La dupla formada por el español Marcel Granollers y el argentino Horacio Zeballos volvió a quedarse a las puertas de la final del Open de Australia en la categoría de dobles masculinos. Por tercer año consecutivo, el binomio iberoamericano cayó en la penúltima instancia del primer Grand Slam de la temporada, esta vez ante la pareja conformada por el estadounidense Christian Harrison y el británico Neal Skupski, quienes se impusieron por un marcador de 6-3 y 7-6 (7) en un encuentro que duró una hora y 37 minutos de intensa competencia.
El resultado representa un nuevo capítulo frustrante para Granollers y Zeballos, quienes ya habían experimentado esta misma sensación en ediciones anteriores del torneo melbourneano. En 2022 sucumbieron ante los locales Thanasi Kokkinakis y Nick Kyrgios, mientras que en 2023 repitieron la misma actuación frente a la dupla australiana formada por Rinky Hijikata y Jason Kubler. La tendencia negativa se ha consolidado como un obstáculo mental y deportivo que les impide alcanzar la instancia decisiva en uno de los escenarios más importantes del circuito.
El desarrollo del encuentro mostró un primer set donde los anglosajones demostraron mayor efectividad en los momentos decisivos. Harrison y Skupski, conocidos por su agresividad en la red y la precisión de sus primeros servicios, lograron quebrar el saque de sus rivales en el momento preciso para hacerse con la manga inicial por 6-3. La pareja hispano-argentina, por su parte, mostró cierta irregularidad en sus respectivos turnos de saque, lo que les costó caro ante una dupla que no perdonó las oportunidades de break.
Sin embargo, la verdadera emoción se concentró en el segundo parcial, donde Granollers y Zeballos demostraron por qué han sido uno de los equipos más consistentes del circuito en los últimos años. Los iberoamericanos lograron reaccionar y colocaron el marcador 5-3 a su favor, situación que les permitía aspirar a forzar un tercer set que hubiera cambiado completamente la dinámica del encuentro. La remontada parecía factible y el impulso emocional estaba de su lado.
Fue precisamente en ese momento crítico cuando se produjo la jugada que marcó el destino del partido. Una volea ejecutada por Granollers desde la red fue cuestionada por Harrison y Skupski, quienes reclamaron que el impacto se había producido con la pelota en el lado correspondiente a su propia cancha. El árbitro de silla decidió recurrir a la revisión de vídeo, tecnología que ha ganado protagonismo en el tenis moderno para dirimir situaciones controvertidas. Tras analizar las imágenes, el oficial determinó que efectivamente el golpe del barcelonés se había realizado con el esférico en el territorio de la pareja anglosajona, lo que significó la concesión del punto para los rivales y, más importante aún, la ruptura del saque de Granollers y Zeballos.
Este fallo técnico no solo anuló la ventaja de 5-3, sino que también generó un impacto psicológico evidente en la dupla hispano-argentina. Perder ese game en circunstancias tan particulares representó un golpe anímico difícil de digerir, especialmente considerando lo que estaba en juego. El partido llegó al desempate, donde la tensión alcanzó su máximo nivel.
En el tie-break, Granollers y Zeballos demostraron una notable capacidad de resiliencia. Los iberoamericanos consiguieron levantar no uno, sino dos puntos de partido en contra, situación que habla de su experiencia y madurez en momentos de presión extrema. Incluso llegaron a disponer de una oportunidad para adjudicarse el set con un marcador de 7-6 a su favor, lo que había significado la igualada y la posibilidad de disputar un tercer set definitivo.
No obstante, el destino volvió a mostrarse esquivo para la pareja. Con el segundo saque de Zeballos en juego, Skupski conectó un revés cruzado que besó la línea lateral con precisión milimétrica. El golpe, imposible de devolver, se convirtió en el punto definitivo que certificaba la victoria para la dupla anglosajona y prolongaba la maldición de semifinales para Granollers y Zeballos en Melbourne.
Las implicaciones de esta derrota trascienden el simple resultado deportivo. La pareja hispano-argentina llegaba a este Open de Australia con la posibilidad de consolidarse como líderes de la Carrera de dobles y, en el caso particular de Zeballos, de alcanzar el codiciado número uno del ranking individual de especialistas. Aunque virtualmente se mantienen en la cuarta posición de la Race, la oportunidad de escalar al primer lugar se desvaneció con este resultado.
Por su parte, Neal Skupski se convierte ahora en el principal candidato a ocupar la cima del ranking mundial. La victoria en semifinales le otorga la posibilidad de alcanzar esa meta si consigue el título el sábado. Junto a su compañero Christian Harrison, liderarán la Carrera de dobles y se enfrentarán en la final a la pareja local conformada por Jason Kubler y Marc Polmans, quienes superaron en la otra semifinal a la dupla británico-polaca de Luke Johnson y Jan Zielinski con un marcador de 6-2, 3-6 y 6-3 en una contienda que duró casi dos horas.
El duelo por el título, programado para el sábado a las 04:00 hora local, promete ser un enfrentamiento de alto voltaje. Kubler y Polmans contarán con el apoyo incondicional del público australiano, mientras que Harrison y Skupski llegan con el impulso de haber eliminado a una de las parejas más experimentadas del circuito. El contexto adquiere mayor relevancia considerando que Kubler fue precisamente uno de los verdugos de Granollers y Zeballos en la edición de 2023.
Para Granollers y Zeballos, el camino ahora se enfoca en procesar esta nueva frustración y reorientar sus objetivos hacia los torneos venideros. La temporada apenas comienza y la pareja ha demostrado consistentemente su capacidad para competir en el más alto nivel, con títulos recientes en Roland Garros y el US Open del año pasado que avalan su calidad. La clave estará en transformar esta experiencia negativa en motivación para los próximos desafíos, especialmente con la perspectiva del Masters de dobles al final de la temporada.
La derrota en Melbourne, aunque dolorosa, no define la trayectoria de una dupla que ha sido modelo de regularidad en el circuito ATP. Su capacidad para llegar a semifinales en tres ediciones consecutivas del mismo Grand Slam habla de un nivel excepcional, aunque la barrera mental de superar esa instancia en este torneo específico sigue siendo su principal pendiente. El tiempo y la experiencia serán sus aliados para intentar romper esta racha en futuras ediciones del certamen australiano.