El Casademont Zaragoza afronta este sábado (21:00 horas) uno de los desafíos más importantes de la temporada en la Liga ACB. El conjunto aragonés recibe en el pabellón Príncipe Felipe al Surne Bilbao Basket, un rival que llega en un momento excepcional de forma. Tras superar con éxito su compromiso en la FIBA Europe Cup contra el Petkim Spor, el equipo dirigido por Jesús Ramírez se prepara para medirse a uno de los conjuntos más enrachados de la competición doméstica.
En la rueda de prensa previa al encuentro, el técnico maño no ha dudado en calificar a los vascos como uno de los mejores equipos del campeonato. "Es un equipo que ahora mismo en la ACB, si no es el que está jugando mejor, poco le falta", afirmó contundente Ramírez. Esta valoración pone de manifiesto el nivel de exigencia que espera el Casademont para este compromiso, considerado como una auténtica prueba de fuego para medir su progresión real.
La necesidad de alcanzar el nivel máximo es una constante en el discurso del entrenador. Ramírez ha insistido en que su equipo debe mostrar la mejor versión de sí mismo para tener opciones de sumar la victoria. "Tenemos que estar mentalizados con nuestra mejor actitud, con nuestra mejor preparación mental y hacer ver al Príncipe Felipe que queremos y que estamos mejorando", destacó el preparador, consciente de que la implicación de la afición será un factor determinante.
El contexto del partido no puede entenderse sin recordar lo sucedido en el duelo de ida. En aquel encuentro, el Casademont sufrió una derrota contundente por más de treinta puntos, un resultado que todavía resuena en la memoria del vestuario. Sin embargo, Ramírez prefiere mirar hacia adelante y ha advertido que ambos conjuntos han evolucionado desde entonces. "Espero un partido totalmente distinto por nuestra parte, pero por la suya están mejor que en ese momento", reconoció el técnico, mostrando su honestidad analítica.
Desde el punto de vista táctico, el desafío principal para el Casademont radica en neutralizar el juego colectivo del Surne Bilbao. El equipo vasco destaca especialmente en el reparto de asistencias y en la circulación de balón, dos aspectos que Ramírez ha identificado como fundamentales a cortocircuitar. "El objetivo es que no circule y que sus elementos no sean limpios", explicó el entrenador, refiriéndose a la necesidad de incomodar a los jugadores visitantes y evitar que encuentren ritmo y comodidad en su sistema ofensivo.
La complejidad de esta tarea no pasa desapercibida para el staff técnico. Ramírez ha elogiado el bagaje táctico del rival, llegando a calificarlo como "quizá el equipo que más" en este aspecto dentro de toda la liga. Esta consideración obliga a preparar una estrategia que permita "romper esos elementos y que ellos no lleguen a tiros liberados", es decir, generar dificultades en la creación de juego y forzar lanzamientos forzados o fuera de su zona de confort.
En el capítulo de lesiones y disponibilidad, el Casademont afronta incertidumbre con dos piezas importantes. La situación de Richardson, quien descansó en el último compromiso europeo, genera dudas sobre su participación y minutaje. Ramírez ha confirmado que el escolta estadounidense está disponible, pero lejos de su plenitud física. "No sabría decirte un número de minutos. Vamos con mucha cautela y siguiendo los pasos que nos marca el staff médico y sus sensaciones también", detalló el técnico, mostrando prudencia en la gestión del jugador.
Por su parte, Dubljevic afronta una doble problemática. Además de la rotura de dedo que ya le mantenía alejado de las pistas, el interior montenegrino ha padecido un proceso de gastroenteritis que complica su recuperación. "Tenemos que ver ahora cómo se encuentra, qué tipo de energía tiene, aparte de la mano", comentó Ramírez, dejando claro que la decisión final sobre su presencia dependerá de cómo responda el jugador en las últimas horas previas al choque.
Una de las notas más positivas para el encuentro es el debut en Liga ACB de Isaiah Washington. El base norteamericano dejó una excelente impresión en su estreno en competición europea, donde demostró cualidades interesantes que el cuerpo técnico espera aprovechar. Ramírez ha dejado claro qué espera de su nuevo dirigente: "Que haga correr al equipo, que le haga jugar a la vez que no pierde su esencia, que es generar puntos, meterse en pintura, encontrar el córner".
Sin embargo, el entrenador ha matizado que su rendimiento en la liga doméstica "va a ser muy diferente a la de ayer", en referencia a su actuación en la FIBA Europe Cup. Esta diferencia radica en el mayor nivel de exigencia y la mayor intensidad que caracteriza a la ACB, donde los rivales conocen mejor las características de cada jugador y la presión defensiva es notablemente superior.
El calendario apretado también ha sido objeto de análisis por parte de Ramírez. La competición europea sumada a los compromisos ligueros genera un desgaste físico y mental que el staff debe gestionar con inteligencia. A pesar de ello, el técnico ha transmitido optimismo y ha insistido en que el equipo está en proceso de mejora constante, una evolución que quiere reflejar en el parquet del Príncipe Felipe.
La clave para el Casademont pasa por convertir su pista en un fortín. La conexión con la afición y demostrar que el equipo está en crecimiento son objetivos paralelos al resultado deportivo. Ramírez sabe que un buen papel contra un rival de la entidad de Bilbao Basket serviría para consolidar la confianza del grupo y reafirmar el proyecto a medio plazo.
Desde la perspectiva del rival, el Surne Bilbao llega con la moral por las nubes tras una racha de resultados positivos que le han colocado en las posiciones altas de la tabla. Su juego fluido, basado en el movimiento constante y la inteligencia colectiva, representa un rompecabezas táctico al que el Casademont debe encontrar respuesta si quiere evitar que el partido se les escape de las manos.
La experiencia de jugadores como Rafa Martínez o Álex Mumbrú desde el banquillo bilbaíno aporta un plus de conocimiento de la competición que el Casademont deberá contrarrestar con intensidad juvenil y ganas de demostrar su valía. La batalla en el perímetro será crucial, ya que el equipo vasco posee tiradores de alta calidad que castigan cualquier error defensivo.
Para el conjunto aragonés, la presencia de Washington puede ser el factor sorpresa que desequilibre la balanza. Su capacidad para penetrar y crear oportunidades para sus compañeros es un activo que el Casademont necesita explotar al máximo, especialmente si las dudas sobre Richardson y Dubljevic se confirman como bajas definitivas.
El reto para Ramírez es, por tanto, doble. Por un lado, preparar una estrategia que neutralice los puntos fuertes de Bilbao; por otro, gestionar los minutos y la energía de una plantilla que no está al cien por cien físicamente. La rotación será clave y los jugadores que salgan desde el banquillo deberán aportar intensidad defensiva y acierto en ataque.
El ambiente en el Príncipe Felipe se prevé intenso. La afición zaragozana sabe que su equipo necesita apoyo incondicional para superar a un rival de esta entidad. Los últimos encuentros en casa han mostrado una mejoría en el juego colectivo, pero este sábado se necesitará el plus que solo una gran noche de baloncesto puede ofrecer.
En definitiva, el Casademont Zaragoza se juega más que dos puntos. Se juega la posibilidad de demostrar que la derrota de la primera vuelta fue un accidente, que el equipo ha crecido y que es capaz de competir de tú a tú con los mejores. La valoración de Jesús Ramírez sobre el rival no es una simple cortesía, sino una realidad que obliga a la perfección. Solo con la mejor actitud, la máxima preparación mental y un rendimiento cercano al óptimo, los maños tendrán opciones de sumar una victoria que sería un gran impulso para sus aspiraciones en la liga regular.