El mítico Shanghai Express: 60 años conectando Galicia y Barcelona

Descubre la historia del tren que se convirtió en símbolo de la emigración gallega y unió dos culturas durante seis décadas

El 26 de enero de 2009 marcó el fin de una era para el ferrocarril español. Ese día, el Shanghai Express completó su último viaje entre Galicia y Barcelona, cerrando un capítulo de seis décadas de historia. Más allá de ser un simple medio de transporte, este tren se convirtió en un símbolo para miles de gallegos que encontraron en sus vagones el puente hacia un futuro mejor en Cataluña durante las décadas de los cincuenta y sesenta.

Los orígenes de esta emblemática línea ferroviaria se remontan a la Segunda República Española, cuando la Compañía del Norte y la MZA comenzaron a gestar un ambicioso proyecto para conectar el noroeste peninsular con la capital catalana. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española truncó estos planes, obligando a posponer la materialización del sueño ferroviario hasta bien entrada la posguerra.

Fue finalmente en 1949 cuando Renfe puso en marcha el primer tren directo entre ambas regiones. La curiosa denominación de 'Shanghai Express' no surgió de un comité de marketing, sino de la inspiración cinematográfica de un ferroviario. Tras visionar la película homónima protagonizada por Marlene Dietrich y dirigida por Josef von Sternberg, donde los personajes sobreviven a una peligrosa travesía en tren, el trabajador bautizó así al nuevo servicio. Un nombre exótico que contrastaba con la humilde realidad de una ruta interiorana pero que acabaría perdurando en la memoria colectiva.

El recorrido original era una proeza de paciencia: 36 horas de viaje que ponían a prueba la resistencia de los pasajeros. Los miércoles, jueves y sábados, los vagones partían de Vigo y La Coruña para encontrarse en Monforte de Lemos. De allí, la composición se dirigía hacia León, atravesando la meseta castellana hasta Miranda de Ebro, para luego descender por Logroño y Zaragoza hasta alcanzar Barcelona. El recorrido inverso se realizaba los martes, viernes y domingos, estableciendo un ritmo constante que marcaba la vida de muchas familias.

La complejidad logística era considerable. En la mayoría de tramos, la línea era de vía única, lo que obligaba a los jefes de estación a mantener una comunicación telefónica meticulosa con su colega en la siguiente parada, asegurando que el trayecto estuviera despejado antes de dar paso al convoy. Este sistema, hoy obsoleto, refleja la precariedad de una infraestructura que demandaba máxima atención humana.

La modernización llegó en 1968 con la electrificación completa de la línea, un hito que significó la desaparición de las míticas locomotoras de vapor. Entre ellas destacaban las locomotoras Mikado, cuyas calderas alimentadas con carbón habían sido el pulmón mecánico del Shanghai Express durante casi veinte años. Maquinistas de Miranda de Ebro, epicentro ferroviario de la época, conservan vivas las memorias de aquellas máquinas que requerían habilidad y fuerza para ser domadas.

El paso del tiempo también transformó la experiencia del viajero. Quienes lo utilizaron en los años ochenta recuerdan un servicio muy diferente al de sus inicios. El tren pasaba por Miranda de Ebro alrededor de las dos de la madrugada, y el trayecto se había reducido a 18 horas, permitiendo salir después de comer y llegar a primera hora de la mañana al destino. Esta mejora horaria lo convirtió en una opción mucho más práctica para los viajeros regulares.

Entre los profesionales del sector, el tren era conocido cariñosamente como 'El Gallego', un apodo que reflejaba su identidad y su función. Más tarde, adoptaría el nombre oficial de 'Estrella de Galicia', acompañando su evolución hacia un servicio más moderno y confortable. Los vagones de madera de tercera clase, donde los pasajeros compartían espacio con sus tarteras y dormitaban sentados en aquellos viajes interminables, dieron paso a literas, coches cama y servicio de restaurante. La denominación técnica 4025, que lo identificó hasta 1982, quedó atrás en los anales de la historia ferroviaria.

Una de las innovaciones técnicas más significativas fue la implantación del sistema de frenado por aire comprimido, que permitió elevar la velocidad de crucero hasta los 120 kilómetros por hora. Este avance no solo redujo el tiempo de viaje, sino que también mejoró sustancialmente la seguridad del servicio, posibilitando una reducción considerable en la duración del trayecto.

El Shanghai Express fue mucho más que una simple conexión ferroviaria. Para la diáspora gallega representaba la esperanza materializada, el medio que les permitía buscar oportunidades en las fábricas barcelonesas manteniendo el vínculo con su tierra. Cada viaje era una odisea personal y colectiva, un rito de paso para generaciones enteras que encontraron en Cataluña una segunda patria.

Hoy, cuando los trenes de alta velocidad recorren la distancia en apenas cinco horas, resulta difícil imaginar aquella época donde el viaje era una aventura de dos días. Sin embargo, la memoria del Shanghai Express pervive en los relatos de quienes lo vivieron, en los pueblos por donde pasaba su silbato nocturno, y en la historia del ferrocarril español como un ejemplo de cómo la movilidad puede tejer los lazos entre territorios distantes.

El 26 de enero de 2009 no solo desapareció un tren, sino que se clausuró un símbolo de la emigración interior española, un recordatorio de épocas de sacrificio y superación. El Shanghai Express sigue vivo en la memoria colectiva como el hilo de acero que unió Galicia y Barcelona durante sesenta años inolvidables.

Referencias