El dólar en caída libre: analistas prevén más debilidad y buscan refugio en el euro

La moneda estadounidense pierde un 20% desde las elecciones ante las políticas de Trump y la fragmentación geopolítica, impulsando a los inversores hacia activos europeos

La divisa estadounidense vive su peor momento desde 2021. En apenas ocho días, el dólar ha perdido más del 3% de su valor frente al euro y el yen japonés, situándose en niveles que no se veían desde hace cuatro años. Este lunes, la moneda norteamericana se cambiaba a 1,195 dólares por euro, un desplome del 2,7% en solo una semana que ha encendido las alarmas en los mercados financieros globales y obligado a los gestores de fondos a revisar urgentemente sus posiciones.

Pero la caída no es un fenómeno aislado ni temporal. Desde las elecciones presidenciales de noviembre, cuando el dólar rozaba la paridad con el euro en 1,02, la divisa ha acumulado una depreciación cercana al 20%. Un retroceso que desmiente rotundamente las expectativas de fortaleza que muchos anticipaban con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y que ahora genera dudas sobre el futuro papel de la moneda como activo de reserva global.

Los factores detrás del desplome

Los analistas coinciden en señalar que la debilidad no responde a variables macroeconómicas tradicionales, sino a una profunda crisis de confianza provocada por la fragmentación política y la imprevisibilidad de las políticas estadounidenses. David Meier, economista de Julius Baer, explica que 'las inconsistencias de la política internacional y nacional de EE UU han minado la confianza de los inversores'. Esta falta de certidumbre ha reavivado especulaciones sobre una posible devaluación, empujando al dólar a la baja incluso cuando los indicadores económicos no justificarían tal movimiento.

La investigación contra Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, representa un ataque frontal sin precedentes a la independencia del banco central. Este cuestionamiento institucional genera inquietud entre los operadores, que ven comprometida la autonomía de la entidad encargada de mantener la estabilidad monetaria y controlar la inflación. La separación de poderes que garantizaba la credibilidad de la Fed está siendo erosionada, y los mercados castigan esa incertidumbre.

Simultáneamente, las tensiones geopolíticas se multiplican con velocidad preocupante. La confrontación con Europa por el control de Groenlandia, las amenazas de guerra comercial contra Corea del Sur y la ruptura de alianzas tradicionales crean un escenario de incertidumbre sin precedentes. Como señala Enrique Díaz-Álvarez, economista jefe de Ebury, 'los activos europeos continúan ofreciendo una alternativa segura y líquida al dólar para los inversores que buscan previsibilidad'. Esta dinámica refuerza la demanda del euro como refugio.

El papel de Japón y Asia

El escenario se complica con la tormenta financiera en Japón. La rápida subida de los tipos de interés a largo plazo en el país asiático ha fortalecido significativamente el yen, añadiendo presión adicional al dólar. Esta convergencia de factores—políticas erráticas en Washington y ajustes monetarios en Tokio—ha creado el caldo de cultivo perfecto para la debilidad de la divisa estadounidense. Los inversores institucionales están reasignando capital hacia activos asiáticos, diversificando aún más sus exposiciones.

Perspectivas de mercado: más caídas en el horizonte

Los operadores ya están posicionándose para nuevas caídas. En los mercados de futuros, las apuestas a la baja sobre el dólar han alcanzado niveles récord, reflejando un consenso prácticamente unánime entre los expertos. Claudio Wewel, estratega de divisas, argumenta que 'la demanda de la moneda de reserva debería ser menor en un mundo multipolar compuesto por distintos bloques'. Esta fragmentación geopolítica representa una amenaza estructural para el dominio del dólar a largo plazo.

El banco suizo Julius Baer mantiene su postura: aunque el dólar ya se ha debilitado significativamente, 'sigue estando muy sobrevalorado y seguimos esperando una mayor caída', según Meier. Esta opinión compartida por la mayoría de analistas sugiere que el actual nivel de 1,195 podría no ser el fondo, sino una escalera hacia niveles más bajos.

Estrategias de inversión: la búsqueda de refugio

Frente a este panorama, los gestores de cartera están reconfigurando urgentemente sus estrategias. La diversificación se ha convertido en la máxima prioridad, con un flujo creciente de capital hacia activos europeos considerados más estables. El euro emerge como el principal beneficiado, ofreciendo a los inversores la combinación de seguridad, liquidez y previsibilidad que demandan en tiempos de turbulencia política.

La tendencia no es coyuntural sino estructural. La transición hacia un mundo multipolar, con bloques económicos alternativos al liderazgo estadounidense, está reconfigurando el mapa monetario global. Los inversores institucionales, que tradicionalmente mantenían grandes posiciones en dólares, están reduciendo gradualmente su exposición, anticipando un ciclo prolongado de debilidad que podría durar años.

Implicaciones globales y riesgos

La caída del dólar tiene consecuencias de largo alcance para la economía global. Para las economías emergentes, una divisa más débil alivia la carga de su deuda denominada en dólares, pero también puede generar volatilidad en los flujos de capital y afectar a sus exportaciones. Para Europa, un euro fortalecido complica la competitividad de sus exportaciones, pero refuerza el poder adquisitivo de sus ciudadanos y la confianza en su modelo económico.

En Estados Unidos, la depreciación podría impulsar la inflación al encarecer las importaciones, complicando aún más la tarea de la Reserva Federal. El riesgo de un círculo vicioso—donde la pérdida de confianza genera más debilidad, que a su vez alimenta nuevas dudas—es real y preocupante. Además, un dólar débil reduce el poder adquisitivo estadounidense en el escenario internacional.

Conclusiones: un nuevo paradigma monetario

El dólar estadounidense está experimentando su mayor crisis de confianza en años. La combinación de políticas impredecibles, ataques a instituciones clave y fragmentación geopolítica ha minado su posición como moneda de reserva global. Los expertos coinciden en que la tendencia alcista del euro y la debilidad del dólar no son episodios temporales, sino manifestaciones de un cambio estructural en el sistema financiero internacional.

Para los inversores, el mensaje es claro: la diversificación ya no es una opción, sino una necesidad imperativa. En un entorno donde hasta las instituciones más sólidas son cuestionadas, buscar refugio en activos estables y predecibles se ha convertido en la única estrategia viable. El euro, con su estabilidad relativa y su respaldo en una economía diversificada, se presenta como la alternativa más atractiva en este nuevo escenario.

Los mercados han hablado. Y su veredicto es que los mínimos del dólar no son una anomalía pasajera, sino el preludio de una nueva realidad económica donde la hegemonía de la moneda estadounidense ya no está garantizada. La pregunta ya no es si el dólar caerá más, sino cuánto tiempo durará esta tendencia y qué nuevas reglas gobernarán el orden monetario global.

Referencias