Francia aplasta a Irlanda en el arranque del Seis Naciones 2026

El equipo galo defiende su título con autoridad en Saint-Denis, mientras el Trébol paga caro las numerosas bajas en su plantilla

El Stade de France se vistió de gala para recibir a los campeones defensores del Seis Naciones, y la afición gala respondió con un espectáculo de luces que anticipaba lo que vendría después. Miles de teléfonos móviles iluminaron la oscuridad del mítico estadio parisino, creando un mosaico de destellos que sirvió como preludio a una noche memorable para el rugby francés. La selección del Gallo no defraudó y ofreció una exhibición de poderío que culminó en una victoria contundente por 36-14 ante una Irlanda diezmada por las circunstancias.

La situación del XV del Trébol era crítica incluso antes del primer pitido. Andy Farrell, su entrenador, se vio obligado a confeccionar una alineación de emergencia tras la avalancha de bajas que sacudió su plantilla. Los nombres ausentes resonaban con peso específico en el vestuario: Mack Hansen, Tadhg Furlong, Hugo Keenan, Andrew Porter, Bundee Aki, James Ryan y James Lowe. Estas siete ausencias representaban el núcleo duro del equipo, jugadores habituales en los esquemas tanto ofensivos como defensivos. La sensación de fragilidad era palpable, y el desafío se antojaba titánico contra un rival de la entidad de Francia.

La apuesta de Farrell por Sam Prendergast en la posición de apertura resultó ser un callejón sin salida. El joven fly-half careció de la visión y la experiencia necesarias para manejar un juego tan complejo bajo presión. Los primeros minutos mostraron un Irlanda combativa, dispuesta a pelear cada centímetro del terreno, pero esa intensidad inicial se diluyó rápidamente ante la marea azul que se le venía encima. La falta de un conductor lúcido en el medio campo privó a los visitantes de la capacidad de organizar su juego con criterio.

Francia, por su parte, presentó un equipo poderoso a pesar de las ausencias de Gregory Alldritt y Damian Penaud. La profundidad de su plantilla se hizo evidente desde el inicio. La pack de forwards estableció un dominio territorial abrumador, mientras que los backs encontraron espacios con una facilidad preocupante para la defensa irlandesa. El capitán Antoine Dupont ejerció un control absoluto del tempo del partido, decidiendo cuándo acelerar y cuándo gestionar el balón con la sabiduría de un veterano.

El primer golpe de autoridad llegó a los 12 minutos mediante Louis Bielle-Biarrey. El extremo demostró por qué es considerado una de las grandes promesas del rugby mundial con una carrera eléctrica que dejó en ridículo a la defensa rival. Su capacidad para cambiar de dirección a máxima velocidad resultó imposible de contener. El ensayo, convertido por Thomas Ramos, abrió la cuenta para los locales y estableció el tono del encuentro.

La segunda anotación gala no se hizo esperar. A los 21 minutos, Matthieu Jalibert aprovechó una superioridad numérica para cruzar la línea de try. La jugada nació de una penaltouch ejecutada con precisión quirúrgica y finalizó con el apertura rompiendo el placaje con una potencia inusual en su posición. Ramos volvió a ser infalible desde el pie, y el marcador reflejaba un preocupante 14-0 para los intereses irlandeses.

El tercer try, obra de Charles Ollivon a los 33 minutos, certificó el paseo militar de la primera mitad. El flanker capitaneó desde el campo con su liderazgo habitual y culminó una serie de pick and goes con una entrada poderosa. La conversión de Ramos dejó el tanteador en 22-0, y el partido parecía sentenciado antes del descanso. El pie del fullback francés funcionó como un arma de precisión, generando caos en la organización irlandesa con cada patada estratégica.

La segunda mitad comenzó con más de lo mismo. Bielle-Biarrey volvió a lucir su velocidad excepcional a los 46 minutos, anotando su segundo try personal. La jugada nació de un contraataque letal, con el balón moviéndose por las manos de los backs galos con una fluidez que recordó a los mejores momentos del rugby total. La conversión de Ramos elevó la ventaja a 29-0, y el Stade de France entonó los cánticos de victoria anticipada.

Fue entonces cuando Andy Farrell decidió mover el banquillo. Los cambios introdujeron aire fresco en el equipo irlandés, y la reacción, aunque tardía, finalmente llegó. A los 58 minutos, Nick Timoney encontró un resquicio en la defensa gala para anotar el primer try de su equipo. La conversión de Prendergast, esta vez sí acertada, inauguró el casillero visitante.

Tres minutos después, Tommy Milne repitió la dosis con otro try que sugería una posible remontada épica. De repente, Irlanda había reducido la diferencia a 29-14, y las dudas empezaron a asaltar a los aficionados locales. Los cambios efectuados por Fabien Galthié en el equipo francés habían interrumpido el ritmo del juego, y el Gallo entró en un letargo temporal que casi le cuesta caro.

Sin embargo, la calidad de los campeones se mide en momentos de adversidad. Cuando el partido pedía sangre fría, Antoine Dupont asumió el mando con la autoridad que le caracteriza. El medio scrum gestionó los últimos minutos con una maestría incomparable, controlando el tempo y eliminando cualquier atisbo de peligro. Su inteligencia táctica permitió a Francia recuperar el dominio territorial y acabar con las esperanzas irlandesas.

El broche de oro llegó en el último suspiro del encuentro. Théo Attisogbe, una de las jóvenes promesas del rugby francés, cruzó la línea de try en el minuto 80 para sentenciar definitivamente el marcador. La conversión de Ramos cerró el tanteador en 36-14, un resultado que reflejaba la superioridad gala en prácticamente todos los aspectos del juego.

El análisis estadístico del encuentro revela el dominio absoluto de Francia. Los galos controlaron el 62% de la posesión y el 68% del territorio, ejecutando 145 placajes frente a los 187 de Irlanda, lo que demuestra que los visitantes pasaron la mayor parte del partido defendiendo. La efectividad en el tackle de Francia alcanzó el 92%, mientras que Irlanda se quedó en un mediocre 84%.

Las implicaciones de este resultado para el torneo son significativas. Francia envía un mensaje claro al resto de competidores: su condición de campeón defensor no es mera formalidad. La profundidad de su plantilla permite absorber bajas importantes sin que el nivel decaiga, una cualidad propia de los grandes equipos. Por su parte, Irlanda debe reconstruir su confianza rápidamente si no quiere despedirse prematuramente de las opciones de título.

El próximo compromiso de Francia ante Escocia en Edimburgo adquiere ahora un cariz de gran importancia. Una victoria confirmaría el buen momento del equipo y consolidaría su favoritismo. Para Irlanda, la visita a Gales se convierte en un partido de todo o nada, donde la derrota no es una opción si quieren mantener vivas sus aspiraciones.

El rugby moderno premia la consistencia y castiga la fragilidad. Esta noche en Saint-Denis, Francia demostró ser un equipo sólido, bien estructurado y lleno de recursos. Irlanda, por el contrario, mostró las costuras de un equipo herido por las circunstancias. La diferencia en el marcador es justa y refleja la realidad de ambas selecciones en este momento del torneo. El camino hacia la gloria pasa por superar la adversidad, y Francia ha dado el primer paso con una autoridad aplastante.

Referencias