El FC Barcelona ha confirmado de manera oficial la salida de uno de los proyectos más prometedores de su cantera en los últimos años. Andrés Cuenca, defensa central de 18 años, pondrá punto y final a su etapa en La Masia para emprender una nueva aventura en el Sporting de Portugal, aunque el club azulgrana mantendrá sus derechos hasta 2027. Su marcha no pasa desapercibida, ya que el joven andaluz llegó a ser considerado como uno de los centrales con mayor proyección que ha pasado por las instalaciones de Sant Joan Despí en los últimos tiempos.
La trayectoria de Cuenca en el Barcelona comenzó en el verano de 2019, cuando el club catalán fichó al prometedor zaguero del Sevilla. Desde su llegada, el futbolista se convirtió en uno de los pilares de las categorías inferiores, destacando por una cualidad que pocos defensas de su edad poseen: una salida de balón limpia, precisa y pensada. Su evolución fue meteórica hasta el punto de que, durante la temporada pasada, el entonces entrenador del primer equipo, Hansi Flick, le dio la oportunidad de debutar en la máxima competición continental. Esa noche, en un partido de Champions League ante el Young Boys, Cuenca pisó el césped del estadio olímpico y cumplió el sueño de cualquier canterano.
Sin embargo, su vinculación con el Barcelona trasciende más allá de sus propias actuaciones. El central compartió trayectoria con lo que ahora se conoce como la generación del 2007, ese grupo de futbolistas que está revolucionando el fútbol base azulgrana y que ya comienza a tener presencia en el primer equipo. Junto a nombres como Marc Bernal o Lamine Yamal, Cuenca formó parte de un núcleo de jugadores que entrenaron juntos desde el Cadete A hasta el Juvenil A, siempre mostrando un nivel superior a la media.
La relación más especial fue la que mantuvo con Pau Cubarsí. El defensa del primer equipo, que se ha consolidado como uno de los centrales más prometedores de Europa, encontró en Cuenca un modelo a seguir para perfeccionar uno de sus aspectos técnicos. Bajo la tutela de Pol Plans, entrenador de las categorías inferiores, Cubarsí analizó minuciosamente los vídeos de su compañero para pulir su capacidad de engaño y visión de juego. La técnica en cuestión era un movimiento corporal específico que permite al central romper líneas de presión sin necesidad de un regate espectacular.
El mecanismo consiste en una simple pero efectiva acción de desinformación táctica. Cuenca perfilaba su cuerpo de manera que indicaba claramente al rival que su intención era jugar el balón hacia el lateral o el extremo, es decir, hacia la banda. Esta postura hacía que la línea defensiva contraria se inclinara hacia ese lado, abriendo así un carril interior por el que el central podía conectar directamente con un centrocampista situado entre líneas. Cubarsí adoptó este movimiento como propio y lo repite cada partido, creando situaciones de superioridad numérica en zona peligrosa. Un ejemplo claro fue el pase que le dio a Dani Olmo en un encuentro contra el Oviedo, donde el engaño inicial desmontó toda la estructura defensiva rival.
A pesar de su proyección y de haber sido considerado por muchos técnicos de La Masia como uno de los mejores centrales de los últimos años, el salto al Barça Atlètic no resultó tan fluido como se esperaba. El futbolista encontró dificultades para imponerse en el juego aéreo y en los duelos individuales, aspectos fundamentales para un defensa que quiere triunfar en el fútbol profesional. Además, su desarrollo físico no experimentó el salto de calidad que el cuerpo técnico había previsto, lo que le restó protagonismo en un equipo que necesita centrales dominantes en todas las facetas.
La competencia interna tampoco le favoreció. En su posición, Álvaro Cortés está realizando una temporada excepcional, consolidándose como el líder indiscutible de la zaga del filial y dejando pocas opciones para los demás defensas. Esta situación, unida al hecho de que su contrato finalizaba el próximo verano, aceleró las negociaciones para encontrar una solución que beneficiara a todas las partes. El Barcelona no quería perder los derechos de un jugador en el que han invertido cinco años de formación, pero tampoco podía garantizarle los minutos que necesitaba para seguir creciendo.
La solución encontrada fue una cesión al Sporting de Portugal con una renovación previa hasta 2027. De esta manera, el club azulgrana se asegura el control sobre el futuro del jugador, mientras que Cuenca tendrá la oportunidad de disputar minutos en una liga competitiva como la portuguesa y continuar su desarrollo en un entorno exigente. La operación resulta beneficiosa para el futbolista, que necesita experiencia profesional para pulir sus carencias, y para el Barcelona, que mantiene una opción de recompra sobre un activo que todavía puede revalorizarse considerablemente.
El futuro de Andrés Cuenca permanece ligado al Barcelona de manera indirecta. La cláusula de recompra y el contrato hasta 2027 demuestran que el club no ha perdido la fe en su potencial, aunque reconoce que necesita un proceso de maduración diferente. En La Masia, muchos técnicos mantienen la convicción de que dentro de dos o tres temporadas podría convertirse en un defensa de garantías para la élite. Mientras tanto, su legado en la cantera quedará marcado no solo por su debut en Champions, sino por haber sido el modelo técnico que ayudó a pulir a una de las joyas más brillantes del fútbol español actual. La historia de Cuenca en el Barcelona no termina, simplemente entra en un capítulo de espera y desarrollo lejos de los focos de La Masia.