Javier Castillo pierde a sus padres en dos meses: su emotiva despedida

El escritor malagueño comparte un conmovedor mensaje en Instagram tras la muerte de su madre, apenas ocho semanas después de perder a su padre

El mundo de las letras españolas se ha conmovido con la noticia del duelo doble que vive el escritor Javier Castillo. El autor de bestsellers como "La chica de nieve" y "El cuco de cristal" ha perdido a ambos progenitores en un intervalo de tiempo devastadoramente breve, un hecho que ha compartido con sus seguidores a través de una carta abierta cargada de emotividad y dolor.

La tragedia se desencadenó el pasado mes de noviembre cuando el padre del novelista falleció de forma inesperada. Una pérdida que, por sí sola, ya representaba un golpe demoledor para el malagueño. Sin embargo, el destino tenía reservado otro capítulo aún más doloroso. Apenas dos meses después, su madre también ha dejado este mundo, sumiendo al autor en un proceso de duelo compuesto que ha decidido hacer público con palabras que han conmovido a miles de lectores.

A través de su cuenta oficial de Instagram, Castillo ha publicado una fotografía junto a su progenitora acompañada de un texto que revela la profundidad de su desconsuelo. "Y aquí acaba todo. Sin tiempo para hacer todas esas cosas que dejabas para más adelante, cuando estuvieses algo mejor", escribe el autor, capturando con crudeza la sensación de tiempo arrebatado que acompaña a las pérdidas inesperadas.

El mensaje continúa con una imagen poética y desgarradora: "Te marchas del mismo modo en que te conocí: mirándonos a los ojos, con mis llantos ahogados, aunque no me acuerde de aquella vez". Estas palabras evidencian no solo el dolor inmediato, sino también la conexión primigenia entre madre e hijo, esa relación que comienza con una mirada y que, para Castillo, ha terminado de la misma manera.

La incomprensión y la rabia ante la injusticia del destino son sentimientos que el escritor no oculta. "No es justo. Os juro que no lo es. Por más que lo intento soy incapaz de comprender por qué", confiesa, dando voz a la pregunta sin respuesta que todos los dolientes se hacen ante la muerte de seres queridos. La particularidad de su caso, la proximidad temporal entre ambas pérdidas, agrava aún más este sentimiento: "Tan cerca de él, con tan poco tiempo de asimilar el golpe".

Javier Castillo dedica buena parte de su mensaje a definir el rol que su madre ocupó en su vida y carrera profesional. La califica como "mi mayor fan, mi incrédula lectora", reconociendo así el apoyo incondicional que recibió desde los inicios de su trayectoria literaria. Esta dedicación pública revela la deuda emocional y creativa que el autor siente hacia su progenitora.

La influencia de su madre en su formación como narrador es un tema central en su despedida. "La persona que me metió el miedo a estar cuerdo, la que me hizo leer de niño, la que me convirtió en escritor sin saber que lo hacía", afirma Castillo, desentrañando los orígenes de su vocación literaria. Estas palabras resuenan especialmente en aquellos que conocen su obra, marcada por la psicología de personajes y la construcción de atmósferas inquietantes.

El escritor también aborda con honestidad la complejidad de su relación, marcada por los altibajos propios de cualquier vínculo familiar. "Cuando era niño fui incapaz de verlo y ayudarla, y ya de mayor era tarde", reconoce, mostrando una autocrítica sincera y una reflexión madura sobre las limitaciones humanas en las relaciones parentales.

La despedida final es a la vez dolorosa y esperanzadora: "Adiós, mamá. Al fin respiras aire limpio. Al fin sólo escucharás tu propia voz". Estas frases sugieren que su madre vivió tiempos difíciles, posiblemente afectada por la reciente pérdida de su pareja, y que la muerte representa para ella una liberación. Es una forma de encontrar consuelo en el duelo, imaginando a la difunta en paz.

El último pedido de Castillo es conmovedor en su simplicidad: "No dejes de leerme, allá donde estés. Aún me quedan muchos libros por escribir". Con estas palabras, convierte a su madre en su musa eterna, en esa lectora ideal que todo autor desea tener, más allá de la vida terrenal.

Consciente de la avalancha de mensajes de condolencia que recibiría, el autor añade una posdata que revela su estado emocional: "Gracias por los mensajes de cariño, disculpadme por no tener fuerzas para responder". Esta nota final humaniza aún más la situación, mostrando que incluso un comunicador profesional como él se ve abrumado por el dolor y necesita espacio para el duelo.

La comunidad literaria y sus miles de seguidores han respondido con una oleada de apoyo, demostrando el cariño que el autor ha cultivado a lo largo de su carrera. Castillo, que se ha consolidado como uno de los thriller writers más populares del panorama español contemporáneo, ha vendido millones de ejemplares y ha conseguido adaptaciones televisivas de sus obras.

Este momento personal difícil llega en un punto álgido de su trayectoria profesional, lo que probablemente intensifica la sensación de ironia trágica: justo cuando su trabajo alcanza mayor reconocimiento, pierde a quienes más le animaron desde el principio. Su historia recuerda que, detrás de los éxitos públicos, hay vidas personales con sus propias batallas y sus propias pérdidas.

El caso de Javier Castillo sirve como recordatorio de la fragilidad de la existencia y de cómo el arte, en este caso la escritura, puede funcionar como válvula de escape para el dolor. Muchos de sus colegas y lectores esperan que este período de duelo, aunque doloroso, eventualmente se traduzca en nuevas historias que, como siempre, lleven la huella emocional de quien las crea.

Mientras tanto, el autor malagueño tendrá que procesar un duelo doble que pone en perspectiva todo lo demás. Su mensaje en Instagram no es solo una despedida a su madre, sino también un testimonio de amor filial, de gratitud y de esa conexión indisoluble entre un creador y quien primero creyó en su talento. En el silencio que sigue a la pérdida, la voz de Javier Castillo, aunque ahora susurrante de dolor, seguirá resonando en las páginas de los libros que le quedan por escribir.

Referencias