El Emirates Stadium fue testigo de una nueva demostración de poderío del Arsenal en su camino hacia la Premier League. Los Gunners no dieron opción al Sunderland y se impusieron por un contundente 3-0 en un encuentro donde la calidad individual y el juego colectivo volvieron a brillar. La figura indiscutible fue Gyokeres, autor de un doblete que sentenció el duelo, mientras que Zubimendi abrió el marcador con un golazo que ya es candidato a uno de los mejores de la temporada.
Desde el pitido inicial, el Arsenal tomó las riendas del partido. El dominio territorial fue absoluto, con los hombres de Arteta moviendo el balón con precisión y buscando espacios en una defensa del Sunderland que se mostró bien organizada. La primera advertencia llegó en el minuto inaugural, cuando Havertz cabeceó un centro que no encontró portería, pero dejó claro las intenciones de los locales.
El reloj avanzaba y el partido parecía estancarse en un dominio estéril. El Sunderland, lejos de intimidarse, mantenía sus líneas compactas y esperaba su oportunidad al contraataque. Sin embargo, la calidad del Arsenal acabó imponiéndose. Justo antes del descanso, Zubimendi recibió el balón en la frontal y, con un gesto técnico exquisito, ejecutó un disparo con efecto de trivela que se coló por la escuadra. El portero Roefs, que hasta entonces había estado impecable, no pudo hacer nada para evitar el 1-0.
El VAR, protagonista involuntario, anuló un penalti a favor del Arsenal por fuera de juego previo de Gabriel Jesus, privando a los Gunners de irse al descanso con una ventaja más amplia. Esta decisión generó cierta polémica entre la afición local, pero no descentró a un equipo que sabía que su momento llegaría.
La reanudación trajo consigo un Arsenal más ambicioso. La salida de Gyokeres dinamitó el encuentro. El delantero sueco, que había estado callado en la primera mitad, despertó con furia. El segundo gol llegó tras un error en la salida de Sadiki, aprovechado por Havertz en el pico del área. El alemán, con visión de juego, cedió el balón a Gyokeres, que definió con un disparo cruzado mientras perdía el equilibrio. El 2-0 hizo justicia al dominio local y permitió a Arteta respirar tranquilo.
El Sunderland intentó reaccionar, pero el Arsenal controlaba todos los aspectos del juego. Los cambios de Arteta introdujeron frescura. La entrada de Eze y Hincapié por Havertz y Calafiori dio nuevo impulso al equipo. Por su parte, el Sunderland movió el banquillo con la entrada de Nilson Angulo e Isidor por Hume y Brobbey, buscando oxigenar sus opciones ofensivas.
El partido entró en su fase final con el Arsenal gestionando la ventaja. Sin embargo, la ambición de los Gunners no tenía límites. En el descuento, una contra letal liderada por Martinelli acabó con el tercer gol. El brasileño se plantó solo ante Roefs, pero en lugar de ser egoísta, eligió el pase de la muerte para que Gyokeres firmara su doblete. El gesto deportivo del joven atacante fue aplaudido por toda la grada, demostrando la madurez del plantel.
Gyokeres fue el hombre del partido. Su capacidad para definir en espacios reducidos y su olfato goleador lo convierten en una pieza clave para Arteta. El sueco demostró que puede ser decisivo incluso cuando no participa mucho en el juego, una cualidad propia de los grandes delanteros.
Zubimendi, por su parte, sigue consolidándose como uno de los centrocampistas más completos de la liga. Su gol fue un recital de técnica pura, un disparo que recordó a los grandes maestros del balompié. La pegada desde la distancia se ha convertido en un arma letal para el Arsenal.
Havertz fue el asistente ideal, participando en la jugada del segundo gol y mostrando una versatilidad que Arteta sabe aprovechar. Por su parte, Martinelli demostró madurez al preferir la asistencia ante el gol personal, un gesto que habla de la química del equipo.
Con este triunfo, el Arsenal acaricia la Premier League. Los tres puntos son fundamentales en la recta final del campeonato, donde cada detalle cuenta. La victoria refuerza el moral de un equipo que parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre talento y trabajo colectivo. La defensa, comandada por Saliba y Gabriel, mantuvo la portería a cero, mientras que el centro del campo, con Zubimendi y Rice, controló el ritmo del encuentro.
El Sunderland, por su parte, pese a la derrota, mostró orden táctico y actitud. Su lucha por la permanencia continúa y deberá sumar puntos en los próximos compromisos si quiere asegurar su plaza en la máxima categoría. El trabajo de su entrenador se vio en la organización defensiva, aunque no fue suficiente para contener el ímpetu de los Gunners.
El árbitro tuvo que intervenir en varias ocasiones, como en la caída de Eze en el área que no consideró penalti, o en la acción de Rice que se fue larguísima. El VAR, como es habitual, volvió a ser protagonista, aunque en esta ocasión la decisión fue correcta según los replays.
El Emirates vibró con una nueva exhibición de su equipo. El 3-0 final refleja la superioridad del Arsenal, que sigue sumando y soñando con el título. La Premier League está más viva que nunca, pero los Gunners han enviado un mensaje claro: están aquí para quedarse. Con jugadores como Gyokeres y Zubimendi en forma, el camino hacia la gloria se dibuja cada vez más cerca. La afición ya puede empezar a soñar con celebrar un nuevo título que parece cada vez más tangible.