferentes caminos hacia el éxito en la NFL. Ambos fueron elegidos en la misma posición del Draft, ambos llegaron con expectativas enormes, pero sus trayectorias no podrían ser más diferentes. Mientras Darnold tuvo que luchar contra la adversidad, cambiar de equipo varias veces y demostrar su valía desde la posición de subestimado, Maye ha disfrutado del apoyo total de una organización que lo ha colocado como centro de su proyecto deportivo desde el momento en que pronunciaron su nombre en el Draft.
La Super Bowl LX no solo definirá un campeón, sino que también escribirá el capítulo final de dos historias paralelas que han capturado la atención de toda la liga. Para Darnold, una victoria significaría la consumación de una resurrección profesional que pocos vieron venir, la culminación de años de dudas, críticas y perseverancia. Para Maye, sería la confirmación de su estatus como la nueva cara de la liga y el inicio de lo que podría ser una dinastía en New England, similar a la que disfrutó Brady durante dos décadas.
En una liga donde la posición de quarterback es el factor más determinante del éxito, lo que hagan Darnold y Maye desde el pocket dictará el ritmo del partido. Los Seahawks confían en que la experiencia de su líder, forjada en el fuego de la adversidad y los fracasos, le dará la ventaja en los momentos de mayor presión. La madurez que Darnold ha desarrollado tras años de altibajos podría ser su mayor activo contra una defensiva joven y agresiva de los Patriots.
Los Patriots, por su parte, apuestan a que el talento puro y la frescura de su joven estrella serán demasiado para una defensiva de Seattle que, aunque temible y bien entrenada, tendrá que contener a uno de los jugadores más prometedores de la última década. La capacidad de Maye para hacer jugadas improvisadas y su conexión con sus receptores, especialmente con su tight end y sus ala-abiertos, han sido la clave de su éxito.
Independientemente del resultado, este duelo ya ha capturado la imaginación de los aficionados y analistas por igual. Es la historia del renacido contra el elegido, del veterano que tuvo que recorrer el camino más difícil para llegar a la cima contra el prodigio al que se le abrieron todas las puertas desde el principio. En San Francisco, bajo los focos más brillantes del deporte estadounidense, solo uno de ellos podrá levantar el trofeo al final de la noche. Y esa es la belleza de la Super Bowl: donde las historias personales chocan, las narrativas se definen y nacen las leyendas que perdurarán por generaciones.